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Los cardenales intensifican las votaciones en busca del nuevo Papa en el segundo día de cónclave

Los cardenales en el primer día del cónclave. / EP

Mientras se suceden los nombres y aumentan las conjeturas, lo cierto es que la Iglesia se enfrenta a una de las elecciones papales más complejas de los últimos tiempos, marcada por la diversidad y la fragmentación

Tras una primera jornada marcada por la incertidumbre y una esperada fumata negra, los 133 cardenales electores vuelven este jueves a la Capilla Sixtina para continuar con el proceso de elección del nuevo Papa, en un ambiente de intensa expectación tanto dentro como fuera de los muros del Vaticano. La Plaza de San Pedro, testigo silente de tantos hitos de la historia de la Iglesia, comienza a llenarse una vez más de fieles, peregrinos, periodistas y turistas que aguardan el signo blanco en el cielo vaticano: el anuncio de un nuevo pontífice.

Un día crucial para el futuro de la Iglesia

Desde primeras horas de la mañana, los cardenales han retomado el ritmo litúrgico y ceremonial que marca el protocolo de un cónclave: misa a las 8:00 en la Capilla Paulina, recitación de Laudes y, posteriormente, traslado a la Capilla Sixtina para iniciar las votaciones. Si no se alcanza el consenso de los dos tercios (es decir, 89 votos), están previstas hasta cuatro rondas electorales a lo largo del día, divididas en dos sesiones (mañana y tarde). Las correspondientes fumatas, negras o blancas, se esperan en torno a las 12:00 y las 19:00 horas.

La primera votación del miércoles culminó en una fumata nera (negra), prolongada y espesa, que no hizo sino aumentar la tensión en la plaza. La falta de consenso ha quedado patente en un cónclave especialmente complejo, donde la fragmentación entre corrientes eclesiológicas ha diluido la posibilidad de un candidato único claro. A diferencia de ocasiones anteriores, esta elección se distingue por una notable diversidad de perfiles y sensibilidades representadas entre los electores.

Un colegio cardenalicio global

Con 133 electores procedentes de 71 países, se trata del cónclave más internacional de la historia, reflejo del rostro universal de una Iglesia extendida por los cinco continentes. Este aspecto ha dotado de mayor pluralidad las conversaciones previas, celebradas en las doce congregaciones generales antes del cierre del cónclave, donde se compartieron diagnósticos, esperanzas y prioridades sobre el porvenir de la Iglesia católica.

A las 17:43 del miércoles, el tradicional "Extra omnes" —“¡Fuera todos!”— pronunciado por el maestro de ceremonias, monseñor Diego Ravelli, marcó el cierre oficial de la Capilla Sixtina, dando inicio al retiro de los cardenales cum clave (bajo llave), apartados de toda comunicación exterior, incluso bajo férreos controles de ciberseguridad.

¿Quién liderará la Iglesia en el siglo XXI?

Entre los nombres que más suenan en las quinielas se encuentra el del cardenal Pietro Parolin, actual Secretario de Estado y presidente del cónclave. De perfil moderado y continuista, Parolin sería una opción que podría conciliar tanto a los sectores progresistas como a los conservadores. No obstante, hay otras figuras con fuerte respaldo, como el filipino Luis Antonio Tagle, el húngaro Péter Erdő, el italiano Matteo Zuppi o el latinoamericano Odilo Scherer.

La multiplicidad de candidatos, sin embargo, podría dilatar la elección. Aunque algunos analistas apuntan a una fumata blanca para este jueves, no se descarta que el proceso se alargue durante el fin de semana si el cónclave se empantana. Cabe recordar que el cónclave más largo de la historia, en 1268, duró casi tres años, mientras que el más breve —el de Julio II en 1503— apenas tomó diez horas.

Un momento histórico de profunda solemnidad

El ambiente en Roma es de recogimiento espiritual y expectativa histórica. Grupos escolares recorren la Vía de la Conciliación rezando el rosario, mientras los turistas descubren que su viaje ha coincidido con un momento trascendental para la Iglesia. La Plaza de San Pedro, bajo la atenta mirada de más de 2.000 periodistas acreditados, se convierte una vez más en el epicentro del mundo católico.

La misión de los cardenales no es política, ni meramente institucional: deben discernir, en conciencia y oración, quién debe ser el nuevo Sucesor de Pedro. Como recordó el cardenal Giovanni Battista Re durante la misa Pro Eligendo Pontifice, se trata de elegir “al Papa que la Iglesia y la humanidad necesitan en este difícil, complejo y atormentado viraje de la historia”.

Con cada voto depositado en la urna, los cardenales buscan no solo un nuevo pontífice, sino un pastor capaz de guiar al Pueblo de Dios en tiempos de creciente secularización, crisis de autoridad moral y necesidad urgente de esperanza.