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El Diario de Cantabria

REMO

Los bateles, a los despachos

Santoña tenía decidido ayer recurrir el Campeonato de Cantabria al comité cántabro de disciplina deportiva y a la Federación Española y Astillero lo estaba pensando

Zona de embarque en Punta Parayas. / Ibáñez
Zona de embarque en Punta Parayas. / Ibáñez
Los bateles, a los despachos

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Era difícil que las cosas salieran peor. El Campeonato de Cantabria de bateles que se disputó el pasado fin de semana fue un desastre de principio a fin porque, cuando todo empieza con una mala idea, es muy posible que se vaya generando una bola de nieve que después se haga incontrolable. Todo fue un cúmulo de malas decisiones por parte de la Federación Cántabra que, sumado a una colección de desgraciadas desdichas que potenciaron las consecuencias de todo lo sucedido, desembocó en un episodio que aún puede tener recorrido por los recursos que están dispuestos a llevar al Comité Cántabro de Disciplina Deportiva algunos de los afectados. IRC Santoña está decidido y en Astillero aún estaban pensando ayer si hacerlo o no.

«Estos van a acabar haciendo bueno a Cotono», se oía una vez sucedido todo. Pocas cosas peores se le pueden decir a alguien que pretende organizar un campeonato de remo. Si por algo se caracterizan los de bateles es por su duración, ya que las jornadas se suelen hacer eternas por la gran colección de tandas que suelen salir a competir. Van desde los alevines hasta los senior tanto en su versión masculina como femenina. Sin embargo, el sábado se ahorró tiempo porque los organizadores decidieron que, en vez de realizar las clasificatorias de manera convencional, saliera primero una tanda y a los dos minutos la otra. Ningún club se quejó. Y quizá es lo primero que tenían que haber hecho.

Durante buena parte de la clasificatoria senior masculino, hubo siete bateles en el agua. Y, tras una ciaboga, Camargo y Trasmiera chocaron sus palas. Uno salía de la maniobra y otro entraba avanzando por una misma calle. Para los jueces era difícil dictaminar quién iba en su calle y quién no porque tampoco había ojos para todos al haber tantas embarcaciones compitiendo a la vez. De haber sido una tanda convencional, habría habido alguien en su posición y podría haber dictaminado quién había roto la línea imaginaria que marca la boya. 

El toque de palas podría haber quedado en una sanción de pocos segundos para uno o para los dos y, posiblemente, no habría tenido consecuencias porque ambos damnificados tenían pinta de que se iban a clasificar para la final sobrados. Sin embargo, la mala suerte hizo que los trasmeranos rompieron un remo. Ahí la cosa se complicaba porque había un bote que había quedado anulado. En primer lugar, eliminaron a Camargo pero, después, en la primera decisión salomónica del fin de semana, eliminaron también a Trasmiera.

En teoría, ambos recurrieron dicha decisión de los jueces, que no solventaron dichos recursos hasta la mañana siguiente. «Con nocturnidad», decían ayer algunos de los perjudicados. Y dicho recurso se resolvió con una nueva decisión salomónica que, en el fondo, ayudó a complicar aún más todo lo que estaba pasando y a hacer más profundo el agujero que los organizadores estaban cavando. A eso de las diez de la mañana, seis horas antes de que arrancaran las finales, trasladaron este mensaje a los clubes: «Una vez vistas todas las alegaciones y reclamaciones presentadas a este comité en tiempo y forma a la resolución tomada al finalizar la primera jornada del campeonato y teniendo en cuenta los antecedentes y aplicando los reglamentos en vigor, se toma la siguiente decisión para la final en la categoría senior masculino: modalidad contrarreloj a una calle, al minuto, dos tandas según la clasificatoria del 14 de abril». 

Para salvar a los dos eliminados, se inventaron una final a siete y, además, en formato contrarreloj. Aquello se parecía a aquella ocasión en la que quisieron descender al Sevilla y al Celta y, cuando quisieron rectificar, se inventaron una liga de 22. Todos adentro. Obviamente, hubo quien se sintió perjudicado porque habían reenganchado a la competición a dos bateles que, además, tenían opciones de luchar por las medallas. De hecho, uno de ellos terminó llevándose el campeonato y el otro fue tercero. Es otro punto en el que la Federación tuvo especial mala suerte, ya que quizá la historia habría sido un poco menos mediática si no hubiera ganado uno de los que había sido eliminado el día anterior. Es algo que vendía mal.

Los ánimos se fueron caldeando durante toda la mañana del domingo y, para empezar, tanto IRC Santoña como AN Castro decidieron salir al agua pero sin competir. De paseo. Fue la manera que encontraron de protestar por lo que consideraban un cúmulo de decisiones equivocadas. Astillero sí salió a un ritmo de paladas más competitivo pero con la cabeza puesta en otra parte y, para colmo, viéndose perjudicados por el paso de un barco que levantó olas. Al final, se les escapó el campeonato (el primero en casi cinco años) y fue entonces cuando comenzó el jaleo más serio. .

Desde Astillero, tanto los que estaba a bordo del batel como los que estaban en la mesa de delegados, señalaban directamente a la Federación sin querer cargar contra Camargo, que dio la campanada al hacerse con un título que, en verdad, apenas ha podido disfrutar. El enfado fue yendo a más y, de hecho, cuando pasó un coche de la Federación, un remero quiso darle un golpe para liberar toda la carga que llevaba dentro con la mala fortuna que rompió incluso la luna. Todo fue a peor.

Nada más terminar la prueba, Santoña y Astillero impugnaron la regata aunque, sobre todo desde este último club, se quejan de que no les quisieron recoger el escrito y que finalmente lo hicieron «de mala manera y sin un recibí ni nada». Los santoñeses argumentaron la impugnación por «incumplimiento de la normativa y el reglamento, en el cual en ningún momento se menciona la posibilidad de una final a siete participantes a contrarreloj mientras que el resto de categorías se ha disputado en tandas de cuatro participantes». Advertían, además, de que dicha impugnación la llevarían a la Federación Española de Remo e incluso al Consejo Superior de Deportes.

En Astillero se aferran, sobre todo, a lo que pone en el artículo 2.8 del reglamento de la propia Federación. Éste dice lo siguiente: «Podrán celebrarse regatas en línea y/o contrarreloj, pero en ningún caso en campeonatos regionales u otras regatas de banco fijo que formen parte del calendario de la FER o pruebas que den acceso a las mismas». Parece, por lo tanto, que hay poca duda de que lo sucedido el pasado fin de semana todavía puede dar mucho más de sí.

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