Fiesta de la Rosa

El delirio de Montero: convierte a Sánchez en “referente” y héroe de la paz en Gaza

En plena crisis política y judicial, María Jesús Montero rompió moldes al describir a Pedro Sánchez como “faro mundial” y “líder moral de la socialdemocracia”

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero. / EP
La vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero. / EP

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha dedicado buena parte de su intervención en un acto político celebrado este domingo en Benartique (Almería) a ensalzar la figura de Pedro Sánchez, a quien ha descrito como «faro mundial» y «referente de la socialdemocracia internacional».

Durante el encuentro, enmarcado en la precampaña de las elecciones autonómicas andaluzas, Montero presentó al presidente del Gobierno como «un líder valiente y comprometido», responsable, según su discurso, de haber «marcado el camino» hacia la búsqueda de la paz en Oriente Próximo, según publica OkDiario.

La vicepresidenta destacó la participación de Sánchez en la reciente cumbre de la Internacional Socialista en Ámsterdam, donde el jefe del Ejecutivo reivindicó el papel del modelo socialdemócrata español en Europa y en el mundo. Según Montero, el presidente habría demostrado con su intervención «la fuerza de los valores progresistas frente a los populismos y la extrema derecha».

Sánchez y el conflicto en Gaza

Montero atribuyó a Sánchez un papel protagonista en la evolución del conflicto de Gaza, llegando a señalar que «fue el primero en plantear la solución de los dos Estados para Palestina» y en promover un embargo diplomático y comercial a Israel tras el recrudecimiento de la guerra.

A juicio de la vicepresidenta, el presidente del Gobierno habría actuado «por convicción moral» ante lo que definió como «una situación insostenible en la Franja», defendiendo la necesidad de una respuesta firme de la comunidad internacional.

No obstante, estas afirmaciones han generado cierta polémica política, ya que el proceso de paz en Oriente Medio se produjo en el marco de un acuerdo impulsado desde la Casa Blanca bajo mediación del presidente estadounidense, Donald Trump, y con la participación directa de Israel y representantes palestinos.

Pese a ello, Montero insistió en que la postura del Gobierno español «contribuyó a abrir un nuevo espacio de diálogo» y consolidó a Sánchez como «una figura de referencia internacional».

Elogios y reivindicación partidista

El discurso de Montero no se limitó al ámbito internacional. También reivindicó la gestión del Gobierno en materia económica y social, subrayando los avances logrados en igualdad, derechos laborales y cohesión territorial. La vicepresidenta aseguró que el Ejecutivo ha demostrado «que otra forma de gobernar es posible» y que España se ha convertido «en ejemplo de estabilidad democrática».

En su intervención, defendió además el liderazgo del PSOE frente a lo que calificó de «políticas regresivas» de la oposición. Según su visión, los gobiernos progresistas «siempre marcan el camino de los derechos y las libertades, aunque luego otros quieran apropiarse de sus logros».

Estas palabras, interpretadas como una alusión directa al Partido Popular, se produjeron en un contexto político tenso, marcado por la reciente imputación de la esposa del presidente, Begoña Gómez, y las investigaciones en torno al ‘caso Koldo’, que han vuelto a situar al Ejecutivo en el foco de la controversia.

Contraste con la realidad política interna

El tono épico del discurso de Montero ha sido recibido con escepticismo en algunos sectores políticos y mediáticos, que consideran que la vicepresidenta ha intentado reforzar la imagen de Sánchez en un momento de desgaste institucional.

El contexto interno no es el más favorable para el Gobierno. Las presiones judiciales, la ralentización económica y la ausencia de presupuestos generales para 2026 han alimentado la percepción de un Ejecutivo en dificultades, tanto dentro como fuera del PSOE.

Analistas políticos interpretan las palabras de Montero como un intento de cerrar filas en torno al liderazgo del presidente y de trasladar un mensaje de fortaleza y proyección internacional, justo cuando el debate público se centra en los casos judiciales que afectan al entorno de Moncloa.

Sánchez, entre el liderazgo exterior y las sombras internas

El Gobierno ha tratado de proyectar en los últimos meses la imagen de un Pedro Sánchez activo en la escena internacional, especialmente en los ámbitos de política exterior, cooperación y derechos humanos. Desde su participación en la cumbre de paz en Egipto hasta su papel en la Unión Europea, el Ejecutivo defiende que España «ha recuperado voz y presencia global».

Sin embargo, la exaltación de su figura como «faro mundial» ha sido interpretada por sus críticos como un ejercicio de propaganda partidista más que como un reconocimiento real de la comunidad internacional.

Mientras tanto, en el plano doméstico, el Ejecutivo enfrenta un otoño parlamentario complicado: la comparecencia del propio Sánchez ante la comisión del Senado por el ‘caso Koldo’, el debate sobre la financiación autonómica y las tensiones internas en la coalición de Gobierno amenazan con ensombrecer el relato de éxito que Montero trató de construir en su discurso.

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