Hamilton se hunde en Ferrari: “Soy un inútil. Un completo inútil”
Lewis Hamilton tocó fondo en Budapest. El siete veces campeón del mundo vive su etapa más sombría desde que firmó por Ferrari, el equipo con el que soñó desde niño, pero que hoy lo tiene contra las cuerdas. Tras una clasificación desastrosa en el GP de Hungría, donde saldrá desde la 12ª posición, el británico dejó una de las declaraciones más crudas y desgarradoras de su carrera: “Soy un inútil. Un completo inútil.”
Un hombre roto, en el corazón de Ferrari
Las palabras resonaron en el ‘corralito’ del Hungaroring, ante los micrófonos, pero sobre todo ante el silencio generalizado del paddock. MARCA fue testigo directo del momento en el que Hamilton —con la mano en la cara, evitando cámaras— dejó entrever un nivel de frustración pocas veces visto en él.
“El equipo no tiene problema. Puedes ver al otro coche en la pole [el de Leclerc]. Ferrari necesita, probablemente, cambiar de piloto.”
El contraste es brutal: mientras Charles Leclerc celebraba una pole casi milagrosa, Hamilton volvía a quedarse fuera de la Q3, por cuarta vez en la temporada, tras caídas previas en Miami (12º), Imola (12º) y Bélgica (16º).
La túnica sagrada no le queda bien a todos
Ferrari representa tradición, exigencia, pasión. Y Hamilton, que llegó a Maranello como leyenda viva, no ha encontrado aún el modo de encajar en ese engranaje rojo. Ni los nuevos ajustes en el AMR25, ni la suspensión modificada, ni el enfoque de set-up han sido suficientes para devolverle la confianza.
“Soy siempre yo”, cerró, en una frase que suena a resignación, a hartazgo… y quizá a principio del final.
Su estilo de pilotaje, agresivo en vértices, dominante en la salida de curva, parece chocar frontalmente con la arquitectura de un Ferrari pensado por y para Leclerc. Ni el talento ni la experiencia han podido corregir esa desconexión técnica.
Un sueño que se vuelve pesadilla
Lo que en su día fue una ilusión —vestirse de rojo, liderar el regreso glorioso de Ferrari— hoy es un laberinto sin salida. Hamilton, con 104 victorias a sus espaldas, hoy se enfrenta a sí mismo, más que a sus rivales.
Fred Vasseur, jefe de equipo, evitó las cámaras, pero no las preguntas. Desde el hospitality de la Scuderia, la tensión se percibía, incluso en los rostros más sonrientes.