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La extrema izquierda se manifiesta mientras el socialismo de Sánchez se tambalea por la corrupción

Una mujer durante una manifestación de Marea de Residencias, a 23 de noviembre de 2024, en Madrid (España). Juan Barbosa / Europa Press
Una movilización que, en lugar de apuntar al Ejecutivo central, parece diseñada para desviar la atención y mantener a Isabel Díaz Ayuso en el centro de las críticas.

En un contexto en el que el Gobierno de Pedro Sánchez enfrenta acusaciones de corrupción y señalamientos directos hacia altos cargos del PSOE, la extrema izquierda vuelve a tomar las calles de Madrid. Este sábado, la Marea de Residencias, respaldada por grupos vinculados a la izquierda más radical, ha organizado una manifestación en la Gran Vía, exigiendo «justicia y responsabilidades» por los fallecimientos en residencias de ancianos durante la pandemia.

El contraste no pasa desapercibido: mientras el socialismo atraviesa su crisis más profunda, con el caso Koldo y las declaraciones de Víctor de Aldama salpicando a ministros, asesores y al propio Pedro Sánchez, los movimientos de izquierda radical parecen mantener el foco en viejas acusaciones contra la Comunidad de Madrid y su presidenta, Isabel Díaz Ayuso.

7.291 muertes en el centro del debate
La protesta, con cerca de 2.000 asistentes según fuentes policiales, fue una mezcla de proclamas contra la gestión regional y exigencias de cambios estructurales. Pancartas como «No son muertes, son asesinatos» y «Residencias públicas y de calidad» marcaron el tono de la marcha, organizada en memoria de las 7.291 personas mayores fallecidas en residencias madrileñas durante la pandemia.

Elena Valero, una de las organizadoras, acusó al Gobierno regional de haber actuado con «abandono absoluto» hacia los ancianos. Sin embargo, el contexto político actual hace que estas acusaciones parezcan estratégicamente oportunas. Mientras Ayuso defiende su gestión, destacando las trabas y falta de apoyo del Ejecutivo central durante la crisis sanitaria, la izquierda parece buscar en este frente una cortina de humo para desviar la atención de los casos de corrupción que cercan a Sánchez.

Más Madrid y PSOE se alinean en sus críticas a Ayuso
Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid, acusó al Ejecutivo de Ayuso de «protocolos de la vergüenza», mientras Reyes Maroto, del PSOE, pidió a la presidenta madrileña que «pida perdón» por los fallecimientos. En sus declaraciones, Maroto calificó de «lamentable» que Ayuso sugiriera que las familias de las víctimas están respaldadas por intereses políticos o económicos, algo que la propia presidenta había mencionado en días recientes.

No obstante, el PSOE enfrenta sus propios problemas: la figura de Pedro Sánchez está en el ojo del huracán, señalado directamente por Aldama como partícipe de una red de corrupción y con un entorno cercano bajo sospecha. La propia manifestación parece un intento de reconducir la narrativa política hacia un terreno más favorable para los socialistas.

Reclamos de una Ley estatal de Residencias
Entre las demandas de los manifestantes se encuentra la creación de una Ley estatal de Residencias que garantice los derechos de los mayores y un refuerzo de los recursos humanos y materiales para estos centros. Sin embargo, resulta irónico que muchos de estos colectivos no hayan dirigido sus exigencias al Ejecutivo de Sánchez, responsable de las políticas nacionales durante la pandemia.

Mientras tanto, la figura de Ayuso sigue siendo el blanco favorito de las críticas de la izquierda. Pero ¿por qué no se cuestiona la gestión del Gobierno central en el reparto de recursos y decisiones durante la pandemia?

Un clima político dividido
La manifestación de este sábado deja entrever las fracturas en la estrategia de la izquierda española. Con un socialismo acorralado por la corrupción y la figura de Sánchez debilitada, la extrema izquierda opta por reavivar viejos frentes para mantener su narrativa y desviar el foco de los escándalos que envuelven a sus aliados políticos.

En este contexto, la pregunta clave es: ¿cuánto tiempo podrán mantener esta estrategia mientras el caso Koldo y otros escándalos siguen destapando las sombras de corrupción en el socialismo? ¿O será que el socialismo y la extrema izquierda han decidido unir fuerzas para evitar una debacle electoral en el horizonte?