EE.UU. y Rusia tantean un modelo de “ocupación invisible” en Ucrania
Washington y Moscú habrían explorado, en conversaciones discretas, un plan de control económico y militar sobre Ucrania sin alterar oficialmente sus fronteras, evocando la estrategia de Israel en Cisjordania. La revelación, atribuida a fuentes vinculadas al Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, ha encendido las alarmas diplomáticas en medio de un panorama internacional ya convulso.
Un guion de ocupación sin mapas nuevos
De acuerdo con informaciones publicadas por The Times, el modelo permitiría a Rusia ejercer dominio efectivo sobre regiones ucranianas, manteniendo, no obstante, la soberanía nominal de Kiev. «Seguirá siendo Ucrania sobre el papel, pero en la práctica será un territorio ocupado», habría señalado una fuente próxima a las negociaciones.
El germen de esta propuesta surgió en encuentros celebrados semanas atrás entre Steve Witkoff, emisario de paz del entonces presidente Donald Trump, y representantes rusos. Witkoff, encargado también de impulsar acuerdos en Oriente Medio, habría mostrado su respaldo a este esquema.
Negaciones y acusaciones cruzadas
La reacción de la Casa Blanca no se hizo esperar. La subsecretaria de prensa, Anna Kelly, tachó la versión de «pura invención» y acusó al Times de «periodismo negligente» basado en «fuentes carentes de credibilidad».
Pese a las negativas oficiales, en círculos diplomáticos se apunta que algunos funcionarios estadounidenses verían en esta fórmula de ocupación de facto una vía para un alto el fuego inmediato, eludiendo las restricciones constitucionales ucranianas sobre cesiones territoriales.
Zelenski, firme en su negativa
El presidente Volodímir Zelenski ha reiterado en numerosas ocasiones que no entregará ni un metro de su territorio. Sin embargo, el contexto geopolítico podría forzar la aparición de soluciones que, sin modificar tratados, transformen la realidad sobre el terreno.
Un encuentro decisivo en Alaska
Con la vista puesta en la próxima reunión entre Trump y Putin en Alaska, este presunto plan podría redefinir el equilibrio de poder mundial, tensionar aún más las relaciones entre Occidente y Moscú, y marcar un punto de inflexión en la política exterior estadounidense.