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A un paso de Cantabria: historia, mar y tortilla jugosa en cinco joyas gallegas imprescindibles

Betanzos es una ciudad medieval bañada por los ríos Mandeo y Mendo. / i.a.
¿Te apetece una escapada desde Cantabria con sabor gallego, vistas al mar y pueblos que parecen de cuento?

Galicia guarda en cada rincón un secreto, una postal, una historia. Entre playas salvajes y montes cubiertos de niebla, los pueblos gallegos no solo resisten el paso del tiempo, sino que lo embellecen. Y aunque elegir entre tantos encantos no es tarea fácil, la Guía Repsol —la misma que hace décadas fue conocida como Guía Campsa— ha confeccionado una lista con los 15 pueblos más bonitos de Galicia, entre los cuales cinco pertenecen a la provincia de A Coruña. Una distinción que reconoce su valor histórico, paisajístico y cultural.

De la costa de Muros al interior señorial de Betanzos, pasando por villas marineras y pueblos de cuento, aquí te presentamos estos cinco destinos que, según la Guía Repsol, resumen lo mejor de la Galicia más auténtica.

1. Muros: historia marinera a los pies del monte Louro

Situado en la ría de Muros y Noia, este pueblo pesquero encarna la esencia de la Costa da Morte con un pie también en las Rías Baixas. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, su casco antiguo está repleto de soportales de piedra, plazas silenciosas y calles con nombres tan poéticos como Sufrimiento, Amargura o Soledad.

El mar es parte de su vida diaria, y el cercano monte Louro ofrece una de las vistas más impresionantes de la costa gallega. Muros es ideal para quienes buscan tradición, belleza y tranquilidad con sabor salado.

2. Ponte Maceira: un puente de piedra que cruza la historia

Pequeño, discreto y encantador. Ponte Maceira, situado en el interior de la provincia, es uno de esos pueblos que sorprenden por su autenticidad. El puente medieval de cinco arcos sobre el río Tambre es su emblema, formando parte del Camino de Santiago en su ruta hacia Fisterra.

El conjunto lo completan molinos fluviales, casas de arquitectura tradicional, la capilla de San Brais y el pazo de Baladrón, conformando una estampa detenida en el tiempo. Un remanso de paz entre bosques y aguas cristalinas.

3. Redes: la joya indiana de la ría de Ares

Quizá menos conocido, pero no menos encantador, Redes es un pequeño barrio marinero en el municipio de Ares, a orillas de la ría del mismo nombre. Lo que lo hace especial son sus casas indianas, construidas por emigrantes que regresaron de América, y su aire bohemio que ha cautivado incluso a directores de cine como Pedro Almodóvar.

Sus callejuelas estrechas, su puerto con barcas amarradas y su ambiente tranquilo lo convierten en una escapada perfecta para descubrir una Galicia menos turística pero igual de bella.

4. Mugardos: entre fortalezas y pulpo

Asomado a la ría de Ferrol, Mugardos guarda un pasado defensivo marcado por fortalezas como el Castillo de San Felipe y el Castillo de la Palma, pero también un presente gastronómico que gira en torno a su plato estrella: el pulpo a la mugardesa, preparado con cebolla y pimientos.

Su puerto colorido, su paseo marítimo y su patrimonio militar convierten a esta villa en un cruce entre historia, sabor y paisaje. Ideal para amantes de la buena mesa y la arquitectura fortificada.

5. Betanzos: la capital del gótico gallego

Clásico en cualquier ranking de pueblos gallegos, Betanzos brilla con luz propia gracias a su extraordinario casco histórico, declarado también Conjunto Histórico-Artístico. Sus calles empedradas guardan joyas como las iglesias góticas de Santiago, San Francisco y Santa María de Azogue.

Además, cuenta con uno de los espacios más singulares de Galicia: el parque enciclopédico O Pasatempo, precursor de los parques temáticos modernos. Y, por supuesto, ningún viaje a Betanzos está completo sin probar su famosa tortilla, jugosa hasta el corazón.

Galicia en cinco paradas

Desde lo más profundo del bosque gallego hasta la bravura del Atlántico, estos cinco pueblos de A Coruña demuestran por qué Galicia no deja de enamorar a quien la pisa. La Guía Repsol lo confirma, y los viajeros también: aquí la belleza no es solo una cuestión estética, es una forma de vivir, de conservar y de contar la historia.