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El Diario de Cantabria

Una cuestión de fe

El Racing suma su séptimo empate en nueve partidos tras ir perdiendo 0-2

Enzo, recogiendo el balón de la portería rival tras marcar el primer gol de su equipo, el que le hizo recuperar su mejor versión. / J.R.
Enzo, recogiendo el balón de la portería rival tras marcar el primer gol de su equipo, el que le hizo recuperar su mejor versión. / J.R.
Una cuestión de fe

Fue un partido raro. Y su desenlace fue más raro todavía. El Racing pasó de pasar del partido a ir a por él con el cuchillo entre los dientes y recuperando algunas de sus mejores virtudes. Sucedió igual que en Oviedo. Sólo cuando vio su orgullo herido y tuvo motivos para comportarse de nuevo como un equipo hambriento y ambicioso volvió a surgir la chispa a tiempo de levantar un 0-2 y firmar un nuevo empate, el séptimo en nueve partidos. Y es de entender que a partir del próximo fin de semana, cuando por fin tenga algo por lo que jugar desde el minuto uno, se va a ver a ese Racing valiente, vertical, profundo y con ritmo de partida para que, cuando menos, le dé tiempo a ganar. Como no se vea esa versión y salga a jugar como en los primeros 75 minutos del encuentro de ayer, tendrá problemas. Es una cuestión de fe.

Lo cierto es que el conjunto cántabro va a entrar en el playoff con una sola victoria en los dos últimos meses y medio. Lo va a hacer sin carrerilla. Y no es la mejor manera de hacerlo. Y también lo va a hacer sin Jordi Figueras porque, a falta de una confirmación médica, da la sensación de que se ha vuelto a romper. Toca pensar en asaltar el ascenso sin él y con Óscar Gil y Olaortua como únicos centrales. Ni siquiera puede plantearse Ania trasladar a Castañeda al centro de la retaguardia porque Redru no está para jugar un playoff. 

El partido fue más de lo mismo hasta el último cuarto de hora. Era lo esperable. Incluso el resultado final. Al Logroñés le bastaba un empate para consumar el subcampeonato y empató. Suele pasar. Por el camino, el Racing dio continuidad hasta el toque de corneta final a la tónica de las últimas semanas (o meses) y siguió jugando sin ritmo, sin profundidad y, ayer, también sin presencia en el área. Por segundo partido consecutivo arrancó sin delantero y, aunque tampoco resultó decisivo porque antes de echar de menos al nueve hay que llevar el balón a donde debía estar éste, sí permitió que los defensores del equipo riojano jugaran más tranquilos. Y eran dos buenos centrales. Sergio Rodríguez reservó a César Caneda, que no entró hasta el final, y puso en escena al cántabro Borja García y a Mikel Santamaría. A los tres conoce bien la afición verdiblanca. Los dos que quedaron en ese último tramo sufrieron por fin la presencia de un nueve que, aunque debutaba en El Sardinero, se fue por la puerta grande. Siverio confirmó que se puede contar con él porque marcó un gol, le anularon otro y estampó un balón contra la madera.

Mantenerse inoperante en ataque ante la mejor defensa de la categoría no es una buena idea. Así es difícil hacer daño a un equipo que sí se jugaba algo. Reservó a algunos de sus futbolistas más importantes pero los que entraron en acción lo hicieron con una velocidad más que los racinguistas. Es algo que lleva tiempo pasando para desesperación del aficionado, que ayer incluso tuvo que pitar en más de una ocasión al no reconocer a su equipo. Al menos, se marchó a casa con el buen sabor de boca que dejó ese arranque de orgullo para levantar un 0-2 con un hombre menos.  Algo es algo.

Reservó el técnico asturiano a alguno de sus mejores hombres, como Buñuel, Mario Ortiz o Cayarga. Para ocupar su sitio, echó mano de la cantera para encontrar al lateral derecho que completara la plantilla. Porque Aitor Buñuel no ha tenido competencia en todo el curso. Sólo la encontró cuando Ania apostó por Nico Hidalgo como carrilero, opción que pareció buena hasta que se encontró con un extremo que le miró a los ojos y le hizo un ocho. Ayer fue Sainz - Maza el elegido y cuajó un gran partido. Fue quizá el mejor de su equipo ayudando a sacar el balón con limpieza y claridad y, además, teniendo que lidiar con un Ñoño que parece tomarse la pócima mágica cada vez que se mide al equipo verdiblanco.

En ataque, sorprendió la apuesta por Redru para comenzar como extremo izquierdo, desde donde confirmó que no está para jugar en este equipo. Tiene que ser increíble estar en la piel de Jesús Puras y ver que ha llegado un futbolista cedido por el Betis para cortar su progresión. El sevillano tuvo que terminar como lateral porque Julen Castañeda vio una amarilla en el primer tiempo y abandonó el terreno de juego en los inicios del segundo. También la vieron Quique Rivero y Óscar Gil pero el segundo de ellos se quedó en el terreno de juego. Fue un riesgo porque, en el fondo, era como tener en el campo a alguno de los que llegó al partido con cuatro cartulinas. En el caso de ver otra (vio la primera antes del cuarto de hora) se habría perdido el primer partido de playoff. Y la verdad es que corrió verdadero peligro cuando Figueras se marchó lesionado y se quedó como único central en el terreno de juego. Hubo un momento en el que Víctor López se le marchó y tuvo la tentación de agarrarle. Le llegó a coger la camiseta pero en seguida la soltó porque le entró la razón de repente.

Lo cierto es que no se puede decir que el de Peralta llegue en su mejor momento a la fase de ascenso. Ayer alternó algunas buenas acciones con otras fatales, como la que costó el segundo tanto del conjunto riojano. El navarro salió a por uvas, fue a despejar con fuerza un balón pero lo que hizo fue lanzar una patada al aire, lo que permitió a Ñoño hacerse con la pelota con todo un pasillo libre para correr. Lo aprovechó para ganar línea de fondo y dar el pase de gol a Víctor, que sólo tuvo que empujar con Iván Crespo ya vendido.

Ese segundo gol fue el que cambió un poco el partido y el que hizo que el Racing apretara de nuevo el acelerador. Como en Oviedo, necesitó recibir un sopapo para ponerse a jugar a fútbol de verdad, ya que este deporte, o al menos así lo entiende Iván Ania, consiste en buscar la portería rival con decisión. Y lo empezó a hacer. La entrada de Cayarga, sumado a los arranques de rabia de Sergio que consiguen compensar las limitaciones con las que ha llegado a final de curso, pusieron al equipo la marcha que le faltaba y fue entrando en el partido.

Estaba el conjunto cántabro disfrutando de su mejor momento y por fin había hecho trabajar al portero riojano. Lo hicieron primero Sergio y después Nico Hidalgo al coger el rechace generado por el lanzamiento del primero. También apareció Enzo a lo grande después de no haber encontrado su sitio en todo el primer tiempo y remató en el área pequeña un gran centro de Cayarga que se fue lamiendo el palo. El equipo verdiblanco estaba repitiendo la historia del Carlos Tartiere con una sala de máquinas idéntica (Mario Ortiz y Noguera) y que parece que le va bien pero en ese momento cayó en desgracia Jordi Figueras.

El central se volvió a romper. Lo notó y se fue al banquillo sabiendo que se repetía la historia en el momento menos oportuno, a una semana del playoff.  Él más que nadie sabía de la inoportunidad de la lesión y dio un puñetazo al techo del banquillo con el que quiso liberar toda su rabia. Después, se quedó tumbado en el suelo con los brazos en la cabeza. Sólo él sabía lo que pasaba ahí. Ania ya había hecho los tres cambios y, por lo tanto, no pudo mover ficha. Y quedaba casi media hora para el final.

El técnico apostó por no cambiar nada y dejar una defensa de tres, quizá pidiendo a Mario que echara una mano. Nada nuevo. Con todo, lo cierto es que el golpe moral fue tremendo para los jugadores verdiblancos. Ver a uno de sus líderes derrumbarse afectó más que si el Logroñés hubiera marcado un tercer gol. Estaba mucho más cerca el 0-3 que cualquier otra cosa pero entonces cogió el balón un Nico Hidalgo que parecía que había agotado ya su depósito. Durante el encuentro, ni siquiera él había sido capaz de cambiar el ritmo a su equipo y dotarle de una pizca de profundidad, pero en ese momento avanzó metros con decisión y se coló en el área rival como si fuera su casa. El Logroñés se había dejado contagiar por esa sensación que transmitía el Racing de haber dado por finiquitado el encuentro antes de tiempo y vio cómo se colaba el motrileño hasta que éste dio un enorme pase a Enzo, que culminó a lo grande, como si de un hombre de área se tratara.

Aquello volvió a meter al conjunto cántabro en el campo, que fue capaz de conseguir que no se notara que estaba jugando con uno menos. El tanto del francés metió a todo El Sardinero en el campo y entre jugadores y aficionados construyeron ese ambiente difícil de soportar. El Logroñés se deshizo y antes de que anotara Siverio el gol del empate, aún le anularon uno con aspecto de legal porque lo cierto es que el jugador canario llegó desde atrás, pero el trencilla pitó fuera de juego.

Parecía claro que el empate iba a llegar. Mikel Santamaría se había marchado del terreno de juego y entró un César que se las sabe todas. Y lo cierto es que estuvo tremendamente fallón. Coincidiendo con su entrada, la defensa del Logroñés pasó de ser la más fiable de la categoría a ser un coladero. Le regaló, por ejemplo, un balón a Noguera poco acorde con un futbolista de su nivel y, finalmente, llegó el tanto del futbolista del filial al empujar un balón sacado de córner que llegó al segundo palo gracias a que el portero salió a por uvas. La pelota golpeó en el ariete y después él mismo la remató.

En el momento en el que llegó la igualada racinguista tras quedarse con uno menos y dos goles por debajo, el Mirandés ya iba perdiendo. Al Logroñés incluso le valía perder para terminar segundo. Siguieron buscando ambos el gol, contó Siverio con otro testarazo con el que podía haber redondeado la tarde pero poco más sucedió. En ese momento, lo fundamental era ya esperar al sorteo de esta tarde, que ya es lo que vale. Toca pasar página porque todo lo hecho hasta ahora ya no cuenta.

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