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Putin amenaza a Europa: las tropas extranjeras en Ucrania “serán objetivo legítimo”

El presidente de Rusia, Vladímir Putin. / EP

El mensaje llegó horas después de la cumbre de París, donde 26 países prometieron reforzar el apoyo militar y logístico a Kiev

El presidente ruso, Vladímir Putin, lanzó una de sus advertencias más directas desde el inicio de la guerra en Ucrania: cualquier país que despliegue tropas en territorio ucraniano “será considerado un objetivo legítimo” por las Fuerzas Armadas de Rusia. La amenaza se produjo pocas horas después de la cumbre celebrada en París por la Coalición de Voluntarios, un grupo de 35 naciones que incluye a la mayoría de los miembros de la Unión Europea, Canadá, Japón, Turquía y Australia, además de Ucrania.

Una Europa dividida y bajo presión

El anuncio ruso llega en un momento de estancamiento militar en el frente ucraniano y de creciente tensión diplomática en el continente. Europa, que durante meses ha intentado no quedar relegada a un papel secundario en la búsqueda de un acuerdo de paz, se enfrenta ahora a un dilema de alto riesgo: dar pasos firmes en apoyo a Kiev o exponerse a un choque directo con Moscú.

En París, el presidente francés Emmanuel Macron, acompañado de Volodímir Zelenski, confirmó que 26 países de la coalición se han mostrado dispuestos a contribuir “por tierra, mar o aire” en tareas que incluyen desde la reconstrucción de las fuerzas armadas ucranianas hasta la cesión de bases militares y el envío de tropas. Macron matizó que el objetivo no es iniciar una guerra contra Rusia, sino “garantizar la paz y enviar una señal clara”.

Putin marca sus líneas rojas

Desde Vladivostok, en el marco del Foro Económico Oriental, Putin respondió con dureza. Aseguró que, tanto antes como después de la eventual firma de un acuerdo de paz, la presencia de fuerzas extranjeras en Ucrania será inaceptable y será tratada como un acto hostil. “Si esas tropas son desplegadas ahora, serán consideradas objetivos legítimos”, declaró, en una advertencia que eleva el riesgo de un enfrentamiento directo entre Rusia y los países de la OTAN.

El Kremlin ya había reiterado en numerosas ocasiones sus líneas rojas: rechaza la integración de Ucrania en la OTAN y mantiene como irrenunciables las anexiones de los territorios ocupados desde 2022. Putin insiste en que no se opone a una futura entrada de Kiev en la Unión Europea, pero la vinculación con la Alianza Atlántica es, según él, una amenaza existencial para la seguridad rusa.

Negociaciones estancadas y gestos estratégicos

Mientras tanto, las negociaciones internacionales siguen sin avances. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha impulsado varias rondas de contactos, incluida la reunión celebrada en Alaska el pasado 15 de agosto con el propio Putin, en la que logró la tan buscada fotografía conjunta, pero sin resultados tangibles. Zelenski, marginado de esa cita, ha reclamado un encuentro directo con el mandatario ruso, pero este le ha emplazado a viajar a Moscú, prometiendo “garantías absolutas de seguridad” si lo hace.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, aseguró este viernes que la invitación “no es para capitular, sino para hablar”, aunque la propuesta fue rechazada de inmediato por Kiev, que considera inaceptable una reunión en territorio ruso. Según el ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, hay siete países dispuestos a albergar una cumbre bilateral bajo condiciones neutrales, lo que refleja el intento de equilibrar la diplomacia frente a las exigencias de Moscú.

Una guerra prolongada y de difícil desenlace

A más de tres años y medio del inicio de la invasión rusa, la guerra parece encaminarse hacia un conflicto prolongado, con frentes estabilizados, un elevado coste humano y económico y un tablero diplomático en el que cada movimiento es calculado al milímetro. Europa, dividida entre la firmeza de Francia y Reino Unido y la cautela de países más reticentes al riesgo, se enfrenta a la disyuntiva de mantener su apoyo a Ucrania sin provocar un choque directo con una potencia nuclear.

Putin, por su parte, refuerza su narrativa de que Rusia no lucha solo contra Ucrania, sino contra todo Occidente. Su mensaje en Vladivostok fue inequívoco: quien intervenga militarmente en Ucrania será tratado como enemigo de Rusia.