No está en Barcelona… está muy cerca de Cantabria: así es la pastelería más viral de TikTok
«Cenando con Pablo» recomienda Pastelería Patxes, uno de los templos dulces más virales de Bilbao, y no es para menos. La experiencia arranca en la que muchos ya llaman la pastelería de los croissants, un lugar que engancha desde el primer vistazo y que confirma, bocado a bocado, que aquí el hojaldre es casi una religión.
En Patxes todo se elabora en su propio obrador, y eso se nota. Los croissants son la base de su éxito, pero quedarse solo en eso sería un error. La vitrina es un auténtico festival: New Year’s Rolls, donuts, palmeras, cannoncinos, híbridos imposibles y creaciones que parecen pensadas para romper Instagram… y la cabeza.
Uno de los productos estrella es el ya famoso crookie, un híbrido entre cookie y croissant que desafía toda lógica. Mitad cookie, mitad croissant, con versiones tan contundentes como la de Kinder o Lotus, crujiente por fuera y tremendamente golosa por dentro. No es para tibios: es de esos dulces que “te cambian la vida” o, como mínimo, el día.
Pero si hay un producto que se lleva el aplauso unánime es el croissant de pistacho. Doble hojaldre, capa exterior crujiente, relleno generoso y una crema de pistacho intensa y sedosa, sin exceso de dulzor. Incluso para quienes no se consideran muy pistacheros, este croissant funciona. Es equilibrado, elegante y absolutamente adictivo.
Otra sorpresa mayúscula es el croissant de tarta de queso, que rompe esquemas. Al partirlo, aparece una crema tipo mousse, suave y fluida, que recuerda más a una cheesecake bien afinada que a un relleno convencional. Eso sí, conviene ir preparado con servilletas: aquí se viene a mancharse… y a disfrutar.
Mención especial merece el flan parisino, una de las joyas de la casa. Hojaldre crujiente por fuera y un interior de vainilla bourbon con textura literal de flan, cremoso y brillante. Recuerda al pastel murciano en forma, pero con un relleno que es pura delicadeza. Es de esos dulces que obligan a parar y mirar el corte antes de seguir comiendo.
Para quienes quieren probarlo todo sin caer en coma glucémico, Patxes ofrece mini croissants, ideales para hacer un recorrido completo por sabores. Destaca el de yuzu, el limón japonés, mucho más suave y aromático que el clásico cítrico, con un punto fresco y elegante que sorprende desde el primer bocado.
Y si aún queda hueco —o valentía— aparece la bomba parisina, contundente y generosa, rellena de crema de vainilla bourbon y espolvoreada con azúcar. Esponjosa, ligera pese a su tamaño y perfecta para los más golosos. También hay rolls rellenos, como el de brownie, menos protagonista pero igualmente bien ejecutado.
Patxes cuenta con local en Bilbao y otro en Ugao, donde se encuentra su obrador. Además, permite encargos por Instagram o teléfono, una opción muy recomendable si no quieres quedarte sin tu favorito.
Conclusión clara: si te gusta el dulce, Patxes Pastelería es parada obligatoria. Croissants de pistacho memorables, híbridos como el crookie que ya son icono y un flan parisino que deja huella. Aviso importante: «si vienes aquí, el dulce te va a gustar más». Es matemático.

