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Ali Jamenei, 37 años oprimiendo al pueblo iraní

Ali Jamenei muere tras la ofensiva de EEUU e Israel y deja a Irán ante su mayor crisis desde 1989.
La muerte del líder supremo tras el ataque de EEUU e Israel cierra 37 años de liderazgo y abre una incógnita histórica en Irán

La confirmación de la muerte de Ali Jamenei tras la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel pone fin a casi cuatro décadas de liderazgo incontestado al frente de la República Islámica de Irán. Según anunciaron inicialmente el presidente estadounidense y el primer ministro israelí, y confirmó posteriormente la televisión estatal iraní, el líder supremo falleció en un bombardeo dirigido contra la cúpula del régimen. Su desaparición no solo clausura una etapa política iniciada en 1989, sino que deja al sistema iraní ante su mayor prueba de estabilidad desde la muerte de Ruholá Jomeini.

Del heredero improbable al poder absoluto

La “flexibilidad heroica” como doctrina de supervivencia

Cuando Jomeini murió en junio de 1989, la joven República Islámica afrontaba una sucesión incierta. La Constitución exigía que el líder supremo ostentara el rango de marja, la máxima autoridad religiosa chií, condición que Jamenei no reunía en ese momento. Sin embargo, apelando a lo que él mismo denominó “flexibilidad heroica”, el sistema adaptó la interpretación constitucional para garantizar la continuidad del proyecto revolucionario.

Aquel concepto, que implicaba ceder en aspectos formales para preservar la esencia del régimen, marcó su trayectoria. Jamenei consolidó un liderazgo menos carismático que el de Jomeini, pero más estructural. Su autoridad se apoyó en la institucionalización del poder y en el fortalecimiento de los mecanismos de control político.

La alianza con la Guardia Revolucionaria

Seguridad, aparato militar y expansión regional

Uno de los rasgos distintivos de su mandato fue el refuerzo del aparato de seguridad, en particular de la Guardia Revolucionaria. Durante la guerra con Irak, Jamenei estrechó vínculos con esta fuerza, que acabaría convirtiéndose en columna vertebral del régimen. Bajo su liderazgo, la Guardia amplió su influencia económica, política y militar.

La creación y consolidación de estructuras financieras bajo supervisión directa del líder supremo permitió proyectar la influencia iraní más allá de sus fronteras. Milicias y aliados en Líbano, Siria, Irak o Yemen se integraron en una estrategia regional destinada a garantizar la profundidad estratégica de Teherán frente a Israel y a las monarquías del Golfo.

El programa nuclear y el pulso con Occidente

Entre la negociación y la disuasión

En 2013, Jamenei volvió a invocar la “flexibilidad heroica” para aceptar un acuerdo con seis potencias internacionales que limitaba el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento progresivo de sanciones. Emitió incluso una fatua que prohibía el uso de armas nucleares con fines bélicos.

Sin embargo, el régimen mantuvo el desarrollo tecnológico como elemento central de su seguridad nacional. El programa nuclear se convirtió en símbolo de soberanía y en instrumento de negociación. La tensión con Estados Unidos e Israel fue constante, marcada por sanciones, ciberataques y operaciones encubiertas. La ofensiva que ha provocado su muerte representa el punto culminante de esa confrontación latente.

Represión interna y control político

La estabilidad como prioridad absoluta

Jamenei interpretó cualquier disidencia como amenaza existencial para la República Islámica. Las protestas sociales de las últimas décadas fueron respondidas con una política de firmeza, priorizando la estabilidad institucional sobre la apertura política. Desde la óptica del régimen, la cohesión interna era condición indispensable para resistir la presión exterior.

Sus críticos denunciaron restricciones severas a las libertades civiles y políticas. Sus defensores sostuvieron que la preservación del sistema exigía evitar fracturas que pudieran derivar en inestabilidad. Esa tensión entre control y reforma acompañó todo su mandato.

Un legado controvertido y un futuro incierto

Con la muerte de Jamenei, la República Islámica pierde a la figura que garantizó la continuidad del modelo surgido en 1979. La sucesión corresponde formalmente a la Asamblea de Expertos, pero el peso real de la Guardia Revolucionaria será determinante en la elección del nuevo líder.

La incógnita es doble: si el sistema logrará una transición ordenada y si la región evitará una escalada mayor tras la operación militar. Irán sigue siendo actor clave en el equilibrio de Oriente Próximo. La desaparición de su líder histórico no resuelve las tensiones estructurales, pero sí redefine el tablero estratégico.