Así es el Hwasong-20, el nuevo misil norcoreano de combustible sólido que amenaza al planeta
Corea del Norte ha mostrado al mundo su nueva carta de fuerza militar. En un espectacular desfile celebrado en Pyongyang con motivo del 80º aniversario del Partido de los Trabajadores, el régimen de Kim Jong-un presentó por primera vez el misil balístico intercontinental Hwasong-20, descrito por la agencia estatal KCNA como «el sistema de armas nucleares estratégicas más poderoso del país».
El evento, celebrado el viernes por la noche bajo una intensa lluvia, reunió a altos dignatarios de China, Rusia y Vietnam, evidenciando el alineamiento geopolítico de Pyongyang con el bloque asiático frente a Occidente.
Una exhibición de poder sin precedentes
El Hwasong-20, de combustible sólido, representa un salto cualitativo en la capacidad ofensiva norcoreana. A diferencia de los misiles de combustible líquido, los nuevos sistemas sólidos pueden desplegarse y lanzarse en cuestión de minutos, son más difíciles de detectar por satélites espías y permiten mayor movilidad táctica.
Los expertos en defensa aseguran que el nuevo misil tendría alcance suficiente para golpear cualquier punto del territorio continental de Estados Unidos, lo que lo convierte en una amenaza directa sin precedentes en la península coreana.
Según analistas militares surcoreanos, el Hwasong-20 podría estar equipado con vehículos de reentrada múltiple (MIRV), lo que permitiría lanzar varias ojivas nucleares independientes desde un solo proyectil, cada una dirigida a un objetivo distinto. Esta tecnología, hasta ahora exclusiva de las grandes potencias nucleares, superaría la capacidad de interceptación de los sistemas antimisiles estadounidenses.
Una cumbre militar con aliados estratégicos
En la tribuna central, junto al líder norcoreano, se encontraban el primer ministro chino, Li Qiang, el líder vietnamita To Lam y el presidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, quien aplaudió efusivamente la aparición de una formación de tropas norcoreanas que —según medios rusos— lucharon junto a soldados del Kremlin en la región de Kursk.
Bajo el acuerdo de defensa mutua firmado en junio de 2024 entre Kim Jong-un y Vladimir Putin, Corea del Norte enviará más de 11.000 soldados al frente ruso, mientras Moscú se compromete a transferir tecnología militar y asistencia económica para el desarrollo del arsenal nuclear norcoreano.
En la comitiva rusa presente en Pyongyang también se encontraba Alexander Khinshtein, gobernador interino de Kursk.
Durante su discurso de clausura, Kim Jong-un exaltó el papel de su ejército y de sus alianzas internacionales:
«El heroico espíritu combativo de nuestras fuerzas armadas revolucionarias ha demostrado la perfección ideológica y espiritual de nuestro ejército».
Kim desafía al mundo con su retórica nuclear
Kim, acompañado por su hija y heredera política Kim Ju Ae, aprovechó la ceremonia para reafirmar su estrategia de disuasión nuclear total. En su intervención ante dignatarios extranjeros, aseguró que «la soberanía de Corea del Norte sólo puede garantizarse mediante el poder militar» y acusó a Estados Unidos de «amenazar con una guerra nuclear permanente».
El líder norcoreano proclamó que el país se convertirá en un «paraíso socialista próspero», asegurando que «el Partido no ha cometido un solo error en 80 años» y que su nación avanza «por un camino de ascenso basado en la sabiduría y la fuerza del pueblo».
Kim insistió en que el desarrollo de armas nucleares responde a las crecientes provocaciones de Washington y Seúl, que mantienen 28.000 soldados estadounidenses en territorio surcoreano.
La sombra del pacto Moscú–Pyongyang
El fortalecimiento de la cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte ha generado alarma en Occidente. Desde la firma del pacto de defensa mutua en 2024, ambos países han intensificado el intercambio de armamento, inteligencia y asistencia logística, lo que ha permitido a Pyongyang acelerar su programa de misiles intercontinentales.
Fuentes diplomáticas citadas por el Ministerio de Defensa surcoreano aseguran que Rusia ha transferido tecnología crítica en sistemas de propulsión y reentrada balística, lo que explicaría el rápido desarrollo del Hwasong-20.
El desfile de Pyongyang también incluyó nuevos misiles hipersónicos de corto y medio alcance y tanques Chonma-20, equipados con sistemas de lanzamiento múltiple con capacidad nuclear, una innovación que confirma la militarización total del régimen.
Reacciones internacionales y contexto regional
La presentación del Hwasong-20 se produce en un contexto de creciente tensión global. Según fuentes de inteligencia, los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre las instalaciones nucleares iraníes en junio reforzaron la convicción de Kim de que la supervivencia del régimen depende de un arsenal nuclear expansivo.
La Casa Blanca ha condenado el lanzamiento simbólico, calificándolo de «provocación irresponsable», mientras que el Gobierno surcoreano ha puesto en alerta máxima su sistema antimisiles. En Tokio, el primer ministro japonés Fumio Kishida ha convocado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional, denunciando que el misil norcoreano «viola flagrantemente las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU».
Por su parte, el Ministerio de Exteriores chino ha evitado críticas directas, limitándose a expresar su «esperanza de que todas las partes actúen con prudencia para mantener la estabilidad en la región», una declaración que evidencia la posición ambigua de Pekín ante las acciones de su aliado norcoreano.