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El Diario de Cantabria

REMO

A tres puntos de la luz

  • Astillero volvió a quedar por delante de sus dos rivales y se aleja del descenso directo mientras se acerca a la salvación
  • De haber estado más acertado en los largos de vuelta, podría haber logrado un mayor botín
Astillero, durante la regata de ayer en aguas del Puerto Viejo de Algorta. / aitor arrizabalaga / Euskolabel Liga
Astillero, durante la regata de ayer en aguas del Puerto Viejo de Algorta. / aitor arrizabalaga / Euskolabel Liga
A tres puntos de la luz

En ese momento, Astillero todavía no lo sabía, pero cuando realizó la última ciaboga estaba en disposición de terminar la regata en séptima posición. Acabó sumando sólo tres puntos, pero bien podía haberse vuelto a casa con seis de haber estado más acertado de popa a la ola. Conseguirlo habría tenido un significado enorme porque le habría permitido igualar a Lekittarra en la clasificación para, de esta manera, partir de igual a igual durante las seis regatas del mes de agosto que decidirán quién baja directamente, quién promociona y quién se salva, pero se quedó a medio camino. Sin embargo, su botín ni mucho menos fue malo. La ‘San José’ parecía aspirar solamente a librar el condenado ‘farolillo rojo’ pero ahora tiene razones para soñar. Lleva tres regatas por encima de los de Lekeitio y se ha colocado a otros tantos puntos de él. Parecían muy lejanos hace apenas un par de semanas, pero los vizcaínos ya están ahí, a tiro de piedra. La recta final del campeonato promete emociones fuertes.

La de ayer en Getxo fue una bandera marcada por la igualdad y por un campo de regatas que condicionó el desarrollo de la misma. Una vez finalizada, quedó claro que para ganar había que navegar por la calle cuatro y que, por encima de todo, había que librar la uno. El ganador de cada tanda remó por ese pasillo más alejado a tierra y el único que bogó en el extremo opuesto y volvió a casa con la cabeza sobre los hombros fue Urdaibai en el segundo acto. Los bermeotarras actuaron con sabiduría y descaro y, a pesar de que vieron la bandera azul en el segundo largo al acercarse demasiado a Ondarroa, a quien no había conseguido soltar y cuya calle ansiaba conquistar, mantuvieron el tono y en el largo final, con un mayor margen de maniobra, culminaron un resultado digno. En todo momento supieron muy bien lo que había que hacer y resultó espectacular ver cómo, en la última ciaboga, no culminaron el giro de 180 grados para irse directamente hacia la zona central del campo de regatas. Se hicieron con ella aprovechando que habían logrado una mínima diferencia con sus perseguidores y, a partir de ahí, hicieron ésta mucho más grande.

A quien no pudieron alcanzar los de Bermeo fue a Donostiarra, al que le vino todo de cara. Le tocó la calle cuatro y bogó en una tanda que sufrió menos viento que la de honor. Gracias a esos condicionantes a favor y, por encima de todo, a su gran remada, logró convertirse en la quinta trainera que atrapa una bandera este verano. De los seis que están un mundo por encima del resto, sólo falta Urdaibai por tocar pelo. Y eso es algo que puede suceder en cualquier momento. Sólo falta encontrarse con los elementos tan a favor como se encontraron ayer los de la capital guipuzcoana.

Con todo, el sufrimiento de la embarcación de San Sebastián, que esperó frente a la playa a que culminaran su actuación los cuatro mejores de la liga sabedores de que podía sonar la flauta, fue tremendo. Su tiempo se mantuvo ligeramente por delante del que estaban marcando los ‘gallos’ pero se disparó durante un tercer largo en el que pudieron dar rienda suelta a sus sueños. Orio, que navegaba por la misma calle cuatro que habían utilizado los donostiarras anteriormente, giraron por última vez con doce segundos de retraso, por lo que dio la sensación de que ya sólo aspiraban a ganar la tanda y a aumentar aún más su ventaja al frente de la general. Sin embargo, volviendo a tierra encontraron olas que otros no vieron y acertaron con un trazado, sin terminar de caer a la calle cero, que fue recortando tiempos de manera espectacular. Tanto es así, que se llegaron a poner a sólo dos segundos cuando apenas quedaban trescientos metros. Semejante remontada parecía llevar escrito el desenlace, pero quedó claro que el final de Donostiarra, a pesar de haber navegado en solitario, fue sobresaliente y se llevó la bandera por un suspiro. El alegrón a bordo fue tremendo.

Esperanzas abortadas. Algo similar a lo que estuvo a punto de sucederle a Donostiarra le sucedió a Astillero. En los metros iniciales del último largo, los tiempos que había marcado en la primera tanda eran mejores que los de Cabo y Ondarroa en la segunda e incluso que los de Zierbena en la de honor. Los ‘galipos’, que estuvieron siempre por detrás, incluso iniciaron el último cuarto de regata con tres segundos de retraso. La expedición azul tuvo momentos en los que se frotó las manos pero, en el fondo, sabían que los últimos metros de la ‘San José’ no habían sido buenos. La trainera azul no acertó ayer volviendo a la playa.

Tampoco fueron buenas las ciabogas de la ‘San José’. De hecho, sólo en las maniobras se dejaron tres segundos con la amplia mayoría de sus contrincantes, lo que supone todo un desperdicio teniendo en cuenta que entre el décimo y el séptimo hubo sólo ocho segundos. Cualquier detalle podía marcar la regata y quizá por ahí vino la bronca que, nada más cruzar la meta, tuvo Miguel Ángel Ruiz Camus con su proel Arrantz Villar. El resultado de los cántabros había sido bueno porque habían dejado a sus dos grandes rivales por detrás y, por encima de todo, había arañado dos puntos a quien marca la salvación directa, pero sabían que el botín podía haber sido todavía mayor. Y la igualdad es tal que no se puede desperdiciar nada.

Menos aún, una oportunidad como la de ayer, en la que, por tercera regata consecutiva, Astillero tuvo suerte con el sorteo de calles. Evitó las dos más cercanas a tierra y, como en las dos jornadas anteriores, volvió a colocarse junto a Kaiku, a quien le tocó el pasillo más alejado a la tribuna de los jueces. Tras los primeros compases de la regata, dio la impresión de que se iba a repetir otro duelo de igual a igual entre astillerenses y sestaotarras, pero ayer los primeros no fueron capaces de seguir el ritmo de los segundos a partir del segundo largo. La ‘Bizkaitarra’, con cinco cambios a bordo por los tres de la ‘San José’ respecto al día anterior (entraron Peña y Rioz por Dani González y Corrales en estribor y Pablo Hernando por Sergio Alonso en babor) rompió amarres en la segunda mitad de la regata y navegó en solitario en busca de sus dos grandes rivales, que no están tanto en la primera tanda como en la segunda. Y le fue bien.

La salida de la ‘San José’ fue buena. San Pedro, por su parte, pareció quedarse clavado. A bordo de la trainera azul había una ambición tremenda por dar continuidad a sus buenos resultados de los últimos días. Son conscientes de que una temporada está dividida por diferentes momentos y el que culminó ayer ha sido el suyo. Ahora toca parón por el Campeonato de España para retomar de nuevo el trabajo en quince días. El objetivo de los cántabros será que no se note ese parón cosiendo el 27 de julio con el diez del próximo mes.

Las cosas arrancaron bien. En un minuto, Astillero le sacó dos segundos a Lekittarra y San Pedro. Sólo medio minuto más tarde, la ventaja ya era de tres. La cosa se disparó aún más en los dos minutos siguientes porque San Pedro ya se quedó a cinco segundos y Lekitarra a seis. La facilidad de los cántabros para poner agua de por medio con sus grandes rivales fue como dotar de un remo más a la trainera. Se sentían volar, se sentían poderosos y como si pertenecieran a otro mundo del que marca la clasificación general, pero nunca es bueno apartar los pies del suelo ni la trainera de la mar.

Parecía sólo el inicio de la regata, un momento en el que todo estaba por escribir y en el que habitualmente no pasa nada, pero en verdad se estaba decidiendo todo. Tanto es así, que la ventaja que le sacó la ‘San José’ a la ‘Libia’ en esos primeros cuatro minutos de regata fue la que tuvo al final de la misma. Entre la primera ciaboga y el final,  San Pedro no perdió terreno con Astillero. Tenerle siempre a cierta distancia fue positivo, pero no aumentar la renta también limitó las esperanzas de rascar más en tandas siguientes.

Kaiku y Astillero completaron la primera ciaboga a la par, como si estuvieran realizando un ejercicio de gimnasia rítmica en parejas. De nuevo se anunció un nuevo y apasionante duelo entre ambos. Tanto es así, que incluso el juez de mar se desplazó rápidamente a donde ellos estaban para mantener el orden porque, como el día anterior, cuando ambos vieron bandera azul, se habían acercado mucho. Sin embargo, los primeros metros del segundo largo no fueron buenos para la ‘San José’. En seguida cogieron los de Sestao una trainera de ventaja y se despidieron hasta la semana siguiente. Lo bueno es que por detrás sufrían los principales rivales de los cántabros. Sobre todo, Lekittarra por una calle uno imposible en la que ya había naufragado Hondarribia en la regata femenina. Aquello fue el mejor aviso de lo que quedaba por venir.

En ese segundo largo, el viento atacaba por estribor. Podía pasar de todo porque San Pedro se colocó a tres segundos de Astillero y Lekittarra a otros tantos de la trainera morada. La luz roja se encendió a bordo del bote cántabro cuando el guipuzcoano se colocó a un solo segundo a falta de 550 metros para cruzar el ecuador. Se mascó la tragedia, la ‘Libia’ venía como un tiro y en sus ojos se adivinaba un ánimo de revancha por lo sucedido en las últimas semanas que parecía hacer todo el trabajo de demolición. De pronto, los tres candidatos al descenso se vieron metidos en un pañuelo de tres segundos, lo que obligó a Astillero a bajar al mundo real. De nuevo se vio sumido en un barro del que había huído en las dos regatas anteriores.

Sin embargo, la ‘San José’ no quería mancharse y, en el último minuto y medio de segundo largo, recuperó todo lo que había perdido en los más de tres anteriores. Tanto es así, que terminó cambiando de dirección cuatro y siete segundos antes que sus perseguidores. Los remeros azules habían salvado con nota el peor momento de la mañana y ya no volverían a caer en ningún agujero. En el tercer largo, ya pusieron cinco segundos entre ellos y San Pedro, que se intentó colar en su calle tres huyendo de esas malas condiciones que le habían frenado en los primeros minutos de regata.

La última ciaboga la completó Astillero seis segundos antes que San Pedro dando inicio a un momento peligroso teniendo en cuenta el precedente del segundo largo. En los metros iniciales del mismo había sufrido el bote cántabro pero no dejó repetir la historia en el cuarto. Al final, mantuvo su estatus aunque, echando un vistazo a las que podían haber sido sus grandes aspiraciones, se marcharon lamentando lo mal que habían completado los largos pares. De hecho, fue el más lento de todos en el segundo y el décimo, sólo mejor que sus dos grandes rivales, en el último. De haber acertado un poco más de popa a la ola, podría haber logrado un botín tremendo.

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