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El Diario de Cantabria

BOXEO

A la caza del KO

  • Sabedor Sergio García desde el primer tramo del combate que la victoria iba a ser suya, quiso derribar a su rival para poner en práctica todo el trabajo realizado con su pegada
  • No lo logró, pero ya es Tetracampeón de Europa
Sergio García impactando su derecha con El Massoudi. / Cubero
Sergio García impactando su derecha con El Massoudi. / Cubero

No llegaban noticias desde la esquina. Buena señal. Era el mejor indicador de que las cosas iban bien. Apenas había nada que corregir, nadie a quien guiar. Sólo quedaba esperar. La victoria se antojaba indiscutible desde el segundo o tercer asalto, pero faltaba conocer cómo la iba a resolver el campeón. Él persiguió el KO.  Compró una pala y cloroformo. Lo administró según venía en las instrucciones que había que hacerlo, pero el rival no caía. Recibió un gran castigo, pero se mantuvo en pie hasta el final. A pesar de ser muy inferior durante toda la pelea, se fue a buscar a su esquina tras la campanada final con un gesto de celebración. Visto lo que había sucedido sobre el ring, haber llegado hasta el final era todo un triunfo para él.

Víctor Iglesias apenas le dio una indicación a su boxeador durante los asaltos. Vio pasar cada uno de ellos en silencio, concentrado y sin perder de vista todo lo que sucedía. Y lo que veía le agradaba. No había prácticamente nada que corregir. Una vez más, la estrategia planteada estaba funcionando. La victoria era de su boxeador y por eso había que pasar a la siguiente estación. Había que derribarle. Ambos llevan todo el año trabajando la pegada y había hambre de KO. Parecía el momento oportuno porque el rival ni siquiera parecía tener ni fuerza ni capacidad para soltar una mano que cambiara el guión de la película por mucho trabajo que diera. Por eso se podía ir de cara a por él. Y Sergio fue. Sometió a su rival a un correctivo tremendo pero se mantuvo en pie. Quizá por eso el gesto de su entrenador mezcló la tranquilidad por la superioridad mostrada por su pupilo con la preocupación al ver que sus golpeos siguen sin ser definitivos.

Hubo que llegar a las cartulinas. Y parecía mentira. El juez italiano decretó un 117 - 111 y el húngaro y el finlandés idénticos 118 - 110. Lo cierto es que cuesta encontrar asaltos que no ganara el cántabro, pero parece que los hubo. Se encontró el campeón con un aspirante técnicamente limitado y con algunos movimientos torpes. Es cierto que atacaba con decisión y que buena parte del combate fue hacia delante e incluso haciendo pelear hacia atrás a Sergio García, pero esto no es un problema para él. Ya lo había demostrado, por ejemplo, ante Beaussire, el otro francés que ya había hincado la rodilla ante el torrelaveguense en el mismo escenario que el sábado por la noche se volvió a llenar para disfrutar del ídolo local.

El Massoudi inició cada uno de los doce asaltos con ganas de comerse a su rival. Salía con un hambre atroz pero en seguida le calmaba Sergio García echando mano de su recetario. Las acometidas del francés consistían, sobre todo, en manos muy abiertas y poco estéticas. A menudo las sacaba cuando se veía metido en una trampa sin aparente escapatoria, lo que podría haber granjeado algún susto al campeón, pero apenas tenían fuerza. A ninguno de los dos les pesó demasiado la mano y eso, sumado a que el retador confirmó que era un gran encajador y que estaba presto y dispuesto a comérselas todas, hubo que llegar hasta el final.

Y a punto estuvo de caer El Massoudi al menos en un par de ocasiones. Y en las dos le salvó la campana. La primera fue al final del séptimo asalto, quizá el mejor y más completo de los firmados por Sergio García. El campeón fue a buscar al retador a su casa y le llevó a la escuela. Le hizo sacar el cuaderno y tomar apuntes porque le castigó abajo, le castigó arriba y le castigó con el gancho. En una ocasión, incluso enlazó una combinación con esos tres golpes que minaron al francés. Fue un asalto en el que se mantuvieron en una distancia media rompiendo así la dinámica del combate, que se fraguó en pocos centímetros. La labor de desgaste del cántabro no pudo ser mayor y, tras presumir de un gran repertorio ofensivo, le tocó sacar la coraza y protegerse a falta de medio minuto para que sonara la campana. Ahí se creció el retador y quiso cambiar la dinámica de la contienda, pero en seguida respondió ‘El Niño’ cogiéndole en una buena contra que, al ver que había llegado bien, fue continuada con una rápida serie sobre el rostro de su oponente. Ahí el ídolo local vio la gran oportunidad de la noche y no paró. Dejó de ver y de oír. Sólo seguía y seguía. Quería el KO. Llevaba ya varios asaltos buscándolo y creía que lo tenía. El pabellón se venía abajo y eso hizo que pocos oyeran la campana, pero había sonado. Había que parar, pero el campeón no lo hizo. Ya sólo tenía un objetivo. Tuvo que detenerle el árbitro y él tuvo después que pedir perdón a la esquina rival.

Esa rápida serie sobre un oponente que ya no sabía dónde meterse se repitió de nuevo en los primeros compases del noveno asalto. Otra vez entró una derecha limpia que dejó tocado a El Massoudi, que buscó aire en las cuerdas. ‘El Niño’ olió sangre y se fue a por él con la ambición de quien ve un filete tras cuatro semanas sin comer. Le dio con la derecha y con la izquierda a un incontrolable número de revoluciones. El francés parecía estar ya en una trampa sin salida. Todo el pabellón se vino arriba. Todos de pie. Todos gritando porque se acercaba el final, pero el retador volvió a salir vivo. Parecía imposible.

Al campeón de Francia se le notó el desgaste desde el segundo asalto. Aunque salió con el ánimo de quien salta hacia su último tren, en cuanto Sergio García sacó su primera derecha comenzó a no ser el mismo. El Massoudi quería pelear en la corta distancia y el campeón lo aceptó sin problema. En sus anteriores envites, había puesto en práctica un boxeo selectivo con el que castigaba y se marchaba para no favorecer un intercambio de golpes. Esta vez no. Castigaba y se quedaba. No tuvo reparo alguno el cántabro en pelear en la corta distancia y fue así como fue enriqueciendo su repertorio conforme avanzaron los asaltos.

Durante la primera mitad del combate, la diana estaba en el rostro y el mentón de su oponente, ya fuera con el jab o con la derecha. Fue a partir del sexto asalto cuando cogió el hacha y empezó a talar. Las manos abiertas que lanzaba el aspirante dejaban ahí un terreno por explorar que el cántabro explotó consiguiendo que esos golpes abajo se hicieran sentir. Más adelante comenzó a aparecer también con fuerza el gancho y todos ellos se combinaron de manera frecuente ante un rival que, a pesar del castigo que estaba recibiendo, no dejó de irse hacia delante. Fue un boxeador valiente y digno que permitió al cántabro lucirse también con algunos buenos movimientos defensivos, ya fuera sacando su coraza o echando mano de su buen sentido de la distancia y de un ballesteo que siempre continuaba con un buen golpe.

Tras esa encerrona contra las cuerdas del noveno asalto, dio la impresión de que el combate rebajaba su nivel de intensidad. Esos toques de arrebato también vacían y ‘El Niño’ necesitaba coger aire. Él se sabía ya campeón en las cartulinas y El Massoudi perdedor. De eso no había duda. Por eso el cántabro esperaba el arreón final del púgil francés, que nunca dejó de intentar cambiar el combate con una buena mano. Sobre todo, lo hizo en el último asalto y ahí se volvió a encontrar con la última acometida del campeón, que vio la oportunidad de terminar por la vía rápida aunque fuera con el sol a punto de ponerse. 

Lo vivido en esos últimos segundos de la contienda fue la perfecta traca final a un combate cargado de buenos momentos que, sobre todo, permitieron el lucimiento del ídolo local. Con El Massoudi ya con la lengua fuera después de haber dado su último coletazo, Sergio García reaccionó con un croché de derecha que entró limpio y a prueba de manchas. Cogió al francés con la guardia baja y se lo tragó. Fue entonces cuando el campeón vio su última gran oportunidad e insistió. Al púgil galo incluso se le veía ya con la mirada perdida. Logró darse la vuelta pero antes de que sonara la campana aún recibió una buena serie que le dejó prácticamente sin equilibrio. Estaba a punto de caer a la lona pero, de pronto, oyó ese sonido de punto y final que le sonó a Morricone. Sabía que no había ganado, pero había aguantado las acometidas de un campeón continental que está a punto de entrar a ligas en la que ha de seguir trabajando la pegada para que su buen boxeo sea más efectivo y dé menos juego a las cartulinas, que a veces las carga el diablo.

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