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El Diario de Cantabria

La asignatura pendiente

Acabado el combate de Londres, Sergio García y Víctor Iglesias hablaron sobre la necesidad de mejorar la pegada para que las muchas manos que lanza el cántabro castiguen más

Sergio García, en su combate con Cheeseman.
Sergio García, en su combate con Cheeseman.
La asignatura pendiente

Cuando el dos de febrero se apagaron las luces del imponente O2 de Londres y Víctor Iglesias y Sergio García se marcharon al hotel, se pusieron a analizar el combate y, lejos de recrearse en toda la colección de cosas buenas que había hecho ‘El Niño’, se centraron en los aspectos a mejorar. No se conforman con lo que son, sino que quieren ir siempre un poco más allá. Y el entrenador entiende que es mejor hacerlo en un contexto de victorias que de derrotas. Y la conseguida en la capital británica había sido las más importante y, sin lugar a dudas, también la más mediática de todas. El boxeador cántabro estaba en su mejor momento, pletórico y, con la adrenalina aún por las nubes, con la sensación de que nadie podía con él. Sin embargo, ambos se sentaron y reflexionaron. Tenían muy claro que aquella nube en la que estaban no era su techo.

Aquella noche, en la intimidad que otorga estar lejos de casa, hablaron sobre la necesidad de mejorar la pegada. Entendía el técnico que con todas las manos que había recibido Cheeseman, había que haber hecho más daño. Quizá no debía haber llegado hasta el final. Es cierto que quien viera el mapa en el que quedó convertido el rostro del británico podía no dar crédito a dicha afirmación, pero quien viera el combate es fácil que estuviera de acuerdo. Por eso ambos acordaron que era un aspecto de su boxeo en el que había que centrarse en el futuro cercano para mejorar, para ser más peligroso y, en definitiva, poder mirar todavía más alto, ya que tienen claro que llegará un momento en el que cada golpe cuente. Y en ello han estado.

Sergio García quizá no pegue tan fuerte y duro como otros, pero pega mucho. Más que nadie. Impone un ritmo a sus combates que resulta inaguantable para quien le espera desde la esquina opuesta. Nadie ha podido frenarle aún. Ni siquiera ha sido alguien capaz de ponerle en serios aprietos y generar una cierta dosis de incertidumbre. No permite a los oponentes enseñar su boxeo porque les asfixia. Son incontables las manos que saca y, por esa razón, por mucho que no le pesen, acaba haciendo enorme daño. El castigo para los rivales suele ser severo de igual modo. El daño quizá llegue un poco más tarde, pero acaba llegando.

La resistencia de los oponentes crece conforme lo hace el nivel de los mismos. Es lógico. Lo dicta la propia trayectoria de Sergio García, que, aunque hoy en día no sea un púgil noqueador, comenzó su carrera acabando de manera habitual por la vía del cloroformo. De hecho, ocho de sus once primeros combates acabaron antes de tiempo, lo que, en definitiva, impidió que el cántabro acumulara asaltos, que era algo que le hacía falta después de pasar tan rápido al campo profesional. A partir de ahí, su porcentaje de KOs (tiene trece de veintinueve) se redujo considerablemente, pero aún ofreció alguno espectacular. Para el recuerdo quedará, por ejemplo, el correctivo que le dio a López Clavero en aquel Campeonato de España que generó un ambiente inigualable en el Mercado de Ganados.

Después de aquel, sólo ha conseguido otros dos, pero quien le ha seguido sabe que podían haber sido más. Ha habido combates de transición que los podía haber acabado por la vía rápida. Incluso los ha habido importantes que también. Por ejemplo, Felice Moncelli, que boxeó por el título Silver que ‘El Niño’ le había ganado a ‘Chaca’, se retiró por un problema en su muñeca pero aquello olía a chamusquina. Quien estuvo presente vio una notable superioridad que hacía improbable llegar al duodécimo asalto. Y más de lo mismo sucedió con Beaussire cuando el cántabro saltó por fin en busca del trono europeo. Aquel fue un buen ejemplo de una constante labor de desgaste que acabó desfondando al francés, que, aún así, mostró toda su bravura y en todo momento se fue con descaro a por el cántabro. Hubo un momento, llegado ya al noveno asalto, en el que Sergio García le comunicó a su esquina que veía a su rival maduro y que había posibilidad de tumbarle. Quiso ir a por él pero su equipo, fiel en todo momento a la táctica trazada por Víctor Iglesias, que siempre ha demostrado ser la buena, no se quiso desviar de ahí. Entendieron que no tenía sentido arriesgar porque el combate ya estaba ganado.

Quizá no le pese la mano, pero boxear contra ‘El Niño’ se acaba haciendo duro y doloroso. Lo que quieren es mejorar esos golpeos para que minen más al rival porque su esperanza es toparse algún día no ya con los mejores de Europa, sino también con los del Mundo. Y eso exigirá un golpeo más duro que no dé respiro al oponente y castigue más sus peores momentos. En ello han estado trabajando en el Kronk para intentar que, desde este mismo sábado, el primer combate después de aquel recordado en Londres, se note una evolución en ese sentido. Todo ello, obviamente, sin perder la personalidad que ha adquirido el cántabro y manteniendo ese alto ritmo que, en el fondo, le hace ser quien es. Cada rival exige una estrategia en concreto y Víctor Iglesias ya trazó la que cree buena para derrotar a Rabchanka hace tiempo. Y su pupilo la tiene ya bien asimilada.

Saben que el bielorruso cuenta con casi un 70% de KOs y que, por lo tanto, por muy bien que vaya la pelea para el púgil local, siempre va a estar presente la incertidumbre y la posibilidad de que Rabchanka coja una buena mano. Porque tiene experiencia, sabe salvar momentos y aprovechar los suyos. Dice Víctor Iglesias que, más que pegada, lo que tiene es puntería, por lo que habrá que moverse bien. Y ‘El Niño’ lo suele hacer. Del mismo modo que han estado trabajando en mejorar el ataque, la evolución defensiva de Sergio desde que empezó es más que evidente. No ha dejado de crecer en ese sentido ni en ningún otro. Hace tiempo que se hizo mayor.

Las entradas para el sábado, a punto de agotarse
La expectación que ha levantado la velada del próximo sábado ha sido enorme. De hecho, es fácil decir que no tiene precedentes en Cantabria porque no es fácil encontrar un cartel con tres campeonatos continentales más otros cuatro combates profesionales. Si algo se echaba de menos en las apariciones de ‘El Niño’ en Torrelavega, incluso en aquellas con títulos importantes en juego, como el Silver o el mismo Campeonato de Europa, fue que su aparición no estuviera respaldada por más peleas de pago. Y da la sensación de que se ha pasado de la nada al todo en ese sentido, ya que no ha habido término medio. Primero ha sido importante comprobar la expectación y el interés cada vez más creciente que ha ido generando el púgil cántabro para, a partir de ahí, abrir la posibilidad a que Maravillabox, de la mano del Kronk, se hayan decidido a lanzar una apuesta así. Y lo mejor es que la gente ha respondido.
De no haberlo hecho, habría resultado absurdo repetir. Son más de tres mil quinientas las localidades que ya hay vendidas y, de hecho, no son muchas las que quedan ya disponibles. Éstas siguen en ‘marcaentradas.com’ mientras que esta misma tarde se dejarán más en el Kronk para quien la quiera adquirir físicamente. Lo cierto es que contar con más combates profesionales no sólo resulta un atractivo extra para los aficionados locales, sino que también hace que se acerquen otros de comunidades vecinas para ver a sus respectivos boxeadores. Así, se da por hecha la presencia de un buen número de seguidores vizcaínos para ver en acción a Jon Fernández, que es un púgil que siempre da un buen espectáculo y que cuenta con una buena nómina de fieles. Además, la exhibición de Sergio García en Londres, que fue televisada, a buen seguro que también atraerá a aficionados al boxeo de otros territorios cercanos que quizá no le hayan visto nunca en directo y quieran disfrutar de la experiencia. Todo suma. Lo importante es que no quepa un alfiler en el Vicente Trueba para que un espectáculo así no sea flor de un día.

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