Feijóo toma el control para desbloquear los gobiernos autonómicos
Tras semanas de bloqueo y desconfianza, ambas formaciones intentan rebajar la tensión centrándose primero en medidas concretas y compromisos verificables de gobierno
El Partido Popular y Vox han acordado reactivar y reconducir las negociaciones para la formación de gobierno en Extremadura y Aragón bajo una nueva premisa: primero cerrar un programa común y después abordar el reparto de responsabilidades. El cambio de enfoque llega tras semanas de bloqueo y en un contexto marcado por la desconfianza entre los equipos autonómicos.
Ambas comunidades celebraron elecciones que dieron la victoria al PP —con María Guardiola en Extremadura y Jorge Azcón en Aragón— pero sin mayoría absoluta. La aritmética parlamentaria obliga a los populares a entenderse con Vox si quieren evitar una repetición electoral.
Prioridad: el programa
El nuevo marco negociador, anunciado por el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, establece dos fases claramente diferenciadas. En primer lugar, se buscará un acuerdo sobre medidas “concretas, claras y conocidas”, un plan de gobierno que no dé lugar a interpretaciones ambiguas y que incluya garantías de cumplimiento. Solo después se hablará de la distribución de consejerías y cargos.
“Primero el qué y después el quién”, resumen desde Vox, insistiendo en que el objetivo es evitar fricciones prematuras por los puestos y centrar la negociación en el contenido político.
Desde el PP comparten la necesidad de reconducir el diálogo. La vicesecretaria de Regeneración Institucional, Cuca Gamarra, anunció que la dirección nacional del partido participará directamente en las conversaciones para “facilitar los acuerdos” y asegurar que estos sean coherentes con las posiciones nacionales del partido. El movimiento supone un giro respecto a la semana anterior, cuando Génova defendía que las negociaciones debían quedar en manos de las direcciones regionales.
Feijóo toma las riendas
La implicación directa de la cúpula nacional responde al temor a una repetición electoral, especialmente en Extremadura, donde el primer debate de investidura está previsto para el 3 de marzo. Si no prospera, se activaría el calendario que podría desembocar en nuevos comicios.
En Génova consideran que repetir elecciones sería “el peor escenario” y un riesgo innecesario. “No vamos a permanecer impasibles ante el riesgo de repetición electoral”, afirmó Gamarra tras la reunión del comité de dirección presidido por Alberto Núñez Feijóo.
El líder popular busca así reforzar el control político de las conversaciones y evitar que las discrepancias públicas o los desencuentros tácticos frustren un acuerdo que consideran coherente con el mandato de las urnas. Desde el PP subrayan que los votantes han pedido entendimiento entre ambas formaciones y que no alcanzar un pacto “solo beneficiaría al PSOE”.
Superar la desconfianza
Tanto PP como Vox reconocen que en las últimas semanas se ha instalado un “clima de desconfianza” en las negociaciones autonómicas, especialmente en Extremadura. Declaraciones cruzadas y diferencias estratégicas habían ralentizado el proceso.
El nuevo formato pretende rebajar esa tensión. Las reuniones serán “las necesarias”, según fuentes populares, y se desarrollarán en paralelo en ambas comunidades. La intención es cerrar un acuerdo integral que incluya compromisos programáticos detallados y mecanismos de seguimiento.
Desde el PP insisten en que no participarán en “dinámicas de presión política ni intercambios de titulares en redes sociales”. La negociación, aseguran, se llevará con discreción y “altura de miras”.
La reactivación de las conversaciones coincide con una ofensiva política del PP en materia migratoria y con un clima nacional de alta polarización. Génova quiere evitar que las tensiones territoriales erosionen su estrategia de consolidación como alternativa de gobierno.
Para Feijóo, lograr acuerdos estables en Extremadura y Aragón es clave para proyectar imagen de gobernabilidad y liderazgo, especialmente tras los últimos desencuentros con Vox en distintos territorios.
En las próximas semanas se comprobará si el nuevo método —primero programa, después cargos— logra desbloquear unas negociaciones que se han convertido en una prueba de resistencia para ambas formaciones. El margen temporal es limitado y el desenlace condicionará el equilibrio político en dos comunidades estratégicas.