Ataques y represalias

Golpe en Teherán: Israel asegura haber eliminado a otro alto cargo iraní

Israel ha anunciado la muerte del ministro de Inteligencia iraní en un bombardeo. / EP
Israel ha anunciado la muerte del ministro de Inteligencia iraní en un bombardeo en Teherán, en una nueva fase de escalada del conflicto con Irán

La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos ha entrado en una nueva fase de máxima escalada tras el anuncio del Ejército israelí de haber eliminado al ministro de Inteligencia iraní, Esmaïl Khatib, en un bombardeo dirigido contra objetivos estratégicos en Teherán.

La información, difundida por fuentes oficiales israelíes, no ha sido confirmada por las autoridades iraníes, pero refuerza la estrategia de Israel de golpear directamente a la cúpula del régimen en plena ofensiva militar iniciada a finales de febrero.

El ataque se enmarca en una oleada de bombardeos coordinados en distintas regiones de Irán, en la que, según el propio Ejército israelí, participaron decenas de aviones de combate contra centros de mando, instalaciones militares y almacenes de misiles y drones.

La supuesta muerte del titular de Inteligencia se produce apenas días después de que Israel afirmara haber eliminado a Ali Lariyani, una de las figuras clave del aparato de seguridad iraní, lo que evidencia una ofensiva dirigida a desarticular el núcleo de poder del régimen de los ayatolás.

En paralelo, Irán ha intensificado su respuesta militar. La Guardia Revolucionaria aseguró haber lanzado misiles contra Tel Aviv, en un ataque que habría causado al menos dos muertos, en represalia por la muerte de Lariyani, considerado por Teherán como un “mártir”.

La ofensiva iraní se ha extendido también a varios países del Golfo, con lanzamientos de misiles y drones hacia Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, en un intento de golpear infraestructuras estratégicas y bases vinculadas a Estados Unidos.

Irán ha advertido además que su respuesta será “decisiva”, elevando el riesgo de una expansión regional del conflicto.

El frente libanés también se ha reactivado con intensidad. Israel ha bombardeado Beirut, donde al menos diez personas han muerto y decenas han resultado heridas, según fuentes oficiales libanesas. Entre los objetivos se encontraban milicianos de Hizbulá, organización respaldada por Irán.

Los ataques han provocado un desplazamiento masivo de población, con más de un millón de personas obligadas a abandonar sus hogares en Líbano, lo que representa cerca del 20% de la población del país.

En el plano militar, Israel ha asegurado haber desmantelado más de 80 infraestructuras de Hizbulá en el sur del Líbano, consolidando su presión sobre el eje proiraní en la región.

Al mismo tiempo, el conflicto ha alcanzado infraestructuras sensibles. La central nuclear de Bushehr, en el sur de Irán, ha sido impactada por un proyectil, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que no ha reportado daños graves ni víctimas hasta el momento.

La guerra también empieza a tener consecuencias económicas globales. El encarecimiento del petróleo ha obligado a países europeos como Austria a adoptar medidas de urgencia, como la reducción de impuestos sobre los combustibles para contener el impacto en los consumidores.

Mientras tanto, el mercado energético permanece bajo presión, con el Estrecho de Ormuz convertido en un punto crítico para el tránsito de petróleo y gas.

En este contexto, la estrategia israelí de eliminaciones selectivas y la respuesta iraní mediante ataques masivos con misiles y drones están configurando un escenario de guerra abierta y de alta intensidad, con múltiples frentes activos y un riesgo creciente de escalada internacional.