La sucesión de Revilla se enreda: Blanco entra en la carrera por el PRC y consolida el desconcierto
El Partido Regionalista de Cantabria (PRC) vive en estos días una de sus fases más inciertas desde su fundación. A menos de dos años de las elecciones autonómicas, la formación que lleva más de cuatro décadas marcada por la figura de Miguel Ángel Revilla encara una sucesión interna sin rumbo claro y con síntomas crecientes de fractura interna, pese a los esfuerzos retóricos por mantener una apariencia de unidad.
A última hora se ha sumado oficialmente a la carrera Guillermo Blanco, diputado autonómico y exconsejero de Desarrollo Rural, quien ha registrado su candidatura en la sede del partido este viernes. Blanco se suma así a los ya anunciados Paula Fernández, Pablo Diestro y Javier López Estrada, actual alcalde de Torrelavega. De este modo, el número de candidatos se eleva a cuatro, con el consiguiente riesgo de fragmentación interna que tanto el PRC como su líder histórico han tratado de evitar.
“Los militantes están esperando tener la posibilidad de elegir a su candidato. Y también los ciudadanos de Cantabria esperan un PRC que salga reforzado de este proceso”, ha declarado Blanco con cierta ambigüedad, en una apuesta que parece más personalista que integradora.
Blanco: el más “revillista” en una pelea con muchos herederos
El ahora candidato ha enfatizado sus dos décadas junto a Revilla, como jefe de gabinete y luego como consejero, reivindicando haber aprendido de él “sensibilidad, valentía y corazón para atender a los ciudadanos”. Pero más allá del tono emocional, su mensaje destila continuidad pura, sin apenas autocrítica a un modelo de gestión que llevó al PRC a perder el poder en 2023 tras dos décadas de gobiernos agotados y con una Cantabria estancada en muchos indicadores clave.
Blanco apuesta por unas primarias abiertas y ha evitado secundar el discurso del “consenso a toda costa” que defienden otros sectores del partido. Eso sí, insiste en que la unidad llegará tras la elección, como si los militantes debieran alinearse sin cuestionamientos una vez nombrado el nuevo rostro electoral.
“Estoy muy feliz de pertenecer a una organización con un cuadro de mandos dispuestos, capaces y valientes”, ha dicho, ignorando que esa “organización” que defiende es la misma que durante años funcionó sin democracia interna real ni renovación de liderazgos.
Cuatro candidatos, mismo discurso
Poco diferencia el discurso de Guillermo Blanco del de los otros tres aspirantes. Paula Fernández apela a su experiencia institucional y a la unidad interna; Pablo Diestro habla de ilusión y cercanía municipal; López Estrada intenta proyectar un perfil más técnico y urbano. Pero todos orbitan en torno a la sombra de Revilla, sin ofrecer una visión de futuro que responda a los desafíos reales de Cantabria: despoblación rural, ineficiencia administrativa, falta de inversión estructural o ausencia de modelo productivo.
Lo cierto es que ninguno de los candidatos ha planteado hasta el momento una autocrítica seria al legado político de un partido que perdió el gobierno hace dos años y que no ha sabido reposicionarse ni en el Parlamento ni ante la opinión pública.
¿Primarias o salvavidas de consenso?
El próximo paso será decisivo. Si más de un candidato logra el 20% de avales de la Ejecutiva regionalista (82 miembros), habrá primarias el 4 de mayo. Si no se alcanza un acuerdo previo, se abrirá una fase de negociación de diez días para tratar de imponer una lista única, lo cual parece poco probable a la vista de la dispersión actual.
Revilla, que seguirá como secretario general, ha insistido públicamente en que su deseo es una candidatura única. Pero el aumento de aspirantes refleja más una lucha de facciones internas que una renovación planificada.
Desde una perspectiva política y conservadora, el análisis es claro: el PRC ha perdido el control de su narrativa y no encuentra una figura que genere cohesión, ni dentro del partido ni hacia fuera. La multiplicación de candidatos no es síntoma de democracia interna, sino de desorientación.