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El Diario de Cantabria

BOXEO

DE LONDRES AL CIELO

Sergio García defiende esta noche en la capital británica su cinturón de campeón de europa contra el imbatido y descarado Ted Cheeseman

‘El Niño’, tranquilo y con las manos en los bolsillos, tras cumplir con el peso.
‘El Niño’, tranquilo y con las manos en los bolsillos, tras cumplir con el peso.
DE LONDRES AL CIELO

De Londres eran Charles Darwin, Charles Dickens y Charile Chaplin. También Isaac Newton, Margaret Thatcher y Jack el destripador. Óscar Wilde, Virginia Wolf, Winston Churchill y Willliam Shakespeare también eran de allí. Incluso Winne the Pooh, Harry Potter y los niños de Peter Pan eran de la capital británica. Ha habido y aún los hay muchos londinenses que han pasado a la historia para bien o para mal. Otro que quiere hacerlo es un joven pero osado boxeador que aún no es nadie pero que quiere serlo. Se llama Ted Cheeseman. Se podía haber apodado ‘el hombre queso’ pero ha preferido el más noble ‘the big cheese’, que traducido literalmente quiere decir ‘el gran queso’ pero que en verdad es usado entre los británicos para referirse a gente de poderío e influencia. Él quiere tenerla. Quiere incluso ser campeón del Mundo pero hay alguien que le va a cortar las alas esta noche.

El boxeador británico está hoy ante su combate más exigente hasta la fecha aunque es probable que él todavía no lo sepa. Porque ha hablado de más dando por hecho en las últimas semanas, desde que se cerró el acuerdo para su celebración, que iba a ganar y que, a partir de ahí, iba a echar a volar para convertirse en campeón del Mundo. Es todo un aventurero que, al parecer, no ha medido bien la entidad del púgil que va a tener esta noche delante. Porque se va a enfrentar a Sergio García, un tipo al que, hasta la fecha, nadie ha podido poner en aprietos y que es el actual campeón de Europa, distinción que no se regala.

Es difícil creer que Cheeseman haya sido tan temerario como para infravalorar a ‘El Niño’, pero, por otro lado, también está claro que poco o nada gana habiéndolo hecho. Lo que ha conseguido incluso es echarse sobre su espalda toda la responsabilidad de lo que suceda esta noche. Parece que ya no es el cántabro quien tiene más que perder, sino él mismo por haber generado unas expectativas que ahora está obligado a cumplir para no quedar como un bocazas ante toda su gente. A ésta le ha convencido de que va a ganar con contundencia y claridad. KO antes del cuarto, podrá pensar alguno que sólo le haya escuchado a él sin detenerse a analizar qué va a tener delante. Todas las apuestas le dan por ganador con un amplio margen y, en el fondo, parece que Sergio García va a una matanza, a un matadero donde le van a sacrificar a él para aupar a un nuevo ídolo local, pero a él le viene bien. Déjales que ladren, que dirían en su gimnasio, un Kronk que tampoco se ha dejado cegar por todas las luces que rodean al evento de esta noche. 

El joven aspirante británico va a subir al ring con un pleno de victorias y nueve KOs en sus primeros quince combates. Ha apuntado maneras, se ha mostrado como un púgil trabajador y con pegada y por eso la promotora de Eddie Hearn vio en él posibilidades. Ha lanzado una seria apuesta por él organizándole incluso la velada de esta noche para su uso y disfrute. Puso una importante bolsa encima de la mesa de ‘El Niño’ y por eso éste aceptó la rareza de marcharse a territorio enemigo para realizar su primera defensa voluntaria de su preciado tesoro. Una vez que han llegado a lo más alto a nivel continental, toca amortizarlo. «Hemos venido a jugar», que dirían los concursantes de la tele. 

Da la impresión de que Sergio García se ha metido en una trampa. Es consciente de cómo funciona esto y de que va a tener que ganar muy claramente para salir de allí con el cinturón todavía en su poder. El promotor es el más grande de Europa y uno de los más importantes a nivel mundial. Maneja mucho dinero y quiere construir un campeón con Cheeseman, por lo que no hay que tener duda de para dónde tirarán las cartulinas en el caso de que haya que llegar a ellas. Necesitaría el cántabro ganar al menos nueve asaltos de manera incuestionable y sin ofrecer ningún asidero al que un juez se pudiera aferrar para marcar el 10 en la columna del británico. Es triste pero es así. Así es el juego y ‘El Niño’ lo acepta, por lo que, en el fondo, sabe que para levantar hoy el puño ha de tumbar al gran queso londinense. 

Es cierto que Sergio García no tiene una gran pegada y que no le pesa demasiado la mano, pero pone un ritmo a sus peleas que acaban resultando inaguantables e irrespirables para sus rivales. Así, el secreto para terminar antes del límite está en su frecuencia de golpeo. En lo que el contrario saca una mano, él saca cinco. No le deja coger aire y, al final, a base de tanto castigo puede llegar a sucumbir. Es cierto que de sus últimos doce oponentes, sólo ha tumbado a dos (Alan Casillas y Nelson Altamirano) y que ninguno de ellos tiene un gran cartel, pero tanto él como su entrenador Víctor Iglesias saben que podían haber noqueado a Maxime Beaussire, el francés ante quien alcanzaron el cetro continental en septiembre. En el octavo asalto, ‘El Niño’ lo vio claro y se lo comentó a su entrenador, pero éste le frenó los pies porque entendía que no tenía sentido arriesgar o exponerse cuando estaban ganando todos los asaltos uno detrás de otro, por lo que no apretó el acelerador. Hoy, en cambio, va a tener que tenerlo apretado hasta el fondo desde el mismo momento que suene la campana. 

El cántabro no va a poder conceder ni un segundo de pelea. El fondo físico siempre ha ido a su favor y no tiene miedo a vaciarse. Si no quiere llegar a las cartulinas y llevarse un cabreo que le marque para siempre, ha de ir en busca de su rival desde el primer momento. Y lo va a hacer porque lo tiene claro. Es cierto que él no es ningún amante del boxeo y que no ha soñado desde pequeño con pelear en Las Vegas y ser leyenda en el deporte de las 16 cuerdas porque todo esto le vino de repente y sin casi esperarlo, pero le ha invertido muchas horas a este deporte y ahora quiere rentabilizarlas. 

La de hoy es su primera gran bolsa pero sabe que después le vienen otras mayores. Y eso le hace tener un hambre tremenda de victoria. 

Es su mayor motivación. Se le ha puesto la mirada del tigre, que di- ría el entrenador de Rocky. Como la que tuvo la primera vez que peleó masivamente en casa con el primer gran título en juego Era el campeo- nato de España y se abrió el mer- cado de ganados para ello. Y allí se comportó como un rodillo especta- cular. Quien dude de sus capacida- des para acabar la historia por la vía del cloroformo, que revise ese combate.

Hacia delante. Es Cheeseman un púgil que pelea hacia delante, que confía en su pegada y que va constantemente a buscar a su ri- val. A esa ambición le puede sacar partido si han de hablar las cartu- linas porque puede ser una excusa para que los jueces le den a él los diez puntos por mucho que muchas manos se hayan perdido en el aire. No debe el cántabro cederle esa ini- ciativa y por eso va a salir a poner la pica en el centro del ring desde el inicio y obligar a su rival a tener que boxear hacia atrás, algo a lo que no está acostumbrado y que posiblemente ni sepa hacer. El primer paso será incomodarle y hacerle ver que no es superior para que toda esa perorata que ha ido soltando en las últimas semanas se convierta en presión al intuir que su gente puede empezar a pensar que es un bocazas y un vendepeines. Puede entonces llegar el momento en el que descuide su defensa y comience la fiesta. 

El porcentaje de KOs de Cheeseman es de más de un sesenta por ciento, lo que demanda respeto porque indica que una buena mano puede cambiar el recorrido de todo un combate. Es esa incertidumbre lo que hace tan grande el deporte del boxeo. Con todo, mirando en detalle, el récord del londinense, tampoco brilla tanto como a él le gustaría. El nombre más destacado al que ha derrotado es Carson Jones, pero se midió a él cuando su carrera ya iba cuesta abajo y, de hecho, hoy en día encadena ya cuatro derrotas, por lo que no le queda mucho. Presume también ‘El gran queso’ de haber cortado ya la carrera de otros invictos como Paul Upton que, en verdad, no había peleado con nadie, o de un incipiente Asinia Byfield contra quien ganó el título británico cuando ya había hincado la rodilla contra un púgil sin demasiada historia. 

Lejos de ir con la debida humildad por una trayectoria que, en el fondo, tampoco está mal para ir empezando, Cheeseman se ha 

dedicado a restar mérito a la que ha firmado Sergio García, que pasó por encima de todo un excampeón de Europa como Chaca (también a domicilio y con todas las apuestas en contra), que defendió el Silver contra un incipiente Moncelli del que se había escrito muy bien a nivel continental y que tiró la toalla sabedor de que el cántabro le iba a acabar tumbando, y a un Beaussire ambicioso, guerrero y también apuntando a lo máximo a nivel continental. No tiene demasiado sentido lanzar esa imagen que ha querido trasladar el boxeador inglés, que incluso ha hablado más de su futuro rival que del de esta noche. Porque todos esperan su enfrentamiento con otro joven superwelter británico (de Liverpool) como Anthony Fowler, un tipo que es bronce mundial después de 190 victorias amateur. Está muy bien que Cheeseman haya hablado de lo que pueda suceder después del verano, pero su futuro se juega hoy. 

En suelo británico ya comienzan a tener un poco de respeto al boxeo español y, en buena medida, al menos hasta el día de hoy, es gracias a Kerman Lejarraga, compañero de viaje de Sergio García en un buen número de sesiones de guanteo. Él es el rey de Europa welter tras haber noqueado a dos británicos al alza. El primero de ellos fue Bradley Skeete, que también era promocionado por Eddie Hearn y que, como Cheeseman, también solía hablar de futuro. Incluso hablaba de que intentaría pelear contra Paquiao tras ganar a Kerman. También lo consideraba un mero trámite, pero no pasó del segundo asalto porque el vizcaíno le cortó por la mitad. Más de lo mismo haría meses después con Francky Gavin. Lo bueno es que el vasco lo hizo en casa porque tiene capacidad para organizar grandes veladas en su territorio sin tener que combatir a domicilio para encontrar bolsas que merezcan la pena. Él ya ha metido a más de 12.000 personas en un pabellón, lo que en Cantabria es imposible. Por eso Sergio García ha tenido que coger el avión para callar la boca a quien habla demasiado. Ha llegado el día de hacerlo. Ya era hora. 

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