Internacional

18 muertos y más de 70 heridos: dos atentados sacuden Colombia

Uno de los destrozos causados por el atentado. / X

El Estado Mayor Central, principal disidencia de las FARC, señalado por el Gobierno como autor intelectual de los ataques en Cali y Antioquia

Colombia ha sido sacudida este jueves por una doble jornada de terror. Dos atentados coordinados —uno en Cali, el otro en Antioquia— han dejado un saldo devastador de al menos 18 muertos y más de 70 heridos, en el episodio más grave de violencia política y criminal en lo que va de año. El Gobierno de Gustavo Petro atribuye los ataques a una "reacción terrorista" del Estado Mayor Central (EMC), una de las más activas y beligerantes disidencias de las extintas FARC.

Explosión en Cali: el terror vuelve a una ciudad marcada por la violencia urbana

A las 14:50 horas del jueves, un camión bomba explotó en las inmediaciones de la Base Aérea Marco Fidel Suárez, en Cali, dejando al menos seis muertos y 76 heridos, entre ellos niños y personas mayores. El estallido se produjo en la Carrera Octava, una de las arterias comerciales más transitadas de la ciudad.

Alejandro Éder, alcalde de Cali, anunció la militarización inmediata de la ciudad y una recompensa de 400 millones de pesos colombianos por información sobre los responsables. "Este acto cobarde no quedará impune", declaró.

El presidente Petro, que viajó esa misma noche a la ciudad, señaló directamente al EMC, asegurando que los autores del atentado serían juzgados como miembros de organizaciones terroristas.

Helicóptero derribado en Antioquia: 12 policías asesinados en plena operación antinarcóticos

Horas antes, en la zona rural de Amalfi (Antioquia), un helicóptero policial fue derribado con un dron cargado de explosivos durante una operación de erradicación de cultivos ilícitos. Doce agentes murieron en el acto: un capitán, un subteniente, un subintendente y nueve patrulleros, mientras trece resultaron heridos.

La zona, históricamente controlada por el frente 36 del EMC, fue blanco de múltiples alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo, debido a la presencia de grupos vinculados al narcotráfico y contrabando. El Clan del Golfo y el ELN también operan en esa región.

Petro endurece su discurso: el EMC, la Segunda Marquetalia y el Clan del Golfo serán tratados como enemigos del Estado

El mandatario colombiano anunció desde Valledupar que los tres grupos armados —EMC, Segunda Marquetalia y Clan del Golfo— serán clasificados como "Junta del Narcotráfico" y perseguidos como organizaciones terroristas. "No son insurgentes, son mafias internacionales. Actuaremos en consecuencia, en cualquier rincón del planeta", dijo Petro con firmeza.

Estas declaraciones abren la puerta a un cambio radical en la política de seguridad de su Gobierno, hasta ahora centrada en el diálogo con sectores armados y procesos de paz diferenciales.

Reacciones políticas e internacionales: llamado a la unidad y advertencias por el deterioro institucional

La vicepresidenta Francia Márquez calificó los atentados como una "afrenta directa al pueblo colombiano y una violación al Derecho Internacional Humanitario". Por su parte, la Defensoría del Pueblo instó al Estado a proteger a los civiles y garantizar justicia para las víctimas.

El expresidente Iván Duque pidió un cambio inmediato de rumbo: "Colombia no puede permitir jamás que el terrorismo vuelva a adueñarse de su destino". En la misma línea, Juan Manuel Santos urgió a fortalecer la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas.

Desde el extranjero, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, expresó su solidaridad con Colombia, al tiempo que la ONU condenó enérgicamente los ataques indiscriminados contra la población civil.

Colombia, de nuevo en una encrucijada: paz en disputa, territorios en conflicto

Los ataques de este 22 de agosto representan un punto de inflexión para el Gobierno colombiano. La posibilidad de declarar el estado de conmoción interior —una medida excepcional— está sobre la mesa, aunque Petro aún se resiste.

Entretanto, la ciudadanía se enfrenta al resurgimiento del miedo, mientras el país debate si la paz negociada sigue siendo viable o si ha llegado el momento de una respuesta militar sin concesiones frente a los actores armados del narco-conflicto colombiano.

Colombia, aún marcada por el dolor del pasado, se ve obligada a mirar de frente a un presente que parece repetir sus ciclos de violencia, sin tregua.