China acelera su arsenal nuclear y se acerca a la paridad con EE.UU. y Rusia
El Boletín de Científicos Atómicos advierte que China está acumulando armas nucleares a un ritmo sin precedentes en la historia reciente. Con alrededor de 600 ojivas actualmente, Pekín ha pasado de ser un actor nuclear con fuerzas limitadas a convertirse en un competidor directo de Estados Unidos y Rusia. La construcción de 350 silos de misiles adicionales y nuevas bases para lanzadores móviles es prueba de una estrategia orientada a la disuasión de largo alcance.
El Ejército Popular de Liberación (EPL) cuenta ya con unos 712 lanzadores terrestres, de los cuales 462 pueden portar misiles capaces de alcanzar el territorio continental de Estados Unidos. Aunque muchos lanzadores se destinan a misiles de corto alcance para escenarios regionales, la tendencia apunta a una multiplicación de capacidades nucleares estratégicas.
La lógica de Xi Jinping: Taiwán como eje
Las declaraciones del general Anthony Cotton, comandante del Comando Estratégico de EE.UU., subrayan que Xi Jinping ha ordenado a sus fuerzas estar listas para tomar Taiwán en 2027. En este escenario, la modernización nuclear sirve como garantía de supervivencia del régimen frente a la posibilidad de un conflicto convencional con Washington y sus aliados.
El Pentágono incluso advierte que China podría recurrir al primer uso de armas nucleares si percibiera que una derrota en Taiwán amenaza directamente la estabilidad del Partido Comunista. Para 2030, se proyecta que el país disponga de más de 1.000 ojivas nucleares operativas, abarcando desde municiones de bajo rendimiento hasta misiles balísticos intercontinentales con potencia de varios megatones.
Reacciones internacionales: alarma en el G7 y movimientos en Japón
El G7 manifestó recientemente su preocupación por la “acumulación significativa de armas nucleares” de China, destacando la falta de transparencia y de mecanismos de control que aumentan el riesgo de una escalada accidental.
La inquietud no se limita a Occidente. En Japón, único país que sufrió ataques atómicos, algunos legisladores empiezan a cuestionar el tabú nuclear. Aunque el apoyo ciudadano sigue siendo bajo, voces como la de la senadora Rui Matsukawa sostienen que Tokio debe convencer a Washington —y a Donald Trump en particular— de que la defensa de Japón sigue siendo de interés estratégico para EE.UU..
Encuestas recientes muestran un cambio paulatino en la opinión pública: figuras como Tatsuaki Takahashi, descendiente de un superviviente de Hiroshima, admiten que la memoria del horror atómico se va difuminando, y con ello aumenta la disposición a debatir opciones hasta ahora impensables.
Un tablero global reconfigurado
La acumulación china se enmarca en un contexto donde Rusia también expande su arsenal, y donde Estados Unidos ha cancelado algunos de sus programas hipersónicos, reconociendo el liderazgo de Moscú y Pekín en ese terreno. El resultado es un nuevo equilibrio inestable, más complejo que la bipolaridad de la Guerra Fría, donde tres potencias nucleares principales compiten por garantizar su hegemonía regional y global.
Este panorama eleva el riesgo de errores de cálculo y obliga a reconsiderar doctrinas de disuasión que parecían consolidadas. La pregunta ya no es si China busca paridad nuclear con EE.UU., sino cuándo y cómo utilizará esa nueva fuerza para reconfigurar el orden internacional.