El Gobierno salva su paquete fiscal entre el caos y la división: "Una legislatura insostenible"
En una sesión que rozó el esperpento, el PSOE logró aprobar su reforma fiscal tras suspender la Comisión de Hacienda en plena votación y negociar in extremis durante más de cuatro horas. La extrema debilidad del Ejecutivo quedó en evidencia.
La jornada vivida este lunes en la Comisión de Hacienda del Congreso quedará para la historia como una de las más caóticas y disparatadas de la democracia. Tras dos aplazamientos previos y más de cuatro horas de negociaciones in extremis, el Gobierno consiguió salvar su paquete fiscal con una ajustada votación de 20 votos a favor y 17 en contra.
La sesión estuvo marcada por la improvisación y las tensiones internas de la coalición gubernamental, evidenciando la fragilidad extrema de una legislatura sostenida por acuerdos parciales entre partidos que mantienen posiciones enfrentadas.
La vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, intentó cuadrar un imposible, pactando por un lado la supresión del impuesto a las energéticas con el PNV y Junts, y por otro, su prórroga para 2025 con ERC, Bildu y el BNG. El resultado: una solución temporal que solo aplaza el problema, ya que la prórroga se votará posteriormente mediante un real decreto ley, lo que promete más conflictos futuros.
Suspensiones, improvisación y secretismo
El punto álgido del caos llegó cuando, en plena votación, el presidente de la Comisión, el socialista Alejandro Soler, suspendió la sesión a las 20:40 porque los socialistas iban a perder la votación del impuesto a las multinacionales. Durante tres horas, los diputados esperaron sin saber qué ocurría, mientras Rafael Simancas, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, negociaba a puerta cerrada con los portavoces de los socios de investidura.
A las 0:40 de la madrugada, la Comisión se reanudó y, finalmente, el Gobierno logró aprobar el dictamen, pero no sin sembrar indignación y desconcierto. "Esto no lo he visto nunca, llegar a una votación sin saber qué vamos a votar", protestó la portavoz de ERC, Pilar Vallugera, mientras recibía apresuradamente las nuevas enmiendas impresas.
El fuego cruzado entre los socios del Gobierno
Las divisiones internas entre los socios del Ejecutivo se hicieron más evidentes que nunca. Mientras ERC, Bildu y el BNG defendían la prórroga del impuesto a las energéticas, el PNV y Junts criticaban abiertamente la falta de coherencia en la estrategia del Gobierno.
Aitor Esteban, portavoz del PNV, ironizó en la red X: "Que la comisión en la que se está decidiendo el futuro fiscal del Estado esté parada tres horas y se retome a las 23:00 es una muestra más del desorden de esta legislatura". Desde el PP, Miguel Tellado le replicó con dureza: "Desorden del que formas parte".
Por su parte, el portavoz de Bildu, Oskar Matute, arremetió contra el PSOE por querer eliminar el impuesto a las energéticas: "Bildu no hace política al dictado de los intereses de Repsol o Iberdrola". Sin embargo, la formación abertzale terminó votando a favor del dictamen, en un movimiento que no pasó desapercibido.
El precio de sobrevivir
La imagen de debilidad que dejó el Ejecutivo es difícil de maquillar. María Jesús Montero, consciente de lo que estaba en juego, sacrificó parte del proyecto inicial para evitar una derrota humillante. Pero lo hizo a costa de ceder a las demandas de sus socios, lo que alimentará la sensación de que el Gobierno está dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerse a flote.
El PP y Vox aprovecharon para cargar contra el Ejecutivo. Desde la oposición calificaron la jornada como "una ópera bufa", y acusaron al Gobierno de "secuestrar" la Comisión. Mientras tanto, Podemos, que no participó en la votación al pertenecer al Grupo Mixto, advirtió que no respaldará la reforma fiscal en el Pleno si no hay garantías de que el impuesto a las energéticas se mantendrá.
Un presente caótico, un futuro incierto
La "mayoría Frankenstein" que sostiene al Gobierno de Sánchez quedó en evidencia durante esta votación. La falta de una estrategia clara y las tensiones internas entre los socios auguran nuevos episodios de parálisis legislativa.
Mientras tanto, el Ejecutivo celebra haber superado este obstáculo inmediato, pero el problema de fondo sigue latente: cómo gestionar una legislatura cada vez más caótica y frágil, con un Gobierno que parece estar al límite de sus capacidades.
La sesión de este lunes es un reflejo de lo que se ha convertido esta legislatura: improvisación, divisiones internas y una permanente sensación de estar al borde del colapso.