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El Diario de Cantabria

ASTILLERO

La vieja guardia retoma el control de Astillero

El grupo que ha manejado el Club en las dos últimas décadas, a excepción de los últimos tres años, está ideando la transición a carral

Eli Carral comunicó al club el pasado día 4 que dejaba de ser presidenta del mismo. / José Ramón
Eli Carral comunicó al club el pasado día 4 que dejaba de ser presidenta del mismo. / José Ramón
La vieja guardia retoma el control de Astillero

Eli Carral ya no ejerce como presidenta de Astillero. El pasado día cuatro de este mes envió una carta a la junta directiva en la que explicaba que, «por motivos personales», se veía en la necesidad de «renunciar a la presidencia del club». Se trata de una dimisión de la que siguen sin tener noticias en la Federación y que, por ahora, ni siquiera ha provocado la convocatoria de una asamblea de socios para iniciar el proceso necesario para formalizar una sucesión. Todo parece estar en estado de espera, en punto muerto y sin actividad aparente. Casi de abandono. Sin embargo, sí hay quien se está moviendo para dirigir la transición. Se ha abierto la puerta a una nueva etapa en la que, en el fondo, moverán los hilos quienes los han estado moviendo, siempre desde la sombra, en las dos últimas décadas.

En la carta que envió Carral, afirmaba que «algunos» de los miembros de la junta directiva del club ya estaban «informados» de cuáles eran los asuntos personales que la impedían seguir al frente de la entidad. Previamente, en otra carta, había comunicado dicha decisión a la ACT. Sin embargo, a efectos válidos, poco valor, más allá del informativo, tenía esta misiva. Y tampoco la tiene la dirigida al club porque la dimisión ha de ser comunicada tanto a la Federación como a la consejería de Deportes, que aún no tienen noticias de cambio alguno. De este modo, por un lado ella no ejerce pero, por otro, sigue inscrita como presidenta.

Explica Carral que los problemas que le han surgido son «incompatibles con la exigente labor que requiere las funciones de presidenta». La pasada semana, explicó a este periódico que se había formado una junta gestora que, en principio, debía convocar una asamblea de socios que aprobara el inicio del proceso electoral, que está perfectamente regulado en los estatutos. Sin embargo, ni siquiera ella conocía quién presidía dicha junta gestora ni quiénes la formaban, lo cual no dejaba de ser muy extraño. Y lo cierto es que nadie sabe nada de dicha junta gestora. Quizá porque tampoco se ha formado formalmente, ya que ha de ser la propia asamblea de socios quien la apruebe. Y no se ha celebrado ninguna asamblea.

REchaza avalar. La expresidenta de la entidad asegura estar «totalmente desvinculada» del club y son aquellos que ya controlaban el mismo antes de su llegada quienes han vuelto a tomar las riendas y están liderando el proceso. Están buscando gente a la que poner al frente para dar la cara como en su día encontraron a Francisco Gárate, que fue a quien Carral sucedió en el cargo. Quizá para facilitar este proceso, la pidieron que en su misma carta de renuncia avalara a una serie de personas que le propusieron, pero ella se negó a hacerlo al conocer sólo a uno de ellos. Se lo propusieron vía correo electrónico y la respuesta fue la siguiente: «De las personas a las que usted sugiere mencione en mi renuncia, sólo conozco y he tratado a uno (remero de la plantilla del verano pasado). Del resto, no tengo el placer. Por lo tanto, creo que no debo proceder a su aval».

De este modo, a día de hoy todavía no tiene el club un presidente o presidenta formalmente constituido que suceda a Carral mientras que la junta directiva ya ha estado todo el año bajo mínimos tras la dimisión en bloque de la que trabajó durante el 2017 y el 2018. Así, urge la convocatoria de una asamblea de socios que comience a ordenar los órganos de gobierno del club para, sobre todo, comenzar a preparar el proyecto deportivo del próximo curso, ya que el tiempo corre y no es fácil reunir a una buena y competitiva cuadrilla de remeros si uno no se mueve rápido y antes de que acabe el verano. 

Como es lógico, buena parte de los remeros cuentan con ofertas para salir y no tienen noticias de Astillero por mucho que, por lo menos, quieran escucharles antes de aceptar nuevos destinos. Sobre todo, porque se les debe todo lo prometido para este año. Lo único que está en marcha es la Escuela, que ya depende más del Ayuntamiento que de la propia entidad y que está al cargo de dos hombres solventes y de confianza como son Israel Bolado y José Luis Cruces ‘Garru’. En el Consistorio conocen, al menos verbalmente, la salida de Carral y también los movimientos que se están realizando para formar un nuevo equipo directivo.

En el fondo, tras tres años y medio de paréntesis, el club va a seguir controlado por quien lo estuvo cuando éste tocó techo, ondeaba banderas y ganaba títulos pero también por quien lo estuvo cuando se inició una cuesta abajo tan acelerada que llegó un punto en el que costaba conseguir remeros para la trainera por la credibilidad que había perdido la entidad. «Esta semana depositaré en las oficinas todo cuanto tengo de documentación y la llave de la puerta principal, ya que de la oficina como del taller no tengo, dando así totalmente por finalizado mi paso por la entidad». Así terminaba el correo que Eli Carral envió a quien, en la práctica, le va a suceder al frente del club sin que su nombre aparezca por ninguna parte. Lo que le falta es encontrar a quienes van a ostentar los cargos de presidente, vicepresidente, tesorero etc. etc. Cuando los tenga, la entidad comenzará a caminar cumpliendo con los pasos precisados en los estatutos. Mientras, seguirá manteniendo ese aspecto de coche abandonado en la cuneta.

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