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Inconsistencias familiares llevan a la policía a cambiar el rumbo del caso Gus Lamont

La desaparición del pequeño Gus Lamont deja de investigarse como un accidente. / FB
La Policía de Australia del Sur ha descartado que Gus Lamont se perdiera de forma accidental y ha centrado sus sospechas en un miembro de su entorno familiar

La investigación sobre la desaparición de Gus Lamont, el niño australiano de cuatro años visto por última vez en septiembre de 2025, ha dado un giro relevante tras la decisión de la Policía de Australia del Sur (SAPOL) de reclasificar el caso como un “delito mayor”. Este cambio supone descartar la hipótesis inicial de que el menor pudiera haberse perdido de forma accidental en el entorno natural y sitúa el foco de las sospechas en un miembro de la familia, cuya identidad no ha sido revelada por las autoridades.

El superintendente Darren Fielke, responsable de la unidad de delitos mayores, explicó que los investigadores han detectado un “número de inconsistencias y discrepancias” relacionadas con la cronología de los hechos y con las distintas versiones ofrecidas por los familiares del niño. Según la policía, la persona bajo sospecha ha dejado de colaborar con la investigación, lo que ha contribuido a reforzar esta nueva línea de trabajo.

Gus Lamont desapareció el 27 de septiembre de 2025 mientras se encontraba bajo el cuidado de su abuela en una remota estancia del interior del Estado, una zona caracterizada por grandes extensiones de terreno y difícil acceso. De acuerdo con la versión que nunca ha sido desmentida por la policía, el menor fue visto por última vez jugando en el exterior de la vivienda familiar. Aproximadamente media hora después, su abuela salió a llamarlo y no logró encontrarlo.

En los días posteriores a la desaparición, las autoridades desplegaron un amplio operativo de búsqueda, basado en la hipótesis de que el niño pudiera haberse desorientado y alejado por el vasto entorno natural. El dispositivo incluyó helicópteros con cámaras infrarrojas, drones, buzos para inspeccionar represas y depósitos de agua, perros rastreadores, así como la participación de personal militar y numerosos voluntarios de la comunidad local. Pese a la magnitud del esfuerzo, no se obtuvieron resultados concluyentes.

Con el avance de la investigación, la policía fue descartando progresivamente esa primera línea y centrando su atención en el entorno familiar. Según informó SAPOL, la persona considerada sospechosa reside en Oak Park Station, una gran explotación ganadera de unas 60.000 hectáreas. Fielke subrayó que esta sospecha no recae sobre los padres del niño.

En enero, los investigadores ejecutaron una orden judicial en dicha propiedad, durante la cual fueron incautados un vehículo, una motocicleta y varios dispositivos electrónicos. Las autoridades no han precisado a quién pertenecían estos objetos ni si su análisis ha aportado nuevas pruebas al caso.

Tras conocerse el cambio en la calificación de la investigación, las abuelas del menor, Josie y Shannon Murray, reaccionaron de forma inmediata mediante un comunicado difundido por sus abogados. En el texto manifestaron estar “absolutamente devastadas” por el giro de los acontecimientos y afirmaron que la familia ha “cooperado plenamente con la investigación”, insistiendo en que su único deseo es encontrar a Gus y reunirlo con su madre y su padre.

La declaración del caso como “crimen mayor” supone un punto de inflexión en una investigación que ha mantenido en vilo a la comunidad local y a la opinión pública australiana durante meses. Por el momento, la policía mantiene abiertas todas las líneas de investigación y no ha informado de detenciones ni de la formulación de cargos, mientras continúa el trabajo para esclarecer qué ocurrió con el niño.