Cristianos, alauitas y drusos, en el punto de mira: brutal represión tras la caída de Al Asad

Las matanzas recientes en Latakia y Tartús generan terror entre las minorías religiosas, mientras las nuevas autoridades, lideradas por islamistas, enfrentan acusaciones de ejecuciones sumarias y persecución

Miembros de las fuerzas de seguridad sirias patrullan una calle en la ciudad de Jableh. / Moawia Atrash
Miembros de las fuerzas de seguridad sirias patrullan una calle en la ciudad de Jableh. / Moawia Atrash

Los cristianos, alauitas y drusos en Siria viven días de extrema tensión tras la masacre que ha sacudido la región costera del país. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), al menos 1.093 civiles han muerto en los violentos enfrentamientos que estallaron el pasado 6 de marzo en Latakia y Tartús, en lo que se teme sea el inicio de una nueva escalada de violencia sectaria.

El conflicto, que comenzó cuando milicianos leales al derrocado régimen de Bashar al Asad se rebelaron contra las nuevas autoridades, derivó en una ola de venganzas y ataques indiscriminados contra minorías religiosas.

«Hubo masacres, hubo muertos, hubo muchísima violencia, venganzas y, sobre todo, se creó un ambiente de miedo, de inquietud, que ya no solo se limita al litoral, sino a todo el país», relata George Sabe, hermano de los Maristas Azules de Alepo, en declaraciones a El Debate.

Cristianos y alauitas, objetivos de la nueva represión

La ofensiva de las nuevas fuerzas de seguridad—integradas por una coalición de milicias islamistas, entre ellas Hayat Tahrir al-Sham (HTS), facción vinculada a Al Qaeda—ha desencadenado una represión brutal contra las minorías.

El portavoz de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, Thameen Al-Kheetan, denunció este martes que:

«Familias enteras, incluyendo mujeres y niños, fueron asesinadas en ataques dirigidos especialmente contra comunidades alauitas», confesión religiosa a la que pertenece la familia de Bashar al Asad.

Sin embargo, la persecución no se ha limitado solo a los alauitas. Cristianos y drusos también han sido víctimas de esta nueva oleada de violencia. Según la Red Siria de Derechos Humanos (RSDH), con sede en Reino Unido, además de los asesinatos masivos en Latakia y Tartús, también se registraron ejecuciones en Hama y Homs, incluso contra musulmanes suníes considerados opositores al nuevo régimen.

Un país al borde de una nueva guerra sectaria

Aunque la violencia no ha llegado todavía a Alepo, la inseguridad y la desconfianza hacia el nuevo gobierno se han extendido a todo el país.

«No sabemos dónde vamos a ir, no sabemos cuál es el futuro. Hay mucha inquietud. No se puede vivir en un sistema de venganza sin control», advierte Sabe, quien regresó a Siria en plena guerra civil para asistir a las familias desplazadas.

El religioso denuncia la falta de voluntad real de las nuevas autoridades para proteger a las minorías y teme que el país entre en un ciclo imparable de represalias.

«La sangre que se derramó llama a más sangre», sentencia, alertando que el gobierno islamista está permitiendo, o incluso fomentando, la purga sectaria.

Las palabras de Sabe coinciden con los informes de la ONU, que además de documentar ejecuciones sumarias, ha denunciado el saqueo masivo de hogares y comercios, lo que ha llevado a miles de familias a huir hacia zonas rurales o incluso a buscar protección en la base aérea rusa más cercana.

Un gobierno sin autocrítica que culpa a "actores extranjeros"

El nuevo presidente interino de Siria, Ahmed al Sharaa, ha negado cualquier responsabilidad en las masacres y ha acusado a "agentes extranjeros" de instigar la violencia.

A pesar de las denuncias internacionales, su gobierno solo ha anunciado la creación de un comité de investigación, asegurando que ha detenido a «varios» responsables, sin proporcionar detalles.

La promesa de reconciliación con la que Al Sharaa llegó al poder en diciembre tras la caída de Al Asad ha quedado en el olvido, y la persecución de minorías se ha convertido en un hecho sistemático.

El éxodo de cristianos se acelera: una comunidad en peligro de extinción

La comunidad cristiana en Siria, que antes de 2011 representaba el 10% de la población, ha caído a un 3%, según el Informe de Libertad Religiosa 2024 de la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada.

El miedo creciente de los cristianos a convertirse en víctimas de una limpieza religiosa podría acelerar aún más el éxodo hacia Occidente o hacia países como Líbano, donde la comunidad cristiana aún tiene peso político.

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