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El Diario de Cantabria

REMO

Lo que pudo haber sido

  • Astillero recorta un punto a San Pedro y se coloca a su altura en la general
  • La ‘San José’ llegó a comandar la tanda en medio de una mar complicada con sus dos rivales en los últimos puestos, pero falló en el último largo
Los remeros de la ‘San José’, haciéndose fotos con sus aficionados. / Aitor Arrizabalaga / Eusko Labell LIga
Los remeros de la ‘San José’, haciéndose fotos con sus aficionados. / Aitor Arrizabalaga / Eusko Labell LIga
Lo que pudo haber sido

Nada era lo que parecía ayer en La Concha. Si uno se asomaba por la valla de la zona del acuario, que es donde se concentra la mayor parte de la afición cuando hay regatas en San Sebastián, daba la impresión de que la mar estaba en calma, acorde con esa sensación de bochorno que dominó el día. Pero engañaba. Era todo mentira. En cuanto las traineras se fueron más allá de la isla, se encontraron con un panorama enormemente duro. Que se lo pregunten a los patrones, que

ayer tuvieron que sudar la gota gorda para mantener la dirección del bote cuando tocaba mirar hacia la playa. No había grandes olas, pero sí una mar que castigaba a golpes, tramposa, como si algo o alguien quisiera interrumpir el avance de los barcos. Con semejante panorama, quedó claro que la regata se iba a decidir en los largos de vuelta. Como casi siempre en la mar. Y Astillero acertó en el segundo pero falló en el cuarto, cuando vio escapar a unos compañeros de viaje con los que había caminado de la mano hasta el último cambio de dirección.

Ahí se le cayó el cántaro de leche y se arruinaron las cuentas que cada aficionado vestido de azul había hecho hasta ese momento.

Porque Astillero tuvo momentos en los que dio razones a los suyos para echar la imaginación a volar y, sobre todo, las ilusiones. Comandó su tanda durante algunos de los más de 21 minutos que duró, lo que ya da muestras de la dureza que presentó la jornada. Y no sólo fue proa de regata en diferentes momentos, sino que Cabo llegó a meterse entre los cántabros y sus dos grandes y, en la práctica, únicos rivales de este verano. La tarde podía ser perfecta. Hubo quien se frotó las manos y que soñó no sólo con salir de la capital guipuzcoana sin el farolillo rojo en su popa, sino habiéndose acercado a Lekittarra. Sin embargo, de pronto tropezó en una piedra y el cántaro de leche se rompió. Todavía va a haber que remar mucho. Eso ya lo sabían de antemano.

Las condiciones de la mar exigían una enorme pericia, una técnica depurada que sólo conceden la sabiduría, la experiencia y el entrenamiento. Aún así, Ruiz Camus echó mano de Iván Gómez para patronear la ‘San José’. Era la primera vez esta temporada que le concedía una regata de mar y tuvo ante sí la oportunidad de confirmar las grandes sensaciones que ya había enseñado hace dos años cada vez que se complicaba el panorama. Para empezar, la ‘San José’ fue la más rápida ciabogando de entre las traineras del primer acto. Buena señal. De hecho, sólo en los giros, la trainera azul le sacó cuatro segundos a la ‘Libia’. Eso es mucho. Es partir con una embarcación de ventaja e impidió que los de morado, que desde el principio dejaron claro que no era su día,

Nada era lo que parecía ayer en La Concha. Si uno se asomaba por la valla de la zona del acuario, que es donde se concentra la mayor parte de la afición cuando hay regatas en San Sebastián, daba la impresión de que la mar estaba en calma, acorde con esa sensación de bochorno que dominó el día. Pero engañaba. Era todo mentira. En cuanto las traineras se fueron más allá de la isla, se encontraron con un panorama enormemente duro. Que se lo pregunten a los patrones, que ayer tuvieron que sudar la gota gorda para mantener la dirección del bote cuando tocaba mirar hacia la playa. No había grandes olas, pero sí una mar que castigaba a golpes, tramposa, como si algo o alguien quisiera interrumpir el avance de los barcos. Con semejante panorama, quedó claro que la regata se iba a decidir en los largos de vuelta. Como casi siempre en la mar. Y Astillero acertó en el segundo pero falló en el cuarto, cuando vio escapar a unos compañeros de viaje con los que había caminado de la mano hasta el último cambio de dirección. 

Ahí se le cayó el cántaro de leche y se arruinaron las cuentas que cada aficionado vestido de azul había hecho hasta ese momento. 

Porque Astillero tuvo momentos en los que dio razones a los suyos para echar la imaginación a volar y, sobre todo, las ilusiones. Comandó su tanda durante algunos de los más de 21 minutos que duró, lo que ya da muestras de la dureza que presentó la jornada. Y no sólo fue proa de regata en diferentes momentos, sino que Cabo llegó a meterse entre los cántabros y sus dos grandes y, en la práctica, únicos rivales de este 

verano. La tarde podía ser perfecta. Hubo quien se frotó las manos y que soñó no sólo con salir de la capital guipuzcoana sin el farolillo rojo en su popa, sino habiéndose acercado a Lekittarra. Sin embargo, de pronto tropezó en una piedra y el cántaro de leche se rompió. Todavía va a haber que remar mucho. Eso ya lo sabían de antemano. 

Las condiciones de la mar exigían una enorme pericia, una técnica depurada que sólo conceden la sabiduría, la experiencia y el entrenamiento. Aún así, Ruiz Camus echó mano de Iván Gómez para patronear la 

‘San José’. Era la primera vez esta temporada que le concedía una regata de mar y tuvo ante sí la oportunidad de confirmar las grandes sensaciones que ya había enseñado hace dos años cada vez que se complicaba el panorama. Para empezar, la ‘San José’ fue la más rápida ciabogando de entre las traineras del primer acto. Buena señal. De hecho, sólo en los giros, la trainera azul le sacó cuatro segundos a la ‘Libia’. Eso es mucho. Es partir con una embarcación de ventaja e impidió que los de morado, que desde el principio dejaron claro que no era su día, 

también se había echado encima de los vizcaínos y, de hecho, éstos iniciaron el segundo largo en tercer lugar. Sin embargo, pronto volverían a poner las cosas en su sitio. Sobre todo, aprovechando un ligero problema que, en un momento dado, tuvo la trainera cántabra para mantener la dirección correcta. Los azules corrigieron a tiempo y en seguida volvieron a la pelea. Tanto es así, que incluso llegaron a recuperar la proa de la regata. 

Fue quizá el mejor momento de Astillero. Cogió una buena ola y vio incuso cómo Lekittarra caía al tercer puesto y cómo San Pedro seguía último. El botín podía ser espectacular. Había que seguir. A los patrones se les veía sufriendo como nunca para mantener el orden. Incluso tuvieron que recibir ayuda de los remeros para no irse a por uvas. La imagen no podía ser más atractiva. El viento, además, parecía ir a más, con rachas que subían de los once a los veinte kilómetros por hora asomándose, además, por donde quería. No había disciplina ninguna ni por arriba ni por abajo. Las traineras estaban rodeadas de enemigos. Era un día para sufrir. Para disfrutar sufriendo porque para vivir tardes así se hace uno remero de trainera en vez de lucir en un barco de banco móvil. 

A Astillero le venía bien el cuanto peor mejor. Parecía a gusto con esa situación. Quizá por eso sufrió más cuando llegó la tranquilidad. De hecho, Lekittarra recuperó la cabeza de la regata justo al ponerse a la altura de la isla. Después, cuando ya el agua se asemejaba más a una calma chicha que a una mar embrutecida, fue Cabo quien creció como una locomotora. Los gallegos recuperaron incluso tres segundos en un abrir y cerrar de ojos hasta colocarse por delante. Los tres grandes protagonistas de la tanda cruzaron el ecuador casi a la vez y, a partir de ahí, de nuevo tocó ir contra la ola. Comenzaba otra historia. 

En días así, los largos de ida parecen ser la calma que precede a la tempestad, como un estado de espera y de silencio hasta que vuelva a tocar cambiar de dirección y se reinicie la batalla. Silencio. Concentración. Cuenta atrás. Los tres botes avanzaron durante buena parte de ese tercer largo en silencio y en dos segundos. Fueron tres al cambiar de dirección. Eso no era nada. Estaba todo por escribir. Iba a haber mucho en juego, sobre todo entre vizcaínos y cántabros. Habitualmente, el cuarto invitado en discordia en esa tanda se desentiende de la pelea de los tres últimos y se va muy por delante, pero ayer no, lo que podía ser positivo para el ganador de la pelea y muy malo para el perdedor. Por eso había que ser el ganador. Ayer era el día. 

A bordo de la ‘San José’ completaron la última ciaboga con esa certeza, pero se rompió la cuerda que le unía a sus rivales. Apenas un minuto después de la maniobra, Lekittarra, que había girado tan abierto que comenzó directamente en la calle dos, cogió una buena ola que logró mantener durante un buen puñado de segundos. Tanto es así, que cuando la perdió ya había alejado a la ‘San José’ a seis segundos y a Cabo, que estaba a la par, a dos. Los 

azules se metieron en un profundo agujero, no supieron librar bien esa mar complicada que quiso romperle el molde y, en poco tiempo, se vieron de pronto a once segundos. Aquello fue un golpe tremendo. Y lo peor es que Cabo estaba en medio. Lo mejor es que, cuando menos, San Pedro estaba por detrás. 

Ver a Lekittarra ganar a Cabo le hizo confiar en que el botín todavía fuera mayor, pero pronto las referencias de la segunda tanda dejaron claro que no había opción de que sumaran más puntos. En esa segunda tanda, Urdaibai dio la mejor imagen de la temporada por delante de Donostiarra, que hizo trabajar a los jueces al echarse encima de Ondarroa tras la última maniobra, pero al final no pasó nada. La bandera, como casi siempre, fue para Orio, que ayer estrenó trainera nueva y que, por encima de todo, dio un golpe tremendo a la liga porque Hondarribia, su más inmediato perseguidor, se hundió entre esos constantes golpes de mar que presentó La Concha. Se han disputado sólo siete jornadas pero la corona ya parece tener dueño. Ahí no hay una gran emoción. La de verdad está en la pelea por la superviviencia, en esa en la que está sumida Astillero. Quizá por eso la mar regaló en ese momento su cara más complicada, ya que después se fue relajando. Parece injusto, pero forma parte del juego. 

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