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El Diario de Cantabria

‘El Niño’ disfruta de nuevo

Cumplió con el guión ganando con claridad al francés Trenel, que dejó de sacar manos en el cuarto asalto porque bastante tenía con fajarse del acoso de su rival | El cántabro recuperó su mejor versión y venció por KO en el sexto

191220 TORRELAVEGA
BOXEO
FOTO NACHO CUBERO
‘El Niño’ sometiendo a un gran castigo a Trenel. / Hardy
‘El Niño’ disfruta de nuevo

Lo de menos fue el resultado, ya que no podía ser otro. Lo mejor fue ver a Sergio García motivado, hastiado de recibir fuera del ring los golpes que no recibe dentro y con ganas de volver a enseñar su mejor boxeo aunque no sirviera para acumular un nuevo título europeo, que es lo que estaba previsto. «Si me brindan a mí una oportunidad como la que tenía Hakobyan, voy incluso con el hombro roto», dijo después del combate con el resquemor por lo sucedido aún presente. Lo que sucede es que no todos están hechos de su misma pasta. Él sabe bien que nunca le han regalado nada y que siempre ha estado dispuesto a pelear con quien haga falta y donde haga falta. Son los demás los que se tiran del barco, pero el camino elegido es el correcto. Mientras llegan las oportunidades que ansía para dejar atrás un continente que ya se le va haciendo pequeño, lo que ha de hacer es lo que hizo el sábado por la noche. Es decir, mostrar su mejor versión, pasar página y soñar con que el 2021 traiga todo lo que había prometido el 2020.

‘El Niño’ encontró el KO el día que con menos ansiedad había salido a buscarlo. Tras pecar de ansiedad en agosto, quiso tomarse con más calma el combate, trabajarlo más y volver a su mejor versión. Es consciente de que es un boxeador que no hace daño con golpes definitivos, sino que su mayor peligro está en su constancia, en su tremendo y constante martilleo que no deja a los rivales ni respirar ni responder. No saben dónde meterse como no supo dónde meterse el francés Gregory Trenel, que desde el cuarto asalto ya renunció a sacar manos y a intentar frenar de la mejor manera posible las acometidas del cántabro. Y es normal. Sergio García llevaba encima la preparación propia de un campeonato de Europa mientras que el francés no supo hasta el martes que iba a pelear y, además, no lo hacía desde febrero. La diferencia tenía que ser evidente a la fuerza y, sobre todo, una vez superado el ecuador del combate.

Por eso no tenía sentido alargarlo mucho más. Una vez que el árbitro vio que el púgil galo no respondía, que no boxeaba y que sólo intentaba fajarse del ídolo local, el tercer hombre sobre el ring decidió parar la pelea. Era el sexto asalto y el juez conocía bien lo que había sucedido durante la última semana, por lo que era consciente de que, a esas alturas, no había capacidad de respuesta posible por parte de Trenel. Sólo se podía hacer daño y, una vez que vio cómo aceleraba el ritmo Sergio García y cómo cada vez llegaban manos más claras, decidió decir basta de manera correcta y comprensible.

El boxeador francés se presentó con una musculatura muy poco definida, un movimiento tosco de piernas, una defensa adelantada y una sonrisa que al principio era de provocación y luego fue de resignación e impotencia. Dio la impresión de que iba a ser un boxeador que iba a salir con la intención de sacar al cántabro de sus casillas, de alterar su guión a base de provocarle y romper así las distancias para aceptar un intercambio de golpes. Sólo así tenía alguna oportunidad, pero cuando ‘El Niño’ está como debe estar, rara vez se sale de la estrategia marcada desde la esquina por Víctor Iglesias.

La mayor envergadura del torrelaveguense invitaba a boxear desde la distancia y presumiendo de un elegante baile de piernas que, comparado con el movimiento del francés por el ring, era toda una danza. Sergio García comenzó marcando territorio con el jab, evaluando qué traía su rival y empezando a trabajar para encontrar el lugar por el que pasar. Enseñó un buen repertorio de golpes por arriba, por abajo, con derechas cruzadas e incluso el gancho. El segundo asalto ya lo cerró enjaulando a su oponente en la esquina.

A partir del tercer acto, los golpes empezaron a ser más certeros. El ritmo del campeón de Europa sacando manos era constante y hacía irrespirable la experiencia para su oponente, que se tragó derechas clarísimas y golpes abajo que se dejaron sentir. El cántabro golpeaba a diferentes alturas, estaba disfrutando y, cuando acudía a la esquina tras cada tañido de campana, se sentaba en la banqueta a analizar lo que estaba sucediendo con su entrenador como si fuera la parada para el cigarrillo. Un día en la oficina. Pero el día no era sencillo porque hubo que trabajar mucho mentalmente para mantener la motivación intacta.

Fue en el cuarto acto cuando el ritmo comenzó a acelerarse y cuando comenzó a enseñar de verdad ese ritmo frenético que por ahora no le ha aguantado nadie. El cántabro está pidiendo a gritos boxear de una vez con alguno de los verdaderamente grandes del continente o saltar ya el charco porque este techo ya se lo conoce. Ni siquiera tener el cinturón europeo le garantiza rivales que le hagan crecer porque quienes aspiran a él prefieren esperar a otro momento y a otro campeón y quienes ya lo ven como algo pasado, algo ya hecho o algo demasiado pequeño, no miran atrás, sino hacia delante. Está en un momento en el que su equipo deberá trabajar más en el despacho que él en el ring.

Al menos, es de los pocos que ha podido pelear dos veces en plena pandemia, algo de lo que tiene buena culpa la reaparición de ‘Maravilla’ Martínez. En agosto no disfrutó pero sí lo hizo este pasado fin de semana ante un rival al que sólo quedó aplaudir porque, en las circunstancias en las que había aceptado el combate, a nadie le habría sorprendido que a la mínima acometida de ‘El Niño’ hubiera puesto rodilla en tierra. No lo hizo. Le tuvieron que parar el combate y él ni siquiera quería. Un boxeador nunca quieren que se lo paren y mucho menos deja pasar la oportunidad de su vida porque le duela el hombro.

‘El Niño’ disfruta de nuevo
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