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El Diario de Cantabria

BOXEO

El tricampeón no rehuye el trabajo

  • Sergio García ganó su tercer Campeonato de Europa  
  • ‘El niño’ se topó ante su mejor rival, a quien peleó con respeto y sacrificando cantidad por calidad en sus golpeos  
  • No hubo KO, pero tampoco dudas sobre quién había ganado
Rabchanka y Sergio firmaron intensos intercambios de golpes. / Jorge Ayllón
Rabchanka y Sergio firmaron intensos intercambios de golpes. / Jorge Ayllón
El tricampeón no rehuye el trabajo

Tiene que resultar desmoralizante para un boxeador ver que tu oponente está tan entero tras el noveno asalto que se pone a hablar con su entrenador en la esquina con total normalidad, intercambiando impresiones como si hubiera una paella en medio. Incluso riendo y bromeando. Es como si el tiempo no pasara por él, como si no hubiera estado intercambiando golpes la última media hora. Así es ‘El Niño’, que ya es tricampeón de Europa. El pasado sábado, ya casi de madrugada, afrontó quizá el combate más duro de su carrera, quizá el más exigente y contra su mejor rival. Sin embargo, no sólo se mantiene invicto, sino incluso intacto porque pasan los combates y los títulos y sigue sin haber nadie que haya sido capaz de meter en problemas al púgil torrelaveguense.

Se hartaron de afirmar tanto el boxeador como su entrenador antes del combate que iban a tener delante al mejor rival con el que se hubieran enfrentado hasta la fecha. Y no mentían. Lo decían con sinceridad, algo que se demostró no sólo en el buen hacer de Rabchanka, sino también en la manera de boxear del púgil cántabro. Éste le mostró respeto, peleó con una mayor precaución y, sobre todo, una mayor selección de sus golpes. No lanzó tantas manos como en él es costumbre pero, a cambio, quiso ser más preciso y, sobre todo, contundente. Como las tres derechas que conectó en el tercer asalto. Cada una de su padre y de su madre. Una por fuera, otra por dentro y otra combinada que sonaron en todo el repleto pabellón que no se quiso perder la mejor fiesta que ha tenido el boxeo cántabro en décadas.

Desde minutos después de que concluyera el combate ante Cheeseman, que, por cierto, volvió a pelear el pasado viernes haciendo nulo, tanto ‘El Niño’ como su maestro y mentor tuvieron claro que había llegado el momento de centrarse en la pegada. Es el aspecto pugilístico que más han trabajado en los últimos meses y lo cierto es que se vio una evolución en ese sentido en el duelo ante Rabchanka. Se vio a un Sergio García más selectivo, quizá más pausado y eligiendo bien cuándo ir a la guerra y cuándo esperar el momento. No atosigó tanto a su rival, no le lanzó el aliento de manera tan constante a la oreja sin permitirle respirar. Supo esperar porque, en el fondo, sabía que no le convenía el intercambio de golpes. Su rival tenía armamento de sobra para hacer daño y, por encima de todo, había que ser inteligente en el ring. Y ‘El Niño’ siempre lo es. Sale con una estrategia bien diseñada y, por ahora, ha demostrado ser la buena cada día que ha saltado al ring.

El boxeo es tan particular que un solo golpe puede cambiar toda una carrera y, por supuesto, todo un guión establecido. Un boxeador puede llevar meses preparando una pelea de una forma pero, en cuanto recibe una buena mano que le deja más para allá que para acá, ya nada vale. Sergio García todavía no ha pasado por ahí. Falta conocer cómo reacciona ante una crisis seria o incluso una caída aunque, por lo menos, ya ha dejado acreditado que encaja bien. Por de pronto, el sábado se encontró, como punto de partida, a un rival que salió a comérselo y que bien podría haberle puesto nervioso, pero no sucedió. Si la pasada semana titulaba este periódico que Rabchanka era un ‘témpano de hielo’, más de lo mismo se puede decir del cántabro. El tipo no se inmuta. Le da igual que haya un Vicente Trueba lleno hasta la bandera coreando su nombre y generando una expectación que se desbordaba por todas partes. Él no cambia el gesto. Transmite una tranquilidad y un sosiego que parece estar más en misa que a punto de partirse la cara con un bielorruso que se ha medido a Tony Harrison y Kell Brook.

Rabchanka demostró ser un buen boxeador. También confirmó en cuanto sonó la campana que había viajado a Torrelavega para ir a por todas. En el fondo, era su último tren y pugnó en seguida por hacerse con el centro del ring conectando buenos golpes y sorprendiendo al púgil local y, sobre todo, al aficionado. Aquello iba a ser complicado. Todo el mundo, empezando por el último aficionado y terminando por el propio boxeador, tuvieron que enfundarse el buzo y coger el pico y la pala. Iba a haber que trabajar mucho para salir de allí con una sonrisa.

Aquel primer asalto se lo llevó el bielorruso. No fueron pocos, también este cronista, los que interpretaron que fue el único que se llevó. A partir de ahí, quizá el noveno pudo resultar empatado, pero el resto se los metió todos en el bolsillo el boxeador cántabro. De esta manera pensó también el juez que concedió un 119-110, más contundente aún fue el que dio un 119-109 y un poco más apretada vio la cosa el que escribió 117-111. Lo importante es que el cinturón se quedó en el Kronk por unanimidad.

Entero. El aspirante no se amilanó en ningún momento y ni siquiera sucumbió ante el ritmo que suele poner Sergio García a los combates. Éste tiene la virtud de conseguir que el tiempo no pase para él y sí para sus rivales, pero lo cierto es que el bielorruso llegó entero e incluso mostró muy buena impresión en los asaltos finales para intentar ya una remontada por la vía rápida. En cada uno de los capítulos de la historia tuvo argumentos para castigar a su rival y lo cierto es que conectó buenos golpes. Siempre dio la cara pero también dio la sensación de que siempre hacía algo más el cántabro para llevarse las puntuaciones a su favor.

‘El Niño’ trabajó mucho por dentro. Su rival quiso hacer pequeño el ring yendo con decisión hacia él pero el campeón le mantenía a distancia con el jab y los uno dos que abrían hueco con la izquierda y remataban con la derecha. El cántabro, que apenas lanzó atacas abajo, le encontró bien con el gancho y también con derechas por fuera que fueron dejando marca en el rostro del aspirante, que, aún así, siempre mantuvo el tipo. Le costó encontrarle porque el cántabro volvió a demostrar un gran sentido de la distancia haciendo que Rabachanka contabilizara un buen número de manos al aire, lo que vacía tanto como frustra. Víctor Iglesias ya había destacado la puntería del bielorruso a la hora de seleccionar sus golpes y, desde ese punto de vista, le sacaron de escena.

El cántabro estuvo rápido de piernas y constante en el ataque, sin huir nunca de los intercambios cuando tocaba. De hecho, salía bien de ellos enganchando buenos golpes cuando se abría aire entre los dos. Rabchanka alternó sus defensas haciendo pensar a ‘El Niño’, que en la fase central del combate dio la sensación de controlar la velocidad de la contienda relajándola cuando hacía falta. La diferencia entre ambos venía escrita en sus rostros. Mientras que el torrelaveguense podía sentarse a comer en casa sin que nadie le preguntara qué le había pasado, el bielorruso no podía permitir que le viera su madre. Ya desde el tercer asalto enseñó un ojo izquierdo muy castigado con algo de sangre. Sin embargo, su esquina trabajó bien y no fue ningún impedimento para su boxeo a partir de ahí. También se abrió la ceja derecha del campeón, pero fue por uno de esos codazos que sacó a pasear Rabchanka, sobre todo en la fase final de la contienda.

El bielorruso se sabía inferior. Para empezar, era bien consciente de que para ir a casa del campeón y querer llevarse el cinturón a los puntos hay que hacer mucho más. Para continuar, se hizo evidente la superioridad del cántabro, que se sabía campeón en cuanto sonó la campaña por última vez. Sin embargo, lo verdaderamente sintomático no es esto, sino que también su rival lo sabía. Es cierto que ‘El Niño’ hace tiempo que no tumba a nadie ni que termina un combate antes de tiempo, pero sí concluye sus trabajos sin necesidad de que se genere demasiado suspense sobre a quién darán los jueces vencedor. Y puede que no contabilice como KO, pero se le acerca mucho.

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