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La bestia no muere: Iron Maiden arrasa en el Metropolitano con su liturgia infernal

El grupo Iron Maiden durante su actuación en el Estadio Metropolitano. / Ricardo Rubio
Iron Maiden celebró sus 50 años con una exhibición imponente en el Metropolitano | Madrid se rindió ante Bruce Dickinson y compañía en una noche cargada de símbolos, nostalgia y potencia escénica

Más de 60.000 fans colapsaron el Estadio Metropolitano para rendirse ante la liturgia de una de las bandas más icónicas del heavy metal. Tras más de siete años sin actuar en la capital, Iron Maiden volvió con fuerza, fuego y fidelidad a su leyenda. Una celebración infernal por sus 50 años de historia, que dejó claro que los británicos siguen siendo los reyes indiscutibles del metal.

La jornada comenzó temprano. Desde horas antes del concierto, los alrededores del estadio ya estaban tomados por una marea negra de camisetas de Eddie, la mítica mascota del grupo. El calor sofocante —35 grados— no detuvo a los miles de seguidores que, cerveza en mano y voces afiladas, esperaban una noche de comunión metálica. El ambiente era de ritual. De culto.

La apertura estuvo a cargo del grupo sueco Avatar, una banda explosiva de metal alternativo que prendió la mecha con una puesta en escena teatral y un Johannes Eckerström desatado. El vocalista emergió de una caja como un muñeco de feria infernal, preguntando: “¿Cuán metal puede ser Madrid?”. Pronto tendría la respuesta.

A las 21:00, los gritos fueron unánimes. Las luces se apagaron, un vídeo inquietante mostró un Londres oscuro del siglo XVIII y, de golpe, Bruce Dickinson apareció como un espectro con armadura. Tras él, Murray, Smith, Gers, Dawson y Steve Harris, el arquitecto de todo. Comenzó el ataque con “Murders in the Rue Morgue” y una sucesión imparable de clásicos.

“Wrathchild”, “Killers”, y una brutal “Phantom of the Opera” marcaron un inicio demoledor. Dickinson, con más de 60 años, sigue siendo una bestia escénica: voz envidiable, cambios de vestuario, teatralidad y carisma desbordante. Con más de 10 atuendos distintos a lo largo del show, el cantante ofreció una actuación vibrante y física que desmintió cualquier rumor de desgaste.

Canciones como “The Number of the Beast”, “The Clairvoyant” y “Powerslave” convirtieron el estadio en un campo de batalla sonoro. Cuando llegó “2 Minutes to Midnight”, la noche ya era total. No había vuelta atrás: el Metropolitano ardía en guitarras, fuego y devoción.

El momento de clímax absoluto llegó con la interpretación de “Rime of the Ancient Mariner”. Con doce minutos de intensidad progresiva, cambiante, casi sinfónica, fue un viaje épico que dejó al público hipnotizado. Y justo cuando parecía que todo había llegado al techo, “Run to the Hills” provocó el delirio colectivo.

“The Trooper” y “Iron Maiden” completaron el núcleo más clásico del repertorio, con Eddie —la mascota— apareciendo sobre el escenario en una versión gigantesca para pelear simbólicamente con Dickinson en pleno solo de guitarra.

Pero no podía faltar el momento emocional. Tras el mítico discurso de Churchill, el estadio se sumió en una oscuridad solemne. Así comenzó “Fear of the Dark”, entonada por más de 60.000 voces como un único rugido coral, en uno de los instantes más memorables de la noche.

El broche final fue “Wasted Years”, una declaración de principios. Un himno que dice “realize you're living in the golden years”, que esta vez se sintió más cierto que nunca. Iron Maiden demostró que no solo vive de su pasado: vive su mejor presente.

50 años, y más vivos que nunca

Este concierto forma parte de su gira mundial Run For Your Lives Tour, con la que celebran sus cinco décadas en la carretera. Una gira que ha arrasado en ventas y ha llevado el heavy metal a estadios de todo el planeta.

Madrid respondió con pasión, entrega y energía. No hubo ni una silla vacía, ni una voz que no se quebrara. La comunión entre banda y público fue total. Y eso, después de medio siglo, no es solo mérito: es historia viva del rock.