Irán descarta negociar con EEUU y amenaza con atacar sus bases en la región
Teherán acusa a Trump de actuar bajo el principio de “Israel primero” mientras Hezbolá e Israel abren un nuevo frente armado
La escalada en Oriente Próximo entra en una fase más amplia y peligrosa. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, ha afirmado que Teherán “no negociará” con Estados Unidos y ha acusado al presidente Donald Trump de haber transformado su lema “Estados Unidos primero” en “Israel primero”. Sus declaraciones llegan tras los ataques conjuntos de Washington y Jerusalén contra Irán y en medio de una extensión del conflicto hacia Líbano, donde enfrentamientos entre Israel y Hezbolá han causado decenas de víctimas. El escenario apunta a una regionalización del conflicto con implicaciones estratégicas globales.
Teherán cierra la puerta al diálogo
Acusaciones directas contra la Casa Blanca
Ali Larijani sostuvo en redes sociales que Irán no inició la agresión y que la nación iraní se está defendiendo. En su mensaje, acusó al presidente estadounidense de actuar en función de los intereses israelíes y de poner en riesgo a soldados norteamericanos. Más allá de la retórica, el elemento central es político: Irán descarta cualquier negociación con la actual Administración estadounidense.
La negativa complica cualquier intento inmediato de desescalada diplomática. Tras el fracaso previo de las conversaciones sobre el programa nuclear iraní, el conflicto ha derivado hacia un enfrentamiento directo y abierto, con escaso margen para la mediación.
La amenaza sobre las bases estadounidenses
Una advertencia a los países del Golfo
Larijani advirtió además que Irán no pretende atacar a otros países de la región, pero que responderá si bases militares estadounidenses situadas en esos territorios son utilizadas contra la República Islámica. Según su argumentación, dichas instalaciones serían consideradas “territorio estadounidense” a efectos operativos.
Esta declaración coloca a los países del Golfo en una posición delicada. Bahréin, Qatar o Kuwait albergan infraestructuras militares clave para la presencia estadounidense en la región. Cualquier ataque contra ellas podría desencadenar una respuesta directa de Washington y ampliar el conflicto a escala regional.
El frente libanés: Hezbolá entra en combate abierto
Decenas de muertos tras los bombardeos
En paralelo, el conflicto se ha extendido a Líbano. Según el Ministerio de Salud libanés, al menos 31 personas murieron y cerca de 150 resultaron heridas tras ataques aéreos israelíes en respuesta a acciones de Hezbolá contra territorio israelí. Dos tercios de las víctimas se registraron en el sur del país.
El jefe del Estado Mayor israelí, teniente general Eyal Zamir, confirmó el inicio de una campaña ofensiva contra Hezbolá, señalando que las fuerzas israelíes no solo operan en defensa, sino también en ofensiva sostenida. La referencia a “muchos días prolongados de combate” anticipa una fase de enfrentamientos continuados.
Un conflicto de múltiples capas
Irán, Israel y el eje de milicias regionales
Hezbolá constituye uno de los principales aliados estratégicos de Teherán en la región. Su implicación activa refuerza la dimensión indirecta del enfrentamiento entre Irán e Israel. Durante años, la tensión se manifestó en operaciones encubiertas, ciberataques y acciones limitadas. La situación actual marca un salto cualitativo.
La combinación de ataques directos, amenazas sobre bases estadounidenses y activación de actores no estatales configura un escenario complejo, donde el riesgo de errores de cálculo es elevado. Cada frente adicional reduce los márgenes de contención.
Consecuencias estratégicas y económicas
Oriente Próximo concentra infraestructuras energéticas críticas y rutas marítimas esenciales para el comercio global. Una guerra prolongada podría afectar al estrecho de Ormuz y generar volatilidad en los mercados internacionales.
La comunidad internacional enfrenta ahora el desafío de evitar una escalada total sin ignorar los factores estructurales que han conducido al conflicto: el programa nuclear iraní, la rivalidad estratégica con Israel y la red de alianzas militares en la región. Sin canales diplomáticos activos, la gestión de la crisis dependerá en gran medida de la contención militar.