En memoria de José Luis de Cabo

Se marcha "Sito", el alcalde que nunca dejó de ser el taxista de su pueblo

Más allá de la política, fue durante treinta años el taxista de referencia del valle, ayudando a cientos de vecinos en una época en la que un viaje al médico o al hospital significaba mucho más que un simple desplazamiento.

Hay personas cuya huella trasciende los cargos que ocuparon. Personas que terminan formando parte de la memoria colectiva de un pueblo porque estuvieron siempre donde se les necesitaba. En Pesaguero, ese nombre era el de José Luis de Cabo Bravo, conocido cariñosamente por todos como "Sito" o "Luisito", fallecido a los 89 años.

Con su desaparición, la comarca de Liébana pierde a uno de los grandes representantes del municipalismo cántabro. Un alcalde cercano, accesible y profundamente comprometido con el desarrollo de su municipio, pero también un vecino que nunca dejó de caminar al lado de la gente.

Veinte años al frente del Ayuntamiento

José Luis de Cabo Bravo asumió la Alcaldía de Pesaguero en 1987 y permaneció al frente del Ayuntamiento hasta 2007. Fueron seis legislaturas consecutivas, todas ellas respaldadas por la confianza mayoritaria de sus vecinos.

Su forma de entender la política estaba muy alejada de los grandes discursos. Gobernaba desde la cercanía, escuchando a los habitantes del municipio y buscando soluciones para mejorar la calidad de vida de un pueblo de montaña donde cada pequeño avance suponía un importante paso hacia el futuro.

Durante aquellos años impulsó numerosas mejoras en infraestructuras y servicios municipales. Entre las actuaciones más recordadas figura la construcción del actual edificio del Ayuntamiento, inaugurado en 2003, símbolo de una etapa de modernización para el municipio.

Mucho más que un alcalde

Sin embargo, quienes mejor conocieron a "Sito" rara vez hablan primero de su cargo político.

Hablan del taxista.

Durante alrededor de tres décadas recorrió diariamente las carreteras de Liébana al volante de su vehículo, prestando un servicio esencial para muchos vecinos, especialmente en una época donde las comunicaciones eran mucho más complicadas que en la actualidad.

Llevó a personas mayores a consultas médicas, trasladó pacientes hasta hospitales, acercó vecinos a mercados, bancos o administraciones y estuvo disponible cuando hacía falta.

Para muchos habitantes del valle, aquel taxi representaba mucho más que un medio de transporte. Era una conversación, una ayuda y, en muchas ocasiones, una tranquilidad para quienes vivían alejados de los grandes núcleos de población.

Un hombre profundamente ligado a su pueblo

Casado con la maestra María Setién, formó una familia junto a sus hijos Valentina, Luis María y María Ángeles, compaginando siempre su vida familiar con sus responsabilidades públicas y profesionales.

Su figura pertenece a esa generación de alcaldes rurales que conocían personalmente a todos los vecinos y que entendían la gestión municipal como una prolongación del servicio cotidiano que prestaban a su comunidad.

No necesitaba grandes protocolos para resolver un problema. Bastaba una conversación en la plaza, una visita a una vivienda o una llamada telefónica para ponerse manos a la obra.

El valor del municipalismo

En una época en la que la política suele asociarse a grandes debates nacionales, la trayectoria de José Luis de Cabo Bravo recuerda la importancia del municipalismo.

Porque los pequeños ayuntamientos son la primera puerta a la que llaman los ciudadanos cuando necesitan ayuda.

Y en municipios como Pesaguero, donde apenas unos cientos de vecinos comparten la vida diaria, el alcalde no solo administra recursos: escucha, acompaña y conoce personalmente las preocupaciones de cada familia.

Ese fue, precisamente, el sello que dejó "Sito" durante sus veinte años de mandato.

Un legado que permanecerá

Las obras pueden transformarse con el paso del tiempo y los cargos públicos terminan formando parte de la historia. Sin embargo, el recuerdo que deja una persona permanece en la memoria de quienes compartieron la vida con ella.

José Luis de Cabo Bravo deja el ejemplo de una manera de entender el servicio público basada en la humildad, la cercanía y el compromiso con el mundo rural.

Su legado no se mide únicamente por los proyectos que impulsó desde el Ayuntamiento, sino también por los miles de kilómetros recorridos al volante de su taxi para ayudar a un vecino, por las conversaciones mantenidas en cada pueblo del valle y por la confianza que durante veinte años depositaron en él los habitantes de Pesaguero.

Con su fallecimiento desaparece una de esas figuras que ayudaron a construir la historia reciente de la Liébana rural, pero permanece el recuerdo de un hombre que dedicó buena parte de su vida a mejorar la de los demás.