Biografía

¿Por qué Julio Iglesias no se quitó el chándal durante 20 días?

El secuestro de su padre marcó emocionalmente al artista, que pasó 20 días sin quitarse el chándal. / EP Julio Iglesias rechaza que le comuniquen en Ojén (Málaga) la demanda por la presunta paternidad de un valenciano (Foto de ARCHIVO) 04/05/2018
Ignacio Peyró publica una biografía sobre Julio Iglesias, revelando aspectos íntimos del cantante, como su profunda tristeza durante el secuestro de su padre y su relación distante con Enrique Iglesias.

El escritor y periodista Ignacio Peyró comparte sus impresiones sobre Julio Iglesias, objeto de su reciente biografía titulada El español que conquistó al mundo, una obra que combina ensayo, crónica y homenaje al cantante español de mayor proyección internacional. 

El autor abordó la complejidad del personaje. Según relata, Iglesias es un icono cuyas contradicciones internas afloran en detalles mínimos, como el uso continuado de un chándal durante los 20 días que duró el secuestro de su padre, el doctor Iglesias Puga. “Julio Iglesias se puso un chándal y no se lo quitó… Estaba roto por dentro”, afirma Peyró para subrayar el impacto emocional que vivió el artista durante aquella etapa.

El libro de Peyró se distancia de los retratos convencionales al evitar tanto el tono hagiográfico como la crítica superficial. En su lugar, el texto se nutre de una narrativa ágil, dotada de humor y sensibilidad literaria, que permite comprender a Julio Iglesias más allá del escenario y la fama. Según explica el autor, “la gente pone a las dos de la mañana” las canciones del artista, en una conexión emocional que trasciende el tiempo y las modas, remitiendo a esos momentos en los que el pop melódico actúa como banda sonora de historias personales.

Julio Iglesias, según Peyró, representó una anomalía en su tiempo. Mientras otros músicos abrazaban la estética del hippismo y la protesta social, él prefería el esmoquin blanco y una visión del mundo más conservadora, en sintonía con su origen. “Mientras los demás se ponían flores en el pelo, él lucía una chaqueta blanca de esmoquin”, remarca el autor. Pese a no destacar especialmente por su voz, su magnetismo y seguridad lo llevaron a convertirse en un símbolo de éxito global, acumulando más de 300 millones de discos vendidos en una era donde era imprescindible acudir a las tiendas para adquirirlos.

En la conversación también se aborda la figura del padre de Iglesias, conocido popularmente como “Papuchi”, cuya biografía merecería por sí sola una obra aparte. Camisa vieja de la Falange, víctima de un secuestro y cirujano reputado, fue una figura que marcó profundamente al cantante, según el análisis del autor. Peyró sostiene que la relación entre padre e hijo fue esencial en la configuración del carácter del artista. “Los hijos se hacen con su padre o contra él”, concluye.

La dimensión amorosa del personaje también tiene cabida en el relato. Mujeres de distintas nacionalidades, contextos y estéticas fueron parte constante del imaginario construido en torno a Julio Iglesias. Sin embargo, Peyró cree que el cantante amó de forma auténtica a Isabel Preysler, aunque su vida sentimental estuvo más marcada por relaciones fugaces, fruto de su continua itinerancia. En contraposición, se observa la relación distante con su hijo Enrique Iglesias, con quien no ha compartido escenario ni ha promovido colaboraciones públicas.

El paseo por Roma, ciudad que el propio Peyró considera su predilecta, sirve como escenario simbólico para esta conversación entre historia, cultura y música. El autor defiende que escribir sobre Roma requiere salirse de los tópicos, y su propia obra sobre Iglesias parece seguir esa misma lógica: ofrecer una visión que, lejos de lo previsible, permita ver lo que hay detrás del mito. En palabras del propio Peyró, “no quería ni cantar”, pero terminó haciéndolo y alcanzando una fama inusitada.

El encuentro finaliza bajo la luz dorada del atardecer romano, por la via Flavia, entre estanterías de librerías con títulos de autores como Moravia, Pavese o Dickens. La figura de Julio Iglesias permanece como una constante, como uno de esos placeres inevitables que, pese al paso del tiempo, siguen formando parte del imaginario colectivo.