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El Diario de Cantabria

«Si hay alguien preparado para esto, es el remero»

Pedro Gabancho, entrenando en el interior de su casa con el ergómetro.
Pedro Gabancho, entrenando en el interior de su casa con el ergómetro.
«Si hay alguien preparado para esto, es el remero»

Como ha sucedido en todos los deportes, las cuadrillas de las diferentes traineras que se estaban preparando para competir el próximo verano en liga han tenido que parar. Ni siquiera pueden acudir al gimnasio porque esta precintado. Cada remero está encerrado en sus casa y es allí donde ha de encontrar la manera de no perder la forma hasta que vuelva a salir el sol y puedan retomar la rutina. «Más o menos, nos hemos arreglado y con cuatro cosas hemos montado un gimnasio en casa», afirma Pedro Gabancho, entrenador de la ‘Virgen del Carmen’ de Camargo. Se viene un tiempo especialmente duro pero él lo tiene claro: «Si hay alguien preparado para este tipo de circunstancias es el remero, ya que nos pasamos meses y meses entrenando en el pabellón sin competir prácticamente».

Gabancho vio pronto lo que se venía encima. «Me adelanté a Pedro Sánchez», bromea. De este modo, ya el pasado jueves por la tarde reunió a sus hombres y les mandó que cada uno se llevara un ergómetro para su casa. «También se pudieron llevar bicicletas de spinning para compaginar un poco, ya que hacer todos los días ergómetro puede ser muy duro», añade. Reunieron todo el material disponible y lo distribuyeron para que hubiera marcuernas, barras, discos etc. para todos. Y, con todo ese material, a cada uno le toca responsabilizarse de su puesta a punto manteniendo un continuo contacto con el entrenador, algo que facilita las redes sociales o las nuevas tecnologías.

«Más o menos, nos hemos arreglado», apunta. La dificultad es organizar ese pequeño gimnasio entre las cuatro paredes de la casa. Normalmente, él saca el ergómetro a la terraza y se ejercita allí por mucho que esté lloviendo o haga frío, ya que, «con el calor que hace dentro de casa, se hace durísimo hacer las series». Y es que, en el fondo, un remero está más que acostumbrado a sufrir las inclemencias meteorológicas y a salir incluso al agua aunque el mercurio del termómetro esté rondando el cero. Son de otra pasta.

La interrupción de la actividad se ha producido con el calendario de descensos a punto de terminarse y con la fase de preparación pasando una página. Va a haber que realizar una reprogramación y, en ese sentido, Gabancho asume que, «cuando acabe todo esto, habrá que empezar a hacer agua compulsivamente» para recuperar el tiempo perdido. Lo bueno es que el virus es totalmente democrático, afecta a todos por igual y, en ese sentido, cuando se baje la bandera, todos estarán «en la misma situación». «Si cuando empiece la liga sólo hemos podido hacer un mes y medio de agua, todos estaremos así y saldremos en las mismas condiciones», recuerda el entrenador castreño de la ‘Virgen del Carmen’. Lo que no se puede garantizar hoy en día es que la temporada del barco grande vaya a comenzar con normalidad porque todo es una incógnita respecto al futuro a corto y medio plazo. La confianza del remero y entrenador del club de Punta Parayas es que con la primavera y el verano, al igual que sucede con la gripe, el bicho vaya remitiendo.

Tiene asumido el técnico castreño que completar la temporada de bateles ya es imposible aunque, en el mejor de los casos, quizá se podrían anular las trainerillas y meter ahí regatas y campeonatos del bote pequeño. A saber. El problema es que son los más pequeños los que se suelen beneficiar de las competiciones de la embarcación de cuatro remeros, por lo que lo sufrirían más intensamente. La solución sería que se organizara una liga en verano, algo que Gabancho considera que se puede hacer « perfectamente si las federaciones quieren».

Toca recluirse cada uno en su casa y hacer hueco al ergómetro y a ese gimnasio improvisado que cada uno se haya podido montar en casa. Lo bueno es que Gabancho tiene la certeza de que no va a afectar a la moral de la cuadrilla porque el remero está acostumbrado a trabajar «meses y meses» sin la compensación de competir de manera regular. «Hoy en día sí están los descensos, pero si hay alguien preparado para esto, somos nosotros», insiste el entrenador de Camargo. Compara su situación a la de los deportistas olímpicos, que también se pasan «casi cuatro años preparándose para después competir un par de semanas». Asume que es «duro», pero también es consciente de que buena parte del porcentaje de éxito está radicado en «la mentalidad» que muestre cada uno.

Reconoce el experimentado remero y entrenador que se hace «duro estar en casa» porque esa exigente vida del remero que entrena en silencio durante muchos meses para no salir a escena más que tres meses en verano se compensa con «la vidilla que te da bajar al agua, estar con los compañeros, los amigos...» Es lo que más se va a ir echando de menos con el paso del tiempo pero, al menos, confía en que, en unas semanas, aunque todavía toque seguir más tiempo encerrado, se vea que «la tendencia cambia y, al menos, el panorama sea otro y se empiece a ver una luz al final del túnel, ya que ahora no vemos ni la luz».

La parte positiva de toda esta historia es que, por lo menos, Camargo entró al túnel satisfecho con todo lo que había hecho hasta este momento. Asegura Gabancho que estaba «muy contento por cómo estaban yendo las cosas» durante la larga pretemporada. Todo ello, a pesar de que sus resultados en los descensos no llamaron la atención, pero no era lo que buscaba: «Vamos rotando porque prefiero probar reglajes y ciertas historias». También prefiere aprovechar este tipo de regatas para dar oportunidades a remeros que quizá después van a tener menos oportunidades. Sobre todo, ir abriendo la puerta a los más jóvenes porque Gabancho tiene asumido que la política del club camargués es mantener «siempre una estructura de base para dar relevancia a la gente de casa». «No hace falta que nadie te diga nada porque ya lo sabes», apunta. Conoce bien al club en el que ha caído.

«Si hay alguien preparado para esto, es el remero»
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