La derecha se encamina a una victoria histórica en Aragón
La derecha afronta este domingo una cita clave en Aragón, donde todas las encuestas anticipan una victoria holgada del bloque formado por PP y Vox frente a una izquierda debilitada y arrastrada por el hundimiento del PSOE. El resultado apunta a convertirse en uno de los más duros para los socialistas en los últimos años y en una nueva demostración de la hegemonía conservadora en el mapa autonómico, según publica El Debate.
El previsible triunfo de Jorge Azcón no estará exento de matices. El fuerte crecimiento de Vox amortiguará la victoria del PP, pero ambos partidos se encaminan a un resultado histórico frente a una izquierda fragmentada y sin capacidad de reacción. El escenario recuerda a lo ocurrido recientemente en otras comunidades, con un electorado claramente inclinado hacia la derecha.
La campaña ha estado marcada de principio a fin por la política nacional y, especialmente, por las decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez. El acuerdo alcanzado con Oriol Junqueras para un nuevo modelo de financiación autonómica ha tenido un impacto directo en Aragón, donde se ha interpretado como un agravio comparativo frente a Cataluña. La candidata socialista, Pilar Alegría, no logró neutralizar ese desgaste, pese a intentar poner el foco en los fondos asignados a la comunidad.
La situación del PSOE aragonés se ha ido deteriorando conforme avanzaba la campaña. Alegría acumuló errores estratégicos, recurrió a mensajes de alarma dirigidos a los pensionistas y terminó envuelta en una polémica que debilitó aún más su credibilidad. El episodio protagonizado por Paco Salazar en el Senado y las contradicciones posteriores dejaron tocada a la candidata en el tramo final.
Las encuestas sitúan al PSOE en riesgo real de perder peso institucional en territorios clave, con la posibilidad de quedar relegado a tercera fuerza en provincias como Teruel y, en un escenario más extremo, también en Zaragoza. Un golpe que confirmaría la desconexión del partido con una parte importante del electorado aragonés.
Estas elecciones se leen también en clave nacional. Para el PP, el resultado será un nuevo plebiscito sobre la gestión de Pedro Sánchez, en un contexto marcado por el desgaste del Ejecutivo, los escándalos que salpican al entorno socialista y el deterioro de la imagen del Gobierno central. Jorge Azcón ha insistido durante la campaña en que el voto en Aragón es una forma de señalar el final de una etapa política en España.
El tercer eje de la jornada electoral será la relación entre PP y Vox. Ambos partidos están condenados a entenderse si se confirman las previsiones. Vox, con Santiago Abascal al frente y Alejandro Nolasco como candidato autonómico, aspira a duplicar su representación, pasando de siete a más de doce escaños, lo que refuerza su posición negociadora.
El crecimiento de Vox preocupa en el entorno del PP, no por el riesgo de no sumar mayoría, sino por la posibilidad de que los populares pierdan fuerza relativa en el reparto final. Las apelaciones al voto útil no han tenido el efecto deseado y el electorado de Vox se mantiene firme, impulsado por el desgaste socialista y la fragmentación de la izquierda.
A diferencia de otros territorios, la relación personal y política entre Azcón y Abascal facilita el escenario postelectoral. Ambos comparten una trayectoria común desde sus inicios en Nuevas Generaciones, lo que reduce la incertidumbre sobre un futuro acuerdo de gobierno.