Dos fuegos, ocho ciudades y un estadio al borde del adiós: así nació Milán-Cortina 2026
Los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 ya son historia desde su ceremonia de apertura. Una inauguración inédita en el olimpismo, marcada por la dispersión territorial, la presencia de dos pebeteros y un escenario nunca visto que unió la gran ciudad con la montaña en un territorio de más de 22.000 kilómetros cuadrados.
La apertura se celebró con sede principal en San Siro, pero repartida entre varias localidades, reflejo del espíritu de estos Juegos. Milán, Cortina d’Ampezzo, Predazzo, Tesero, Anterselva, Bormio, Livigno y Verona, que acogerá la clausura, formaron parte de un desfile sin precedentes, con deportistas de una misma delegación apareciendo en distintas ciudades.
El reto organizativo fue superado con éxito. La ceremonia combinó emoción, ritmo y simbolismo, convirtiéndose en la primera de la historia en romper la unidad espacial del desfile olímpico. Un reflejo claro de unos Juegos Olímpicos de Invierno diseñados para ser los más extensos y ambiciosos hasta la fecha.
El estadio Giuseppe Meazza, en su último gran acto antes de su demolición, fue el epicentro del evento. En el centro del campo, un escenario circular del que partían cuatro caminos simbolizó la conexión entre las ciudades anfitrionas, reforzando la idea de armonía territorial que define a Milán-Cortina 2026.
Italia marcó el tono desde el inicio. La primera escena rindió homenaje a la belleza clásica italiana y a Antonio Canova, con bailarines inmóviles recreando esculturas icónicas del neoclasicismo. La estética de mármol y equilibrio dio paso a una transición hacia la música y el color, con la actriz Matilda De Angelis como figura central guiando a los grandes compositores italianos.
La ceremonia se llenó de movimiento con la aparición de los colores primarios y coreografías repartidas por todo el estadio. Hubo espacio para la cultura popular, con un homenaje a Raffaella Carrà, y para la música internacional, con una actuación destacada que elevó la intensidad en un San Siro abarrotado.
Uno de los momentos más simbólicos llegó con la aparición de un tranvía recorriendo las calles de Milán, uniendo la ciudad con el estadio. El recorrido culminó con la presencia del presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, y de Valentino Rossi, icono del deporte italiano, provocando una de las grandes ovaciones de la noche.
La ceremonia también tuvo un fuerte componente emotivo con el homenaje a Giorgio Armani, referente de la moda italiana fallecido en 2025. Italia presentó su bandera en forma de desfile, con diseños del propio Armani en los colores nacionales, antes de que los Coraceros izaran el estandarte mientras Laura Pausini interpretaba el himno italiano.
El mensaje central volvió a escena con una coreografía que simbolizó la unión entre Milán y Cortina d’Ampezzo. La ciudad frente a la montaña, lo urbano frente a lo tradicional. Dos mundos destinados a encontrarse para dar forma a unos Juegos únicos. El abrazo final de los bailarines representó esa fusión necesaria para sostener un proyecto olímpico de esta magnitud.
Con el emblema olímpico formado en el aire y envuelto en fuego y pirotecnia, comenzó el desfile de las 92 delegaciones participantes, encabezado por Grecia, como marca la tradición. Un desfile fragmentado, pero cohesionado por el simbolismo del territorio compartido.
Las autoridades ocuparon el palco para el acto oficial. Kirsty Coventry, presidenta del COI; Giovanni Malagò, presidente de la Fundación Milano Cortina; y Sergio Mattarella, que declaró inaugurados los Juegos Olímpicos de Invierno 2026.
La ceremonia alcanzó su clímax con la interpretación operística de Andrea Bocelli y la entrada de leyendas del fútbol italiano para entregar la antorcha. Tras un mensaje de paz y la interpretación del himno olímpico, llegó el momento más esperado.
Los dos pebeteros fueron encendidos de forma simultánea. En Milán, en el Arco de la Paz, lo hicieron Alberto Tomba y Deborah Compagnoni. En Cortina d’Ampezzo, en la Plaza Dibona, fue Sofia Goggia la encargada de prender el fuego olímpico.
Así comenzó Milán-Cortina 2026, unos Juegos Olímpicos de Invierno ya históricos por su formato, su simbolismo y su capacidad para unir ciudad y montaña bajo un mismo fuego.