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Aston Martin llega a Ímola contra las cuerdas: 2026 empieza ahora

Los pilotos de Aston Martin, Lance Stroll y Fernando Alonso. / EP

Fernando Alonso y el equipo británico afrontan el inicio de la gira europea con presión, dudas técnicas y una urgencia contenida por empezar a remontar en la clasificación

La Fórmula 1 entra en su fase decisiva. Europa marca el punto de inflexión para quienes pretenden reescribir el relato de una temporada que, hasta ahora, no ha hecho más que señalar carencias. Y entre los equipos que miran con urgencia al trazado de Ímola está Aston Martin, un proyecto de altas aspiraciones que, a fecha de hoy, ocupa una posición incómoda en la parrilla, más cercana al vagón de cola que al podio.

Un punto de partida: la decepción de Miami

La actuación del equipo en el Gran Premio de Miami no solo fue discreta. Fue preocupante. El AMR25 mostró síntomas estructurales de debilidad en tracción lenta y estabilidad mecánica. En la práctica, fue el peor coche del fin de semana en términos de ritmo puro, y solo una carrera errática del resto permitió a Lance Stroll sumar puntos marginales. Fernando Alonso, por su parte, continúa sin puntuar en 2025, un dato que, aunque anecdótico, dibuja la frustración del entorno.

Ímola, el espejo del pasado y la promesa del presente

Con la llegada al Autódromo Enzo e Dino Ferrari, la estructura técnica dirigida por Andy Cowell y representada en los medios por Pedro de la Rosa, ha anunciado mejoras para el AMR25. Sin embargo, el equipo camina sobre hielo fino: fue precisamente en Ímola, en 2024, donde se desencadenó la debacle del monoplaza tras una serie de actualizaciones fallidas.

En Aston Martin saben que las mejoras no bastan si los rivales también mejoran. Como dijo el propio Alonso, “todos tienen mejoras, los demás no se duermen”. Red Bull estrenará un nuevo suelo, Ferrari una evolución en sus suspensiones. La batalla técnica se recrudece.

Una crisis con múltiples capas

Lo que enfrenta Aston Martin es más que un bache de rendimiento. Se trata de una crisis de concepto. El monoplaza no responde como se esperaba, ni en simulador ni en pista. Las causas son múltiples: falta de carga aerodinámica en curvas lentas, un chasis que compromete el equilibrio, y una degradación excesiva en condiciones de calor.

A todo esto se suma la presión silenciosa que representa Fernando Alonso. A sus 43 años y con un contrato que le ata al equipo en la transición al reglamento de 2026, el bicampeón no ha perdido ni exigencia ni claridad. Ha señalado errores estratégicos, como en la sprint de Miami, y ha insistido en que el objetivo no es el presente, sino construir el futuro. “Estamos más preparados para ganar campeonatos que en 2023”, dijo. Pero los hechos aún no respaldan esa afirmación.

El verdadero desafío: 2026

Si bien Ímola y el mes europeo servirán como termómetro del curso actual, en Silverstone la prioridad ya está desplazada hacia adelante. El coche de 2026, bajo la nueva normativa técnica, es el auténtico proyecto bandera. Para eso se ha invertido en talento, fichando ingenieros clave como Enrico Cardile (ex Ferrari) y presuntamente tentando a Adrian Newey.

El AMR25 debe aguantar el tipo en pista, pero su éxito ya no se mide en podios, sino en aprendizajes. Todo lo que se logre este año será útil para aterrizar en 2026 con las bases asentadas de una estructura que quiere, al fin, ser campeona.

Aston Martin se planta en Ímola con la necesidad de demostrar que puede reaccionar, que sus mejoras son algo más que cosmética técnica, y que Alonso no ha firmado sus últimas temporadas solo para resistir. El Mundial de 2025 empieza a perder interés clasificatorio para el equipo, pero el examen más importante no se disputa en los puntos, sino en la coherencia de un proyecto que quiere pasar de aspirante a contendiente real.