La radiación impulsa cambios evolutivos en Chernóbil
El accidente nuclear de 1986 en la central de Chernóbil alteró de forma profunda el ecosistema de la zona. Décadas después, investigaciones recogidas por publicaciones especializadas señalan que distintas especies han desarrollado mecanismos adaptativos frente a la radiación acumulada en el entorno.
Entre ellas figura la rana de San Antonio oriental (Hyla orientalis), presente en la Zona de Exclusión de Chernóbil (CEZ). Este anfibio, habitualmente de color verde brillante, muestra en la actualidad una pigmentación más oscura en las áreas con mayor contaminación histórica. El cambio responde a un proceso evolutivo asociado a la exposición radiactiva.
Trabajos dirigidos por Germán Orizaola y Pablo Burraco constatan que las poblaciones situadas en los puntos con mayor nivel de contaminación presentan una pigmentación más intensa que las que habitan fuera del perímetro restringido.
La melanina, responsable de los tonos oscuros en la piel, desempeña un papel clave. Además de aportar coloración, contribuye a absorber y disipar parte de la energía radiactiva y reduce la formación de radicales libres, protegiendo el material genético. El fenómeno se interpreta como un caso de selección natural acelerada y no como una mutación aislada.
Tras el accidente, los ejemplares con mayor pigmentación habrían tenido más probabilidades de sobrevivir y reproducirse. Después de más de diez generaciones, la tonalidad oscura se ha convertido en un rasgo dominante dentro de la CEZ.
Los estudios realizados entre 2017 y 2019 sobre cerca de 200 machos indican que la intensidad del color no depende de la radiación actual, sino de la exposición histórica sufrida por sus antepasados. Las poblaciones asentadas en zonas con mayor contaminación pasada son las que presentan los tonos más oscuros.
Los investigadores consideran que este caso evidencia la capacidad de adaptación biológica en periodos relativamente cortos. El fenómeno se ha comparado con situaciones descritas en humanos, como en Ramsar (Irán), donde niveles elevados de radiación natural se asocian a una mayor actividad de reparación del ADN.
El hallazgo abre nuevas líneas de estudio en radiobiología y medicina espacial. Comprender cómo la melanina protege frente a la radiación podría resultar útil en misiones de larga duración, en las que los astronautas están expuestos a niveles elevados de radiación.