El círculo de hierro de Sánchez se resquebraja: Bolaños, Puente, Redondo y Albares, en entredicho
La sucesión de golpes judiciales contra la familia del presidente ha dejado al descubierto la falta de reflejos de un Ejecutivo que se vendía como blindado
Hasta hace pocos meses eran considerados el núcleo duro de Moncloa, el círculo de hierro de Pedro Sánchez. Ministros con acceso privilegiado al presidente, ejecutores de sus órdenes más delicadas y con una imagen de invulnerabilidad que parecía incuestionable. Hoy, esa aura se ha desvanecido. Según publica Vozpópuli, el eje compuesto por Félix Bolaños, Óscar Puente, Ana Redondo y José Manuel Albares atraviesa su momento más crítico: están cuestionados dentro del PSOE, señalados en Moncloa e incluso en el propio entorno inmediato del presidente.
Un punto de inflexión con olor a crisis
El detonante ha sido la sucesión de tormentas judiciales que en apenas 48 horas golpearon al Gobierno:
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El martes, se conoció el procesamiento del hermano de Sánchez, David Sánchez, por corrupción en la Diputación de Badajoz.
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El miércoles, el juez Juan Carlos Peinado dictó un auto contra Begoña Gómez, esposa del presidente, que la aboca a juicio ante un jurado popular.
La cúpula de Moncloa, con Sánchez en Nueva York, quedó paralizada. Sin cortafuegos, sin anticipación y sin coordinación, los ministros quedaron expuestos a un doble golpe que evidenció la fragilidad del Ejecutivo y la debilidad de su escudo político.
Bolaños: de arquitecto infalible a gestor en entredicho
Durante meses, Félix Bolaños encarnó la imagen del ministro que resolvía todo, el «bombero político» que apagaba incendios con eficacia técnica. Hoy, esa percepción se ha roto. Sus promesas de un gran acuerdo judicial se han transformado en retrasos, falsas salidas y expectativas frustradas.
«La sensación de que lo resolvía todo se ha roto», reconocen fuentes socialistas citadas por Vozpópuli. Su figura ya no genera confianza y, según analistas internos, se ha desinflado como pilar del sanchismo.
Ana Redondo: discreción que se ha vuelto irrelevancia
Nombrada ministra de Igualdad tras la convulsa etapa de Irene Montero, Ana Redondo llegó como una opción de consenso, auspiciada por Óscar Puente. Se esperaba de ella gestión tranquila y sin sobresaltos. Sin embargo, en Moncloa predomina la decepción: se la percibe como una ministra ausente, sin iniciativa política ni reflejos.
La crisis de las pulseras antimaltrato la retrató como una gestora errática, «lenta» en la respuesta y carente de liderazgo en un ministerio clave. Como resume un veterano socialista: «Ni molesta ni entusiasma».
Óscar Puente: verbo afilado, gestión floja
El exalcalde de Valladolid irrumpió en Transportes como un golpe de efecto: un político combativo, con discurso duro contra la derecha. Su retórica, sin embargo, no consigue ocultar los problemas de gestión.
Puente acumula críticas internas por su escasa coordinación con otros ministros, sus conflictos internos y los nubarrones en la gestión ferroviaria. Lo que parecía un activo comunicativo se ha convertido en un riesgo que desgasta la imagen de cohesión del Gobierno.
José Manuel Albares: diplomacia amortizada
Quizá el más erosionado del grupo. José Manuel Albares llegó para recomponer la relación con Marruecos y fortalecer la proyección internacional de España. Sin embargo, el balance es amargo:
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España ha perdido peso en Bruselas.
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La diplomacia española sufre una crisis de credibilidad.
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Los diplomáticos de carrera lo consideran un ministro «amortizado».
El resultado es que solo la voz de Pedro Sánchez logra ordenar el discurso exterior. El presidente ha asumido personalmente el protagonismo en temas como Gaza, relegando a Albares a un segundo plano.
Nervios en Moncloa y sensación de fin de ciclo
En este clima, el Gobierno vive pendiente de la inminente salida de María Jesús Montero, que se centrará en la batalla andaluza. Su marcha abrirá la «caja de los truenos» y acelerará los rumores de una crisis de Gobierno.
«Cualquier cambio, sea el que sea y cuando sea, está solo en la cabeza del presidente», admiten fuentes gubernamentales. Pero lo cierto es que la pérdida de confianza es palpable: ministros que antes eran imprescindibles ahora se miran con recelo, conscientes de que su aura provenía directamente de Sánchez… y que él mismo puede retirársela.
La percepción pública también se resquebraja
El deterioro no se limita a las paredes de Moncloa. En la opinión pública y publicada, las grietas son cada vez más visibles. Los artículos que antes alababan la eficacia de Bolaños o la proyección internacional de Albares ahora describen un Ejecutivo descoordinado, errático y sin reflejos.
El sanchismo, que se construyó sobre la imagen de un presidente dueño absoluto del tiempo político, atraviesa un momento crítico. Sánchez conserva la última palabra, pero el aura que protegía a su círculo más cercano ya no es lo que era.