Vaticano

El Papa Francisco pide paz para las tierras del mediterráneo durante visita a Córcega

El Papa Francisco, este domingo en Córcega. / EP
El Papa Francisco visitó Córcega para pedir paz en el Mediterráneo, reflexionó sobre los desafíos del clero y destacó la importancia del equilibrio personal en la vida religiosa.

El Papa Francisco realizó este domingo una visita de corta duración a la isla de Córcega, en el marco de su participación en el congreso titulado "La religiosidad popular en el Mediterráneo", que tuvo lugar en la ciudad de Ajaccio. Durante este viaje, que se extendió por apenas nueve horas, el Pontífice centró su mensaje en un llamamiento a la paz para todas las regiones bañadas por el mar Mediterráneo.

Desde la Catedral de María de la Asunción, en Ajaccio, el Papa dirigió su mensaje principal durante el rezo del Ángelus, momento en el que pidió a la Virgen María que interceda para que reine la paz en las tierras circundantes a este mar. Francisco hizo un énfasis particular en la región de Tierra Santa, recordando que allí la Virgen dio a luz a Jesús. “Paz para Palestina, para Israel, para el Líbano, para Siria, para todo el Oriente Medio”, expresó. Además, extendió su súplica hacia Europa del Este, al desear la paz entre el pueblo ucraniano y el ruso, calificando la guerra como “una derrota para todos”. Finalizó este apartado con un llamado más amplio: "¡Paz para el mundo entero!".

El viaje incluyó también un encuentro previo con miembros del clero local, entre ellos sacerdotes, religiosos y seminaristas, quienes le dieron la bienvenida en compañía de personalidades eclesiásticas como el cardenal español Francisco Javier Bustillo y el arzobispo de Reims, Éric de Moulins-Beaufort, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa. En este contexto, el Papa agradeció la labor de los consagrados, reconociendo su compromiso cotidiano y su testimonio del Evangelio en un entorno que describió como desafiante para la transmisión de la fe.

El Pontífice reflexionó sobre las dificultades que enfrentan las comunidades religiosas, especialmente en Europa, donde, según dijo, los ambientes no siempre favorecen la acogida del mensaje cristiano. En sus palabras, estas limitaciones deben ser vistas como una oportunidad: “Esta pobreza es una bendición, porque nos recuerda que la misión cristiana depende más de la obra de Dios que de nuestras propias fuerzas”. Francisco insistió en que el centro de toda acción pastoral debe ser Dios y no los intereses o capacidades humanas.

Asimismo, instó a los consagrados a mantener un equilibrio entre su vocación y su bienestar personal. Recalcó la importancia de la oración, la eucaristía y el cuidado espiritual, pero también recomendó a los religiosos reservar momentos de soledad, cultivar intereses personales y compartir sus inquietudes con otros hermanos o hermanas. Según el Papa, el descanso adecuado no solo ayuda a sobrellevar las exigencias del ministerio, sino que también refuerza el compromiso en la misión pastoral. Alertó contra la hiperactividad y subrayó que “no es saludable estar siempre en el centro o en constante actividad”.

Francisco también recordó que la vocación religiosa no es un compromiso estático, sino un llamamiento que debe renovarse diariamente. "La alegría del encuentro con el Señor debe ser algo vivo, que se renueve continuamente", afirmó. Animó a los sacerdotes y religiosos a cuidar de sí mismos para poder seguir entregándose al servicio del Reino de Dios con fortaleza y convicción.

El viaje del Papa a Córcega concluyó en un ambiente de reflexión y recogimiento, destacando la importancia de la espiritualidad, la paz y el equilibrio personal en el contexto de la misión cristiana.