El PRC de hoy: sin liderazgo, sin proyecto, sin rumbo

Revilla y su PRC se hunde entre divisiones internas, mientras bloquea Cantabria

Revilla y Sánchez en uno de sus encuentros.

El expresidente exige elecciones con tono populista mientras el partido que dirigió permitió la mayor trama de corrupción de la historia de Cantabria

 

“Atrévase a convocar elecciones, no se me arrugue, échele coraje”. La frase con la que Miguel Ángel Revilla ha irrumpido de nuevo en la política regional ha generado más perplejidad que respaldo. Lejos de proyectar liderazgo institucional, el expresidente cántabro volvió a su versión más televisiva durante la comida navideña del PRC. Pero el contexto ha cambiado. El Partido Regionalista ya no gobierna, no marca agenda, y arrastra el descrédito de haber gestionado sin control alguno una Consejería desde la que se cometió el mayor fraude técnico de fondos públicos en décadas.

Una escenificación agresiva en un PRC fracturado

Lejos de unir, el mitin de Revilla ha evidenciado la división interna del PRC. El propio líder regionalista reconoció que hay alcaldes que ya no comparten la estrategia de bloqueo presupuestario impulsada por su partido en el Parlamento. Algunos ediles ya han advertido que abandonarán la disciplina si la dirección insiste en erosionar al Gobierno regional como única táctica política.

Revilla busca recuperar protagonismo, pero su discurso no conecta con una ciudadanía que reclama gestión y resultados, no frases altisonantes ni convocatorias permanentes de elecciones. Y mucho menos cuando el PRC no tiene sucesión clara, no ha hecho autocrítica y sigue sin ofrecer una alternativa concreta para Cantabria.

El PRC, sin liderazgo claro y con cuentas pendientes

Mientras Revilla agita la calle, el PRC afronta un desgaste político profundo. La sentencia del caso Carreteras, dictada el pasado noviembre, confirmó que entre 2018 y 2022 se amañaron contratos públicos en la Consejería de Obras Públicas que el PRC dirigía con mayoría absoluta. La red, liderada por un alto funcionario de confianza, causó un perjuicio de 1,6 millones de euros y acumuló 529.000 euros en metálico sin que nadie en el Gobierno lo advirtiera ni lo denunciara.

Revilla nunca ha asumido responsabilidad alguna por ese escándalo. Ni una sola depuración interna. Ningún mecanismo de control fue reformado tras destaparse los hechos. Y ahora, en lugar de hacer balance y rectificar, se limita a gritar “coraje” como si el pasado no le implicara. El problema es que sí le implica: fue presidente cuando se cometieron los hechos y su partido era el responsable directo de la gestión afectada.

Del institucionalismo al tacticismo partidista

Durante años, Revilla fue percibido como un garante de estabilidad. Hoy actúa como catalizador del bloqueo institucional. El rechazo del PRC a los presupuestos no ha ido acompañado de propuestas viables ni de negociación real. Solo vetos, ataques y ruido.

La maniobra no es inocente: pretenden forzar el desgaste de Buruaga para volver al foco. Pero el coste lo paga el ciudadano: los retrasos presupuestarios afectan a la inversión pública, a los servicios sanitarios y al funcionamiento ordinario de la administración.

Comparativa: de la televisión al tribunal, pasando por el Parlamento

La figura de Revilla ha pasado del plató al Parlamento, y ahora al pasado judicial de su Gobierno. En comunidades como Madrid o Castilla y León, dirigentes implicados en escándalos de este calibre han asumido consecuencias políticas. En Cantabria, en cambio, nadie dimite. Nadie explica. Nadie rinde cuentas.

El PRC aún no ha desmentido si sabía o no que el Servicio de Carreteras estaba operando bajo una red de corrupción organizada. Tampoco ha iniciado comisiones internas ni reformas en la gestión de empresas públicas como Gesvicán o Sican. Mientras tanto, Revilla clama por elecciones desde una tarima decorada con logotipos mientras las facturas falsas y los sobres con billetes siguen sin esclarecerse del todo.

La política regional no necesita gritos, necesita responsabilidad

El ciudadano cántabro ya no se deja impresionar por el gesto fácil o la palabra gruesa. Quiere saber qué hará cada partido con la sanidad, la vivienda, la deuda y el empleo. Quiere transparencia, no teatro. Quiere reformas, no campañas personales.

Si el PRC quiere volver a ser útil, deberá empezar por hacer algo que nunca hizo: asumir errores, depurar responsabilidades y reconstruir un proyecto serio para Cantabria. Mientras eso no ocurra, todo lo demás serán discursos para la galería y aplausos internos que no convencen fuera.

Cuando uno ha gobernado, tiene la obligación de explicar

Revilla gobernó Cantabria durante casi dos décadas. Esa experiencia no le autoriza a esconder la verdad, sino a rendir cuentas. Y quien hoy exige urnas con vehemencia debería empezar por explicar cómo pudo operar una red de corrupción dentro de su Gobierno durante años sin control, sin alarmas y sin consecuencias.Los cántabros no necesitan frases para titulares. Necesitan instituciones limpias, gestores serios y políticas sostenibles. Porque gobernar no es gritar: es servir al ciudadano.