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"¡Pedro Sánchez, hijo de puta!": vuelve el canto más popular del verano

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Tomàs Moyà

San Fermín, verbenas de pueblo o discotecas de verano: ningún escenario parece ajeno a un cántico que refleja un hartazgo creciente hacia el presidente

Lo que comenzó como una expresión puntual de rechazo, se ha convertido, en pleno verano de 2025, en un fenómeno masivo y repetido. En discotecas, conciertos, fiestas populares y plazas de toros, se repite el mismo cántico: “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!”. El último episodio tuvo lugar en El Palmar (Cádiz), donde decenas de personas, apoyadas por los DJs del local, entonaron este insulto como si fuera un himno.

Este tipo de cánticos ya se ha escuchado en eventos tan diversos como San Fermín, fiestas patronales, veladas deportivas o pregonas de pueblo. Incluso se ha documentado su uso en actos sin vinculación política aparente, lo que confirma que el rechazo a Pedro Sánchez ha adquirido un carácter transversal y socialmente asumido en ciertos sectores. Lo que antes se consideraría una falta de respeto aislada, hoy se reproduce con naturalidad y sin rubor.

Un clima de hartazgo cada vez más visible

Este fenómeno no ocurre en el vacío. Coincide con un cúmulo de escándalos que rodean al presidente y su entorno. Su mujer, Begoña Gómez, está imputada. Su hermano, David Sánchez, también. El caso Koldo, que salpica directamente al PSOE, sigue abierto. Y los dos últimos secretarios de Organización del partido han estado implicados en tramas de corrupción.

Todo esto alimenta una percepción de impunidad y doble vara de medir por parte del gobierno. Mientras el ciudadano común se enfrenta a la presión fiscal, a la falta de transparencia institucional, y a las consecuencias de una política económica errática, observa cómo el núcleo cercano al presidente se mueve entre privilegios, blindajes y favores.

Vacaciones de lujo en plena crisis

Mientras los incendios arrasaban miles de hectáreas y las protestas por la gestión se multiplicaban, Pedro Sánchez permanecía blindado en el palacio de La Mareta, en Lanzarote. No estaba solo. Le acompañaban su mujer, sus hijas, sus padres y hasta su cuñado y su esposa. Una comitiva privada en una residencia oficial cedida por el Rey para fines turísticos de Estado, pero convertida en refugio personal y familiar del jefe del Ejecutivo.

A esto se suma el despliegue: 20 escoltas, 40 guardias civiles, cuatro coches oficiales, una patrullera en la costa y el uso de helicóptero Super Puma y Falcon. Todo esto, a costa del contribuyente, en un momento en que el Gobierno pide contención, sostenibilidad y responsabilidad colectiva. La incoherencia entre lo que se predica y lo que se practica no pasa desapercibida.