27.05.2020 |
El tiempo
miércoles. 27.05.2020
El tiempo
El Diario de Cantabria

BOXEO

Un día en la oficina

El campeón llegó  al pabellón tres horas antes de su pelea con un semblante muy tranquilo

A Kiko Martínez le tocó trabajar

Sergio García recibiendo instrucciones durante la pelea. / CUBERO
Sergio García recibiendo instrucciones durante la pelea. / CUBERO
Un día en la oficina

‘El Niño’ entró al pabellón a las ocho y diez. No lo hizo por la puerta de atrás o a escondidas para no correr el riesgo de desconcentrarse o desviar su atención hacia algo que no lo mereciera, sino como si entrara a su casa, dejara las llaves sobre la mesa y se quitara los zapatos. Cruzó la puerta por la que entraron todos los aficionados que se sentaron en silla, en chándal y con la bolsa al hombro. Para entonces, la grada ya presentaba un gran aspecto porque sólo las cuatro primeras filas tenían número reservado. Los demás, debían espabilar si querían tener un buen sitio. Por eso hubo largas colas desde una hora antes de que se abrieran las puertas.

Cuando quienes estaban aguardando al inicio del espectáculo vieron entrar a su ídolo, comenzaron a aplaudir. Aquello fue como una bola de nieve. Algo pasaba. Y ahí estaba Sergio, tan cercano como siempre. Es uno más. El personal comenzó a corear el ‘Sergio, Sergio’ que después se haría habitual durante el combate. Él respondió con una continuada sonrisa y con el puño en alto. Nadie podría pensar entonces que algo más de tres horas después se iba a jugar un Campeonato de Europa, algo que ningún otro cántabro en la historia ha logrado jamás. Sólo él. Y acudió a la cita como si fuera al gimnasio. Como si fuera un día más en la oficina.

En la grada volvió a haber algunas caras conocidas del boxeo. Desde bien pronto cogió un lugar privilegiado el castreño Jon Míguez, que el próximo fin de semana volverá a saltar al ring tras superar su lesión. Un sitio ya asignado tenían tanto Kerman Lejarraga como Txutxi del Valle. Éstos estuvieron en el vestuario durante el calentamiento del campeón europeo y salieron durante el descanso que se produjo antes del combate de Kiko Martínez. Fue entonces cuando también los políticos que estuvieron en el acto, entre los que estuvo el presidente Revilla, a quien nunca antes se le había visto en un combate de ‘El Niño’, fueron hasta allí para desear suerte al boxeador y ver si alguien les publicaba una foto. Después, incluso subirían al ring antes y después del combate para que les vieran. «¡No habéis cogido una pesa en vuestra vida!», les gritaba un espectador junto al ring. Es lo de menos. El presidente incluso fue quien entregó el cinturón azul al campeón.

De nuevo se llenó el Vicente Trueba. Ayer, incluso contó con unas pequeñas gradas supletorias frente a la grada ‘Quino Salvo’ que permitió a más gente estar sentado en un lugar central y de privilegio. El programa tenía estipulado que el primer combate comenzara a las ocho y cuarto y fue a y diecisiete cuando comenzó a sonar la banda sonora de Conan. Junto a ella, el habitual ‘speaker’ de toda gala cántabra, Carlos Lavín, se subió al ring y expandió los brazos como si fuera una de las estrellas de la noche. Y presentó el primer combate.

Hubo cuatro previos a los dos más esperados de la velada. Y fueron el primero y el segundo los dos mejores y los dos que dieron algo de comer al respetable. El que abrió fuego fue el duelo el que enfrentó a Ismael García y al nicaragüense Óscar Amador, que se presentó con un récord claramente perdedor de 10-23 por el 9-2 que tenía su rival. Fue un buen combate en el que quizá sumó más asaltos el español al dar él sus golpes más claros. El americano peleó bien a la contra y metió en serios aprietos a García en el segundo capítulo de la contienda. Éste estuvo a punto de poner la rodilla en tierra pero no lo llegó a hacer. Se quedó agachado y por eso Amador le siguió golpeando. Sin embargo, el árbitro le mandó parar. No le dejó seguir y tampoco hubo cuenta. Muy raro.

Ganó Ismael García por decisión unánime, al igual que Dominic Donegan, a quien presentaron como uno de los mayores prospectos del boxeo británico pero que no demostró gran cosa ante Miguel Aguilar, un jornalero que se dedica a engordar el récord de los demás. El irlandés se dedicó a tener controlado a su rival con el jab mientras que apenas sacó la derecha. Fue un combate que enfrió todo lo que había calentado el primero.

Y menos aún hubo en el tercero, cuando Brandon Moreno se cruzó con un boxeador venezolano que se presentó con nueve derrotas en otros tantos combates profesionales. Y demostró por qué. Era un púgil tosco, que lanzaba manos al aire y que se borró en cuanto vio que llovían piedras. La victoria fue para el español por KO técnico en el cuarto asalto después de la retirada de su rival en cuanto recibió un buen derechazo en su ojo izquierdo.

Quien tuvo que trabajar fue Kiko Martínez. Su combate  fue altamante esperado porque no siempre puede uno disfrutar de un excampeón del Mundo en directo. El combate subió el nivel, las manos eran más poderosas y la intensidad otra. Incluso en el ambiente se respiró una mayor seriedad. Fue como ir a misa.

El ilicitano fue de menos a más. Tanto es así, que no fue descabellado dar los dos primeros asaltos a su rival. Sin embargo, en cuanto éste recibió dos crochés, uno con cada mano, en el tercer asalto, la cosa cambió. Se le notó perjudicado al americano y, a partir de entonces, su boxeo, antes valiente, pasó a fundamentarse en tomar aire y llegar al décimo y último asalto. Echó mano de algunas argucias como expulsar su protector bucal en cuanto precisaba oxígeno. Lo hizo por tres veces y, sobre todo, dio muchas vueltas al ring. Corrió y corrió, algo que le echó en cara Tinín Rodríguez desde la esquina del excampeón mundial. El boxeador le respondió con un improperio y el árbitro le tuvo que hacer callar.

El combate llegó hasta el final y el excampeón del mundo ganó de manera unánime y sin discusión posible. Quizá el mexicano podría habar dado más porque parecía tener boxeo para ello, pero a buen seguro temía que, si lo daba, no habría llegado hasta el final de la pelea.

Un día en la oficina
Comentarios