Pegasus como arma política

El Gobierno activó Pegasus como moneda de cambio con Puigdemont

De izquierda a derecha el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemon. / EP
Moncloa mantuvo en secreto durante meses el espionaje a los móviles del presidente hasta que resultó políticamente útil para desactivar la presión de Puigdemont y ERC

El Gobierno de Pedro Sánchez utilizó el estallido del caso Pegasus como coartada política para ejecutar una purga en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y destituir a su directora, Paz Esteban, una decisión que respondía a las exigencias de sus socios independentistas, con Carles Puigdemont a la cabeza, según publica The Objective.

Moncloa justificó el cese alegando supuestos «errores» en la vigilancia de los teléfonos móviles del presidente y de varios ministros, aunque fuentes del ámbito de la inteligencia califican esa versión de impostura y sostienen que el espionaje era conocido por el Ejecutivo desde hacía un año, pero se mantuvo oculto hasta que resultó políticamente útil.

Un secreto de Estado hecho público en el momento clave

En abril de 2022, tras cerrar la crisis diplomática con Marruecos por el giro sobre el Sáhara Occidental, el Gobierno se enfrentó a una nueva tormenta: la revelación de que decenas de dirigentes independentistas catalanes habían sido espiados con Pegasus.

El informe que destapó el caso provocó una reacción inmediata del independentismo, que amenazó con retirar su apoyo parlamentario al Ejecutivo. Apenas 13 días después, Moncloa hizo público lo que había mantenido en secreto durante meses: que los móviles de Sánchez, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska también habían sido infectados.

El anuncio sirvió para desplazar el foco político y justificar una decapitación en el CNI que calmara a Junts y ERC.

La caída de Paz Esteban

La destitución de Paz Esteban, primera mujer al frente del CNI y con casi cuatro décadas de trayectoria en el organismo, se produjo una semana después de que el Gobierno reconociera el espionaje al presidente.

Moncloa habló de «errores», pese a que ni el CNI ni las auditorías internas detectaron fallos en los procedimientos ni en la cadena de custodia de la seguridad. Desde el propio Centro se sostiene que el espionaje fue detectado pocas horas después de producirse y que incluso la empresa desarrolladora del software espía desplazó un equipo técnico de urgencia a España.

Aun así, la cabeza de Esteban fue entregada como gesto político para garantizar la continuidad de la mayoría parlamentaria de Sánchez.

Presión independentista y supervivencia política

Las exigencias de Puigdemont y Oriol Junqueras fueron explícitas tras conocerse el espionaje al separatismo. La continuidad del Gobierno quedó en entredicho y el Ejecutivo optó por sacrificar el prestigio del CNI para preservar su estabilidad.

Desde el ámbito de la inteligencia se considera que el caso Pegasus marcó un antes y un después en la relación entre el poder político y los servicios secretos, al quedar el organismo expuesto públicamente para resolver un problema estrictamente político.

Nuevas imputaciones reabren el escándalo

El caso Pegasus ha vuelto a la actualidad judicial tras la imputación de dos exdirectores de la Guardia Civil y una nueva citación como investigada de Paz Esteban, que acumula ya cinco imputaciones relacionadas con el presunto espionaje al independentismo.

Estas diligencias reavivan un escándalo que sigue proyectando su sombra sobre el Gobierno y refuerzan la tesis de que el caso Pegasus fue utilizado como herramienta política para satisfacer a los socios de Sánchez y reordenar el poder dentro del Estado.