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El año sin urnas llega a su fin: se avecina un «superdomingo» que pondrá a prueba al Gobierno de Sánchez

La sequía electoral de 2025 está cerca de terminar: Castilla y León, Andalucía, Extremadura y Aragón preparan un posible adelanto electoral coordinado

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (c), durante la clausura del acto de presentación de la ‘Declaración de la Región de Murcia’. / Victor Fernández
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (c), durante la clausura del acto de presentación de la ‘Declaración de la Región de Murcia’. / Victor Fernández

El año 2025 está a punto de cerrar como el primero sin ninguna cita electoral desde 2013. Ni generales, ni autonómicas, ni municipales, ni europeas. Un paréntesis democrático insólito en una España acostumbrada a vivir en campaña. Sin embargo, esa calma está a punto de romperse.

En los despachos autonómicos ya suenan las señales de aviso. A los adelantos planteados en Castilla y León y Andalucía se podrían sumar Extremadura y Aragón, configurando lo que ya se denomina en clave política como un «superdomingo» de marzo. Una jornada de comicios múltiples que podría tener repercusiones directas sobre el Gobierno central y sobre el liderazgo de Pedro Sánchez.

La presidenta de Extremadura, María Guardiola, y el presidente de Aragón, Jorge Azcón, sopesan el coste político y la oportunidad estratégica de convocar elecciones anticipadas ante la falta de entendimiento con Vox, su socio de investidura.

En Extremadura, Guardiola parte con ventaja. El PSOE regional se encuentra en horas bajas y su líder, Miguel Ángel Gallardo, está pendiente de juicio por presuntos delitos de prevaricación y tráfico de influencias. Un escenario que podría beneficiar al PP si se vota en los próximos meses.

En Aragón, el cálculo es distinto. El efecto del adelanto se proyectaría sobre la Moncloa, ya que la candidata socialista es la actual ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Pilar Alegría. Si tiene que abandonar su cargo para centrarse en la campaña, ello podría precipitar una remodelación ministerial que sectores del PSOE reclaman desde hace tiempo, particularmente en lo que respecta a María Jesús Montero, ministra de Hacienda y candidata en Andalucía, cuya doble condición genera tensiones de comunicación en el Ejecutivo.

Un botón rojo que ya forma parte del sistema

Lo que antes era una excepción se ha normalizado: los adelantos autonómicos forman ya parte de la estrategia de poder. Las presidencias regionales disponen de esta competencia gracias a la reforma progresiva de los estatutos de autonomía desde mediados de los años noventa.

Hoy, todas las comunidades pueden adelantar elecciones, pero no todas bajo las mismas condiciones. En autonomías como Madrid, Castilla-La Mancha, Murcia, La Rioja, Asturias y Cantabria, un adelanto no reinicia la legislatura, sino que obliga a convocar de nuevo elecciones en la fecha natural de 2027. En cambio, en Extremadura, Aragón, Andalucía, Comunidad Valenciana, Baleares, Navarra y Canarias, el adelanto sí permite un nuevo mandato completo de cuatro años.

La presidenta Marga Prohens descartó recientemente el adelanto en Baleares tras aprobar los presupuestos con Vox, lo que refuerza el carácter singular de los escenarios en Extremadura y Aragón. «La realidad de Extremadura no tiene nada que ver con la de Baleares», afirmó el portavoz del Govern balear, Antoni Costa.

Lectura nacional de una decisión regional

La posibilidad de una convocatoria simultánea de elecciones en cuatro comunidades con gobiernos del PP pondría a prueba no solo la resistencia del PSOE sino también la cohesión interna del Partido Popular, cuyo líder, Alberto Núñez Feijóo, insiste en que sus barones gozan de plena autonomía para decidir.

Sin embargo, los efectos nacionales son inevitables. Una buena jornada para el PP podría reforzar su posición frente al Gobierno central y convertir el «superdomingo» en una suerte de referéndum territorial sobre el sanchismo. Pero un resultado poco claro también podría interpretarse como señal de estancamiento político para la oposición.

El superdomingo aún no está confirmado, pero cada vez parece más cerca. Las variables son múltiples, pero la apuesta es clara: activar las urnas como mecanismo de resolución política en tiempos de fragmentación y debilidad parlamentaria. La pregunta es si esa estrategia servirá para clarificar el panorama o solo añadirá más incertidumbre a un tablero ya complejo.

Mientras tanto, la maquinaria electoral comienza a calentar motores. España, una vez más, se asoma al abismo —o a la oportunidad— de las urnas.

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