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El Ejecutivo de Sánchez maniobra para posponer un mes el regreso del foco mediático a los escándalos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. / Eduardo Parra

El Ejecutivo mantiene la iniciativa mediática gracias al conflicto en Oriente Medio, mientras esquiva su crisis judicial interna

Tras meses a la defensiva por los múltiples escándalos de corrupción que salpican al Gobierno y su entorno más próximo, el Ejecutivo de Pedro Sánchez parece haber encontrado en la causa palestina un filón político que no piensa abandonar a corto plazo. Según El Debate, la agenda internacional y el uso simbólico del conflicto de Gaza le han permitido a Moncloa recuperar el pulso político y marcar los tiempos del debate público, desplazando temporalmente del foco los casos judiciales que amenazan a su partido y colaboradores más cercanos.

Gaza como argumento político: del reconocimiento a la ofensiva diplomática

Sánchez, que fue uno de los primeros líderes europeos en reconocer formalmente al Estado palestino en mayo de 2024, ha intensificado en las últimas semanas su estrategia de presión sobre Israel. Esta incluye un embargo de armas, prohibición de importaciones desde asentamientos ilegales, y una campaña diplomática para aislar a Israel en el plano deportivo e institucional, todo ello mientras otros países europeos, como Alemania, siguen rechazando tanto el término “genocidio” como el reconocimiento unilateral del Estado palestino.

En paralelo, el Gobierno prepara un nuevo real decreto ley que formalice estas medidas y lo someterá a votación parlamentaria hacia finales de octubre, extendiendo el uso político del conflicto por, al menos, otro mes más.

Cortina de humo y maniobra de distracción

La lectura que hace El Debate es clara: el conflicto en Gaza funciona como una cortina de humo útil para cubrir la situación interna del Ejecutivo, marcada por la imputación de Begoña Gómez, esposa del presidente; el descrédito del fiscal general del Estado; y la creciente presión judicial sobre figuras del PSOE y del entorno de Sánchez. Esta combinación de elementos, aseguran fuentes del propio Congreso, había dejado al Gobierno contra las cuerdas antes de que cambiara el clima mediático.

El conflicto internacional ha brindado una oportunidad perfecta para reposicionar al presidente como actor global y desdibujar el debate doméstico. La estrategia no es nueva. Según recuerda el artículo, en 2004 el PSOE ya se benefició electoralmente de su oposición a la guerra de Irak, y en 2011, ya en el Gobierno, apoyó los bombardeos sobre Libia.

Tensiones internas, cálculos externos

La decisión de Sánchez de mantenerse alejado del Congreso durante momentos críticos —como la fallida votación de la jornada laboral o el próximo debate sobre delegación de competencias a Cataluña en inmigración— no es casual. Esta semana, el presidente viajará a la Asamblea General de la ONU en Nueva York, donde continuará su campaña pro-palestina. No estará presente en el debate interno que Podemos planea torpedear, ni dará la cara en el hemiciclo durante las votaciones más sensibles.

Dentro del propio bloque de Gobierno, la tensión es palpable. Podemos amenaza con romper la disciplina de voto, Junts presiona desde Bruselas, y ERC se prepara para una negociación presupuestaria que se anticipa complicada. Las grietas en la coalición son cada vez más visibles, pero Moncloa confía en que el ruido internacional sirva para disfrazar la inestabilidad interna como pluralismo democrático funcional.

El uso del Rey y el doble rasero exterior

En el plano diplomático, el Gobierno ha buscado dar aún más legitimidad a su ofensiva internacional contando incluso con la figura del Rey en actos institucionales de perfil internacional. Pero el tratamiento que Sánchez otorga a sus aliados internacionales también refleja cierto doble rasero: mientras ataca duramente al PP por no calificar de “genocidio” la ofensiva israelí, no critica a líderes como el canciller alemán, Olaf Scholz, quien rechaza esa misma calificación y no apoya el reconocimiento del Estado palestino.