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El Diario de Cantabria

REMO

Astillero está en la pelea

  • La ‘san josé’ fue de más a menos ayer en zierbena, donde volvió a ser última  
  • Su duelo con san pedro se decidió en los últimos 150 metros  
  • La victoria fue para orio, que ha comenzado la temporada con paso firme y dos banderas
Astillero fue quien más cerca de Cabo da Cruz remó en el primer largo. / Aitor Arrizabalaga / Eusko Label Liga
Astillero fue quien más cerca de Cabo da Cruz remó en el primer largo. / Aitor Arrizabalaga / Eusko Label Liga
Astillero está en la pelea

Astillero fue a Zierbena en busca de esperanza. Los puntos están bien, pero lo que más necesitaba era una ración de moral para, por mucho que terminara saliendo del primer fin de semana de competición en último lugar, hacerlo con la certeza de tener mucho que decir. Y eso al menos se lo llevó a la boca. Los azules ganaron la seguridad de que pueden ser competitivos y de que, por lo menos, no van a estar lejos del pelotón, como por momentos había parecido en la jornada inaugural de Bilbao. Están dispuestos a dar guerra, a echar el lazo y no dejar escapar a nadie en el aún largo verano que queda por delante. Porque lo mejor es que la historia no ha hecho nada más que empezar y, por ahora, a la ‘San José’ ya le ha quedado claro cuáles son las dos traineras a las que tiene que vigilar. De las demás, que se olvide. Van demasiado lejos. La liga de Astillero es de tres y sólo uno tiene premio.

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La única trainera cántabra en competición volvió a ser última ayer al mediodía, pero lo hizo demostrando que bien podía haber sido penúltima. Parece un detalle nimio, pero no lo es. Los astillerenses remaron ayer con la ambición de mantener la esperanza por tener un motivo por el que salir a entrenar cada día. Por eso dieron sus primeras paladas con el cuchillo entre los dientes, dejando claro que iban a por todas y con la firme intención de confirmar que lo sucedido en Bilbao había sido un accidente. Y les salió bien de partida. Se vieron dentro de la pelea, en el grupo que les corresponde y aspirando a dejar a dos por detrás, que es su único objetivo esta temporada. Sin embargo, su regata fue de más a menos. Se aferraron como pudieron a la vida, pero terminaron sumando un solo punto por algo menos de dos segundos. La champa final se les hizo eterna y les faltaron vatios para culminar bien ese mano a mano con la ‘Libia’ que, en el fondo, fue el duelo más apasionante que presentó la Bandera de Zierbena.

La regata era opuesta a la del día anterior. Si en Bilbao hubo que completar una contrarreloj en ría, ayer tocó afrontar una regata en línea y en la mar. Es una mar condicionada y refugiada por los grandes espigones del Puerto de Bilbao, pero mar al fin y al cabo. Cuando hay ola, ésta entra como un tiro en las interioridades de esa enorme construcción en medio de las cuales compitieron ayer un puñado de traineras que fueron víctimas de un bochorno importante. 

Hizo calor y un cielo plomizo que aplastaba a todo ser viviente contra el suelo y, en este caso, la mar. Ésta presentó una escasa ola que hubo quien quiso aprovechar aunque lo que más marcó la jornada, más allá del rendimiento de cada embarcación, fue el viento. Éste fue inexistente durante la primera mitad de la regata pero, cuando la segunda tanda estaba ya en su tercer largo, comenzó a levantarse con ráfagas de catorce o quince kilómetros por hora. Eso hizo pensar que la tanda de honor iba a estar condicionada y, en ese sentido, quizá influyó para que Donostiarra, que dominó el segundo acto con claridad, se quedara a sólo tres segundos de la bandera o para que Urdaibai y Kaiku, que hasta el ecuador de la prueba presentaron un duelo igualado, terminaran siendo más rápidos que Santurtzi. La victoria, como el día anterior, fue para Orio, que ha pegado un buen mordisco a la liga a las primeras de cambio.

Las tandas se confeccionaron en función de los resultados del día anterior y, por lo tanto, a Astillero le tocó abrir fuego. Le correspondió la calle uno en un campo de regatas que, aunque fuera marino, exigía más vatios que una depurada técnica sobre las olas. Y comenzó bien. En seguida abrió hueco Cabo da Cruz pero porque los gallegos están condenados a competir en tierra de nadie, en un espacio donde la primera tanda se les queda muy pequeña y donde la segunda se les puede hacer grande. Con todo, habrá más de uno domingo y de dos en los que a buen seguro darán un salto al segundo capítulo.

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Miguel Ángel Ruiz Camus introdujo tres cambios en sus tostas respecto al día anterior. En estribor entró Andrés Peña en detrimento de Víctor Fernández mientras que debutó Álvaro Campuzano para ocupar la vacante que dejó Arrantz Villar. En la popa, se colocó Santi López para dejar en tierra al canterano Iván Gómez. De este modo, entre el sábado y ayer domingo entraron en acción los únicos 17 remeros que Miguel Ángel Ruiz Camus tiene a su disposición para afrontar todo el verano. No se puede decir que vaya a haber mucha competencia por ocupar alguno de los puestos a bordo de la ‘San José’.

La trainera azul comenzó bien, con potencia y voracidad. No quería ser una cenicienta a quien le encontraran un zapato para ser alguien, sino que quería labrarse su propio destino. Quería mirarse al espejo y reconocerse. No quería que sucediera como dos años atrás, cuando ya convirtió la temporada en una misión imposible en sólo dos fines de semana. Por eso comenzó como un tiro y, en cuatro minutos de regata, tenía dos segundos de renta respecto a Lekittarra y tres respecto a San Pedro. La cosa pintaba bien. Podía ser un gran día. Había motivos para frotarse las manos.

Lo cierto es que se abrieron muchas diferencias en un solo largo porque Cabo ya le sacaba dos traineras a Astillero cuando tocó ciabogar por vez primera. A su vez, la renta de los patroneados por Santi López se mantenía en dos segundos respecto a su rival vizcaíno y, quizá lo más interesante de todo, había aumentado a cuatro respecto a San Pedro. La mañana prometía. Sin embargo, tras el cambio de dirección, Lekittarra en seguida se echó encima de Astillero. A falta de novecientos metros para el ecuador, ya estaba a la altura y pronto se puso por delante. Con una remada larga y a 35 paladas por minuto, los de Osertz Alday, que mostraron una mayor capacidad para sacar todo el partido posible a esa pequeña ola que presentaba el escenario, se pusieron rápidamente por delante. 

Lekittarra completó los dos primeros minutos y medio de largo cinco segundos más rápido que Astillero. De pronto, los entrenados por Miguel Ángel Ruiz Camus se encontraron a mitad de camino. Por un lado, tenían a su gran rival vizcaíno tres segundos por delante. Por otro, tenían a su gran rival guipuzcoano a tres por detrás. ¿Hacia dónde tenían que mirar? ¿Cuál era el sitio de Astillero? Es en momentos de semejante incertidumbre cuando se forman personalidades. Y los cántabros quisieron ser ambicioso, ir hacia arriba y seguir la estela de la trainera blanca, en la que se estrenó un Adrián Gómez que remaba en la azul el pasado año y que incluso comenzó a entrenar en Astillero el pasado otoño.

La segunda maniobra de la ‘San José’ fue buena, pero eso no impidió que San Pedro se le acercara. Al inicio del tercer largo, la trainera morada ya sólo estaba a un segundo. Se la podía oír respirar. Había uno que iba hacia arriba y otro que parecía ir hacia abajo, lo que suele ir en beneficio de quien sube. Astillero había ido a Zierbena en busca de un espaldarazo moral que le confirmara que tenía licencia para soñar y pelear pero, de pronto, se vio a sí mismo hundiéndose tras haber firmado un notable inicio. Era un momento delicado; un momento que podía definir toda una temporada por mucho que ésta todavía esté comenzando. Lo fácil era hundirse, dejarse llevar y maldecir por tanta desgracia acumulada mientras uno se lame las heridas. Sin embargo, los de azul prefirieron luchar. A pesar de que los de morado venían desde atrás, no les dejaron escaparse e igualaron su ritmo. Tanto es así, que a la última maniobra llegaron prácticamente emparejados. De hecho, fueron los azules los que iniciaron antes el cambio de dirección aunque éste les salió muy abierto.

La ‘San José’ no se quería caer, no se quería venir abajo y ver pasar la primera mañana de domingo del verano como si no tuviera nada que hacer ni de contar. Vio un punto de luz en el horizonte y corrió hacia él. Por eso se mantuvo a la altura de la ‘Libia’. Unas veces era ésta quien asomaba la proa y otras era su rival. Todo se iba a decidir en las últimas paladas, en un cambio de ritmo final que debería ser bien seleccionado. Tanto es así, que cuando sólo quedaban 180 metros para el final, el GPS marcaba el mismo tiempo para los dos. Más que traineras, parecía una prueba de remo olímpico. Tocaba apretar los dientes y sacar todo de dentro. Hasta agotar el depósito. Y lo hicieron, pero no fue suficiente para los cántabros. Cuando ambas traineras afrontaron sus últimos cincuenta metros, el desenlace ya parecía claro. Al menos, visualmente, El cronómetro lo certificó. Astillero volvió a sumar un último puesto pero, cuando menos, confirmó que está en la pelea. Es importante tener un motivo por el que bajar a entrenar cada día y los hombres del equipo cántabro lo tienen.

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