Ryder Cup

Europa sobrevive a la embestida de Estados Unidos y conquista la Ryder Cup

Con esta victoria, Europa encadena nueve triunfos por solo tres de EE. UU. en lo que va de siglo, confirmando que la Ryder ya no entiende de favoritismos históricos

El golfista profesional español Jon Rahm, del Equipo Europeo en la Ryder Cup. /  David Davies
El golfista profesional español Jon Rahm, del Equipo Europeo en la Ryder Cup. / David Davies

Europa volvió a demostrar que su dominio en la Ryder Cup no es casualidad. En el siempre hostil territorio estadounidense, esta vez en el bullicioso y encendido ambiente de Bethpage, Nueva York, el combinado capitaneado por Luke Donald resistió una embestida furiosa de Estados Unidos en la jornada de individuales y terminó imponiéndose por 15-13, logrando así su quinta victoria en suelo americano.

El Viejo Continente, que durante décadas vivió sometido a la aplastante superioridad norteamericana hasta la ampliación del equipo en 1979, ha cambiado la historia: en pleno siglo XXI el marcador global ya es de 9-3 a favor de Europa.

El héroe inesperado

En una edición plagada de tensión y de giros dramáticos, el golpe definitivo llegó de la mano de un hombre poco habitual en los grandes focos: Shane Lowry. El irlandés, de físico rotundo y carácter entrañable, se transformó en el símbolo de la resistencia europea. Su putt en el 18 frente a Russell Henley, que sellaba las tablas en su partido y aseguraba el punto número 14 para Europa, desató la locura. Lowry giró sobre sí mismo, agitando brazos y piernas con torpeza y gracia a la vez, como si en el green sonase la música de El lago de los cisnes.

“Le dije a mi caddie que podía lograr la victoria más importante de mi vida, y lo he conseguido”, confesó entre lágrimas. No era el triunfo individual del Open Británico 2019, era algo más grande: era ser la bisagra de un equipo entero.

El susto de la reacción americana

La última jornada se puso cuesta arriba. Europa arrancó con ventaja, pero la carga estadounidense fue brutal. Xander Schauffele desactivó a un desacertado Jon Rahm, Bryson DeChambeau protagonizó una remontada increíble contra Matt Fitzpatrick, y Justin Thomas y Scottie Scheffler también cumplieron con victorias. Durante varias horas, los marcadores teñidos de rojo encendieron las alarmas.

Sólo Ludvig Aberg logró una victoria clara en los individuales, mientras que veteranos como Justin Rose tuvieron que sufrir para rascar medio punto. La amenaza era real: Estados Unidos barrió la sesión, pero el colchón construido por Europa en las jornadas anteriores se convirtió en un muro infranqueable.

Espíritu de equipo

Más allá de nombres propios, Europa volvió a mostrar lo que tantas veces ha sido su seña de identidad: unidad y espíritu colectivo. Con Viktor Hovland tocado físicamente y Rahm lejos de su mejor nivel, fueron Lowry, McIlroy en su rol de líder moral y jugadores secundarios los que mantuvieron a flote la embarcación.

El recuerdo de Seve Ballesteros, eterno referente de la Ryder, volvió a planear sobre la gesta. Como en tantas ocasiones, el mensaje parecía repetirse: en este torneo, Europa es más que la suma de sus partes.

Una conquista que duele en EE. UU.

La derrota supone un golpe durísimo para Estados Unidos, que soñaba con vengar lo ocurrido en Roma 2023 y sumar su primera Ryder en casa desde 2016. El ambiente fue ensordecedor, con Bethpage convertido en una caldera, pero ni siquiera eso bastó. La sensación de frustración se multiplicó porque, por momentos, la remontada parecía posible.

Al final, el marcador quedó en 15-13, ajustado, agónico, pero suficiente para que Europa retuviese la copa y alargase su hegemonía en la competición.

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