«Las lecciones de feminismo se las debieron explicar en los prostíbulos»
El líder del PP denuncia el silencio de Moncloa y vincula los casos de acoso a una cultura interna del PSOE
En una de las intervenciones más contundentes del año, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, interpeló al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por su gestión de los casos de acoso sexual que salpican a altos cargos del PSOE. Feijóo acusó a Sánchez de proteger a los responsables y despreciar a las víctimas, en un discurso cargado de reproches políticos y morales. La frase que marcó la sesión: «Las lecciones de feminismo se las debieron explicar en los prostíbulos».
El silencio de La Moncloa ante la cadena de escándalos
El caso de Paco Salazar, ex asesor de La Moncloa, denunciado por varias mujeres por comportamientos inaceptables, ha reabierto un debate de fondo: la cultura de impunidad en el seno del Gobierno. Según Feijóo, Sánchez no sólo sabía de la situación, sino que quiso premiar al implicado con un ascenso, frenado sólo cuando estalló el escándalo. A ello se suman nuevas denuncias contra el presidente socialista de la Diputación de Lugo.
El cinismo de un feminismo oficialista y selectivo
Feijóo criticó que el Gobierno haya pasado del «hermana, yo sí te creo» al «calladita estás más guapa». Acusó al Ejecutivo de utilizar el feminismo como bandera ideológica, mientras encubre comportamientos gravísimos en sus propias filas. La falta de coherencia, dijo, revela que el verdadero problema «no es ninguno de los suyos; es usted, señor Sánchez».
Reacciones y consecuencias parlamentarias
El presidente evitó responder de forma directa, limitándose a acusar al PP de «abrazarse a la ultraderecha». Mientras tanto, las redes sociales y varios grupos parlamentarios exigen la comparecencia de los implicados y una auditoría sobre el uso de fondos públicos en contrataciones opacas. La tensión crece ante el silencio oficial.
Una fractura moral que trasciende el caso Salazar
Lo que se ha puesto de manifiesto no es sólo un fallo de supervisión, sino una crisis ética de fondo. Un Gobierno que presume de progreso no puede guardar silencio ante denuncias tan graves. Si no hay explicaciones, la cuestión ya no es política, sino institucional. La confianza en la autoridad se resquebraja cuando los abusos se protegen desde el poder.