El Papa Francisco reaparece en la Plaza de San Pedro y emociona a miles de fieles
Dos semanas después de recibir el alta hospitalaria, el Papa Francisco volvió a aparecer en público este domingo por la mañana, durante la celebración de la Misa del Jubileo de los Enfermos en la Plaza de San Pedro.
Visiblemente emocionado y aún convaleciente, el Pontífice fue recibido con entusiasmo por miles de fieles. Se le vio en silla de ruedas y asistido por cánulas de oxígeno, pero con ánimo sereno. Desde el altar, dirigió unas breves palabras con voz tenue: "Buen domingo a todos y gracias".
Un mensaje desde la fragilidad: la enfermedad como escuela
Durante la celebración, Monseñor Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, fue el encargado de leer la homilía escrita por el Papa, quien no presidió la Eucaristía, pero sí impartió la bendición final.
En su mensaje, Francisco reflexionó sobre el valor espiritual de la enfermedad:
“No es siempre fácil, pero es una escuela en la que aprendemos cada día a amar y a dejarnos amar, sin pretender y sin rechazar, sin lamentar y sin desesperar, agradecidos a Dios y a los hermanos por el bien que recibimos”.
El Pontífice también se dirigió con especial afecto al personal sanitario, a quienes llamó a renovar su vocación con gratitud y esperanza: “Permitan que la presencia de los enfermos entre como un don en su existencia, para curar sus corazones, purificándolos de todo lo que no es caridad”.
Recuperación en curso y signos de mejoría
Desde su alta médica el pasado 23 de marzo del Hospital Gemelli, donde permaneció ingresado por una grave infección pulmonar, el Papa ha continuado su recuperación en la residencia de Casa Santa Marta. La Oficina de Prensa del Vaticano ha informado de mejorías leves en su respiración, voz y movilidad.
Pese a no retomar aún su agenda completa, el Papa mantiene reuniones limitadas y participa en actividades litúrgicas claves, siempre bajo la supervisión del equipo médico que lo acompaña.
Un momento de comunión y esperanza
La presencia del Papa en la plaza, aunque breve, se transformó en un gesto de cercanía y fortaleza espiritual para los fieles, especialmente los más vulnerables. Al finalizar la misa, Francisco se acercó a saludar a un grupo de niños enfermos, reforzando su mensaje de consuelo y compasión.
“La habitación del hospital y el lecho de la enfermedad pueden ser lugares donde se escucha la voz del Señor”, escribió el Papa. “Nos dice también a nosotros: ‘Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?’”