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El Diario de Cantabria

RACING - BILBAO ATLETIC

Una cuenta menos

El Racing remonta un partido por vez primera esta temporada ante un buen Bilbao Athletic que fue a menos. Al conjunto cántabro le faltó fútbol, sobre todo en el primer tiempo, pero echó mano de un mayor empuje físico. 

Sergio Ruiz dedica un gesto de rabia, victoria y complicidad con la grada tras marcar el gol que consumaba la remontada. / J.R.
Sergio Ruiz dedica un gesto de rabia, victoria y complicidad con la grada tras marcar el gol que consumaba la remontada. / J.R.

El Racing está haciendo muchas cosas bien esta temporada, pero le faltaba algo. Le está yendo tan bien que incluso sólo había ido por detrás en el marcador en su única derrota hasta la fecha, calificada ya de accidente. En el resto de partidos, siempre había ido empatando o ganando. Esto quiere decir que todavía no había remontado un resultado adverso y que, por lo tanto, le faltaba demostrar que era capaz de hacerlo; dejar bien claro que no mete el pico debajo del ala cuando las cosas no comienzan como quiere y recibe una mala noticia. Es algo que el equipo verdiblanco ya puede borrar de su lista e tareas pendientes porque ayer comenzó perdiendo 0-1 y acabó ganando 3-1.

El conjunto cántabro no firmó su primera remontada ante un cualquiera, sino ante un buen equipo que con el tiempo va a estar muy arriba. Que nadie lo dude. Lo bueno es que, tras la victoria de ayer, el Bilbao Athletic ya está a doce puntos. Ahí está bien. Desde esa distancia, parece menos fiero. Y el segundo clasificado, con la derrota ayer del Barakaldo, está a seis. Qué bonito paraje. Todo es felicidad. No se veía una situación así desde la temporada de Paco Fernández, la del último ascenso. El Racing ya no sólo es líder, sino que tiene un amplio margen de error que quiere incrementar aún más.

Siempre ha dicho Ania que no es amigo de tocar mucho lo que funciona y su equipo había funcionado en Irún, por lo que tocó lo justo para hacer frente a un partido de los complicados. Incluso mantuvo a Castañeda como central y a Puras como lateral izquierdo. Sólo hizo lo esperado, que fue devolver a Óscar Gil y a Enzo al equipo. Y ambos estuvieron bien. El primero fue una roca y el segundo, aunque por momentos se desesperó por las continuas faltas que recibió, no dejó de intentarlo desde su banda izquierda, que es donde se ha instalado desde que Cejudo es un habitual. Fue este último quien entró en acción mucho menos de lo esperado, lo que los suyos echaron de menos a la hora de acabar las jugadas. Porque al Racing le costó acabarlas. Tuvo más el balón, pero remató poco. Quizá la explicación hay que encontrarla en la apuesta por jugar sin un delantero referencia, ya que el entrenador insistió en César Díaz, que da mucho pero que, por esa traviesa movilidad que tiene que saca de quicio a cualquier retaguardia, a menudo no está donde ha de estar un ‘nueve’.

No le resultó sencillo al conjunto cántabro hacerse con la manija del encuentro porque fue verdad que el Bilbao Athletic llegó a Los Campos de Sport a jugar de tú a tú al líder. Dejó bien claro que va a ser un rival de los directos por mucho que una temprana mala racha de la que a buen seguro no se librará nadie le hiciera llegar a Santander fuera de los cuatro primeros puestos. De hecho, los de Gaizka Garitano consi- guieron lo que apenas había conseguido el Betis, que fue hacerse con el control del balón ante un Racing al que ayer apenas se le vio cómo- do sobre el terreno de juego. No disfrutó tanto del partido y apenas hubo sonrisas, sino mucho trabajo para sacar adelante una empresa que se puso cuesta arriba. No fue el mejor partido del Racing y el Bilbao Athletic tampoco fue el rival más fácil que se ha encontrado hasta la fecha. Probablemente, fue el mejor que ha pasado por El Sardinero este año, lo que se vio expuesto en un inicio de contienda que fue un continuo tira y afloja en el que nadie quería ceder sus posiciones. Resultó una interesante pugna táctica que hizo que el balón estuviera, de partida, mucho más tiempo en campo cántabro que en vasco. A los de Ania apenas les duraba la posesión, les costó iniciar el juego y llevar la pelota a sus hombres de banda. Cayeron en pérdidas peligrosas y, por momentos, se hicieron demasiado largos dando lugar a una situación de partido más propia del minuto 84 que del doce. Aquello parecía una ruleta rusa.

La presión adelantada y atrevida de los que ayer vestían de azul les dio sus frutos y provocó algunas pérdidas que generaron cierta incertidumbre en un Racing que no parecía tener muy claro cómo meter mano a su rival. No lo tuvo en casi ningún momento del partido porque, a pesar de que siempre transmitió la sensación de ser mejor y quererlo más, no le terminaban de salir las cosas en las inmediaciones del área rival. Tanto es así, que, al final, incluso tuvo que ser su lateral derecho quien liderara la remontada primero con un gol y después con una perfecta asistencia a Sergio Ruiz cuando sólo quedaban siete minutos para el final.

Lo bueno fue que el Bilbao Athletic tampoco tuvo su mejor tarde en ataque. Si el entrenador del Racing temía la anarquía de Iñigo Vicente, ayer se pudo ir satisfecho porque a éste le costó entrar en juego. Sí marcó Villalibre, pero lo hizo gracias a un desajuste defensivo del que sacó máximo partido el bando bilbaí- no. Así se suelen desequilibrar los encuentros igualados, que es lo que estaba siendo el de ayer en un primer tiempo impredecible. El segundo ya fue diferente. Ahí cambió la historia. El conjunto cántabro se fue arriba con más decisión, empató, adelantó líneas y se cubrió la cabeza con la manta dejando descubiertos lo pies, lo que dibujó una cierta y cons- tante incertidumbre por mucho que el dominio pareciera claro. De hecho, el cariz que iba tomando la contienda, con algunas carreras vizcaínas al espacio que daban cierta sensación de descontrol, casi invitaba a refugiarse en la necesidad de no perder cuando no se puede ganar.

La buena primera mitad del Bilbao Athletic encontró la mejor recompensa posible. Es cierto que su aparente dominio territorial tampoco se traducía en peligro, pero aprovechó la puerta que le abrió el Racing para cogerle descolocado y marcar al contragol- pe. Los hombres de Garitano vieron que Puras se había sumado al ataque para, en cuanto recuperaron, buscar su posición. Y por allí estaba Larrazabal, un peligro constante al que no fueron capaces de frenar De Vicente y Castañeda, que fueron a hacerle la cobertura al lateral. Así, el extremo diestro rojiblanco ganó línea de fondo y le regaló un gol a Villalibre, que sólo tuvo que empujar en el segundo palo. Se dibujó entonces un panorama desconocido aún en Los Campos de Sport, que todavía no había visto a su equipo ir perdiendo esta temporada. Sólo en el partido contra el Betis, pero aquello fue otra historia.

El estadio reaccionó primero con un corto silencio y después con una arenga generalizada que entendió que estaba ante un partido que se podía convertir en una prueba de fuego. Pocos podían argumentar que ese 0-1 momentáneo fuera injusto. Sólo quedaba jugar y reaccionar. Al Racing le estaba costando generar fútbol ante un sólido contrincante y tuvo que echar mano de un plan B al que recurrir cuando las cosas no salen. Aquello olía a amor propio porque fue cambiando el partido a base de empuje. El conjunto cántabro tenía el depósito de gasolina mucho más lleno y maduró tanto la historia que, cuando ésta llegó a la recta final y los jóvenes ‘cachorros’ vizcaínos comenzaron a sufrir el cansancio acumulado, la balanza se inclinó definitivamente.

El equipo de Ania encontró pro- blemas por dentro y sabía que el camino estaba por fuera, en buscar a Enzo y Nico Hidalgo con ayuda de los laterales que llegaban por detrás. Y fue así como llegó el empate. Pri- mero fue el extremo derecho quien llegó a línea de fondo y, en vez de poner el balón en la olla, envió atrás, por donde llegaba el incombustible defensor navarro, que remató con una precisión y una intención en el interior del área más propio de un de un delantero que de un defensa. El jugador sabía que iba a ser gol en cuanto la pelota salió de su bota. Lo mejor fue que, 25 minutos más tarde, volvió a ser protagonista principal. Rivero botó un córner en corto que llegó a sus dominios. Él centró de primeras con una precisión tal que llegó a la cabeza de Sergio Ruiz a pesar del maremágnum de personas que había por allí. El astillerense, que después provocaría el penalti que volvió a marcar Rivero de manera magistral, sólo tuvo que picar el cuero.

La paciencia y la insistencia tuvieron su recompensa. Son ingredientes necesarios cuando alguien quiere remontar. Hasta ese tramo final en el que se dio la vuelta a todo, el Racing apenas había probado al portero rival más que con un lanzamiento lejano de Enzo y otro de Sergio. Cerca estuvo César de inquietarle de veras al volear un enorme pase de De Vicente en el primer tiempo, pero se fue alto por poco. También rondó el gol un testarazo de Dani Segovia, recién entrado y que por fin aportó a su equipo presencia en el área, que se marchó fuera por centímetros. Aquello sí que pudo haber sido el 2-1 adelantado en el tiempo.

Además de al espigado ariete ma- drileño, Ania introdujo en el segundo tiempo a Rivero por De Vicente, que tenía una amarilla, y a Cayarga por Nico Hidalgo. Hombre por hombre. Cuando el partido ha sido especialmente exigente, cuando ha habido que trabajarse tanto a un buen rival y cuando, además, el césped se iba poniendo blando por esa fina y constante lluvia que lo hizo todo un poco más épico y norteño, bueno es salir con piernas frescas. Y si de algo puede presumir el Racing es de tener muchas donde elegir.

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